A medida que pasan las horas, el último y más importante acontecer en el país va conmoviendo mi ánimo cargándolo de energía y satisfacción.
Y son muchos los motivos más allá de los hechos en sí, porque YPF, la soberanía energética, una deuda tan ansiada, es liquidada hoy por alguien que es y sigue siendo estrechamente nuestra, no solo nuestra presidenta, sino nuestra compañera, nuestra militante, parte de nuestra propia historia.
Esto también tiene relación con la salud, y con comunicación y salud, porque lo que comunican los hechos es siempre más fuerte que las palabras y estos hechos están comunicando que está siendo modelado un país que nos contiene, que nos cobija que nos permite pensar un futuro. La salud entendida como plantea Vasco Uribe (1987) como “el producto de un entramado de situaciones en el contexto de una Historia”.
Y esa historia durante los años 90 fue otra historia, y se puso en evidencia en la salud de los Argentinos, con el aumento de consultas de manera exponencial por casos de depresión y otras enfermedades, que nos demuestra que más que nada era la incertidumbre la que generaba ese sentimiento de vulnerabilidad que afectó la salud de gran parte de la población.
Algunas investigaciones han comprobado que el sentir que se tiene horizonte previsible, el orgullo por pertenecer, el ser parte de un colectivo que nos realiza en conjunto, nos otorga más salud porque genera factores protectores y de resiliencia.
La resiliencia (término que deviene de la metalurgia y que significa la capacidad de algunos metales de volver a su condición natural después de ser golpeados) permite no solo a las personas adquirir y desarrollar esas condiciones que nos protege, sino esencialmente fortalecer a los grupos y comunidades, lo que les posibilita afrontar cualquier adversidad futura.
En definitiva estar sano, es tener capacidad de lucha es poder intervenir en las propias vidas y destino, es poder ir delineando el propio porvenir soñado.
En una oportunidad dijo Cristina que se iniciaba un ciclo histórico y excepcional para los pueblos latinoamericanos, donde por primera vez los presidentes se parecían a sus pueblos y hoy siento que nuestra devolución debe ser ahora como pueblo, comenzar a parecernos a nuestra presidenta, en su valentía y decisión, en su capacidad de trabajo, en su entrega y en su empeño por remediar, porque la buena salud es afrontar y el buen gobierno no es el que no tiene obstáculos o problemas sino el que los afronta con decisión política.


