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Numerosos sondeos, tanto de organismos públicos como de privados, dan cuenta de una misma realidad: la sociedad se ha divorciado de la lectura y quienes aún la practican prefieren textos de autoayuda o novela histórica. Esta tendencia, según muchos, se expresa con claridad en los jóvenes y los adolescentes, para quienes los libros han pasado a ser piezas de museo. Además, al problema de la no lectura se suma uno mayor, el de la comprensión y la producción de textos.

Desde el campo de la comunicación y del periodismo, cuya mirada entiende a la lectura y a la escritura como parte del proceso de construcción de sentidos y de interpelación para la comprensión y transformación de la realidad, se creó este Centro de Investigación en Lectura y Escritura (CILE) para profundizar en dichos debates y trabajar sobre la temática tomando la relación lectura-escritura, la influencia de las TIC’S sobre ella, la cuestión del soporte digital vs el soporte papel, los nuevos lenguajes, la dicotomía literatura-periodismo, entre otros. Teniendo en cuenta las posturas desarrolladas por diversas disciplinas dentro de las ciencias sociales, el centro contribuirá a desarrollar, en todos los casos, un panorama acerca de la temática brindando información específica, sistemática y crítica, desde la perspectiva comunicacional, comprendiendo el proceso de la lectura como la construcción de la realidad y del sentido de una época determinada.

Asimismo, el CILE es una herramienta de análisis y seguimiento de la evolución de los hábitos de lectura y escritura, que continúa la línea de trabajo de las cátedras Taller de Comprensión y Producción de Textos I y II de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP). Porque en una etapa del debate académico en el que la Comunicación Social como espacio de formación profesional, campo laboral y renglón científico está analizando, reconociendo, fijando y reclamando zonas propias, la escritura y un propio abordaje de la lectura son, sin duda, un territorio en el que la bandera de nuestra disciplina es imprescindible: el territorio de las palabras.

 

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