Sin Néstor

Por Claudio Gómez
Néstor Carlos Kirchner (1950-2010)

Partió como parten los mortales. Se fue en la mañana y en su tierra, acaso los brazos de su compañera hayan sido el último regazo. Era, finalmente, mortal. Su impronta, su tesón, su coraje no se agota en un hombre y en un nombre y jamás se apagará entre los que aprendimos su mensaje.

Mensaje de esperanza, de seguir, de compartir con otros. Memoria triste de sintonía triste de un tiempo cercano en el que nos habíamos desvanecido en nuestro propio devenir. Formas de la historia. Le puso contenido a esa otra vida que está más allá de uno y que rumbea fuerte hacia el reconocimiento de los otros.

Los caminos del río imposible. Recorrió con hidalguía sus convicciones y nos invitó a creer en la manera del propósito, con expresiones cargadas de sentido. Era el héroe de la jornada y así sus amigos y enemigos lo reconocieron.

Tantos años esperando a ese hombre que llegara a las trompadas del viento, para ubicar el barco, por fin, con algún rumbo. Deja un modelo, el mismo que dejaron otros pocos. Supo de política y su discusión fue  siempre en ese plano. Recuperó la Historia que no estaba muerta. Y la Historia lo envolvió en el saco, cruzado, porque lo suyo era una cruzada.

¡Qué bello llorar a un hombre al que jamás hemos visto! Como se llora ante las flores que son un regalo, un reconocimiento u otra singular lágrima. Como se reza de rodillas ante un Dios que responde de formas originales. Como se vuelve del desierto, en silencio y con la cabeza gacha.

Pasos de gigante, para recorrer el pasado, asirlo y vengarlo; voz estruendosa para desafiar a los monstruos injustos. Manos para abrazar la causa de la justicia, la verdad y la memoria.

¿A qué cosas puede aspirar un hombre? Quizás a la lucha, a la cotidiana. Y él también consiguió la póstuma. Les devolvió el corazón vengador a los anónimos cansados. Como con Espartaco, todos somos Néstor cuando el poder ignominioso pregunte por él.

Era posible y falta. El horizonte está lejos, pero más cerca. Llueven las palabras. Se irán mañana o pasado o en estos días. Nos queda el calor de la bravura y la estela del respeto. Subirnos a esa cola de barrilete que pretende el cielo y que tiene la punta del ovillo aquí en la Patria.

Acompañar su talla, talla de destino irrevocable. Propiciar la justa para otras batallas, ajustar la espada dialéctica para dar la discusión por los que menos tienen. Entre el viento del sur se arremolina la mata y más al centro, las columnas de jóvenes son un adjetivo. Militante. Al norte, los pedazos de pobreza, como con aquella, no se resignan. Nos enseñó a vibrar. Decidió morir en su lucha. El lecho de reposo no le caía bien. La justicia no admite reposo y su carácter tampoco lo toleraba.

Por Claudio Gómez (Ex vicedecano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP).