
El Director de Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, reflexiona acerca del rol de control y disciplinamiento de la policía en relación a los jóvenes y la mirada arbitraria de los medios de comunicación acerca del delito.
OJMC: ¿Cómo podemos pensar la compleja trama entre los medios de comunicación, los jóvenes y la policía en el contexto actual?
J.J.: En el contexto actual podríamos establecer una línea de conexión entre estos tres actores. En cuanto a los medios de comunicación no es nuevo que la seguridad es una temática central en sus titulares. Hay un estudio de Germán Rey sobre doce países de América Latina en el que la Argentina ocupa el primer lugar en que las noticias policiales y las crónicas rojas ocupan los primeros lugares en los medios en cifras similares a las de San Pablo y Medellín. Tuve la posibilidad de ir a Medellín y nuestra citación no es comparable a la violencia que se vive allí. Por otra parte, los entendidos en materia de delito dicen que las cifras oficiales han bajado en determinados casos pero las crónicas de los medios de comunicación no dicen lo mismo. La repetición de noticias hace que la frecuencia del delito sea mayor. En su mayoría las personas se enteran de los hechos delictivos a través de los medios de comunicación y, ¿quiénes son las fuentes de los medios? La policía y las victimas directas con la carga que implica. Si un medio accede como fuente a una mujer embarazada y con un hijo de dos años a la que le mataron a su marido, es lógico que su respuesta sea “hay que matarlos a todos”. Los medios como formadores de opinión pública y constructores de tópicos de lectura, hacen que la sociedad se quede con la sensación que el problema es la delincuencia y la violencia. Es lo que la antropóloga mexicana, Rossana Reguillo, describe como apropiación autoritaria del miedo, en tanto que son los medios los que nos dicen a que temer. De esta forma, se construye un enemigo visible, y si ese enemigo aparece en los medios como un pibe, chorro, con determinadas características sociales, ese enemigo pasa a tener ciertas características visibles. De ahí devienen las demandas de la sociedad pidiendo más penas y el oportunismos políticos de algunos gobernantes tratando de instalar penas más duras así obtener más votos. Todos los entendidos argumentan que con leyes más duras no se baja el delito porque hay un registro histórico que así lo demuestra.
OJMC: ¿A qué atribuye que existan unas violencias ejercidas por los aparatos represivos del Estado que son legitimadas por algunos sectores sociales?
J.J.: Hay algunos sectores que son los que tienen el poder de ser visibles en los medios de comunicación y que justamente son los que legitiman estas prácticas. Lo que nos debemos preguntar es, ¿por qué existen estas violencias ejercidas por los aparatos represivos del Estado? Porque esta es nuestra historia de nuestra policía pensando siempre en el control social y político más que en ayuda a la comunidad. La policía siempre ha estado al servicio de los golpes de estado, de cometer delitos para los gobernantes de turno para el disciplinamiento y control social.
OJMC: ¿Cómo podemos pensar el caso de Rubén Carballo en relación a la represión policial que hubo en el recital de Viejas Locas en relación a estos sectores sociales que legitiman la represión reproduciendo el discurso nefasto del “algo habrá hecho”?
J.J.: Si algo hubiera hecho, como se decía con Miguel, yo reflexiono, ¿hay que matarlo, hay que someterlo al gatillo fácil? A veces terminamos en esa discusión y en verdad no hay nada que pueda legitimar un caso de gatillo fácil. También vemos a menudo familiares de las victimas diciendo “mi hijo era buen alumno y trabajador”. ¿Y si no fuera buen alumno y trabajador hay que matarlo?
Lo que pasó con Rubén no es nuevo en cuanto al intento de instalar el miedo en los jóvenes. A lo largo de la historia lo que ha instalado la policía en los jóvenes es justamente el miedo y no seguridad. Y esto se lo hagan ganado a fuerza de palos y malos tratos hacia la juventud. Muy a menudo pasa esto con la policía en los recitales de rock que quiere controlar socialmente a estos chicos para limitar que se puedan manifestar y desarrollar libremente su identidad, en tanto que de algún modo, esta expresión de rebeldía pone en tela de juicio lo que está pasando en la sociedad. Los jóvenes en ese sentido piden explicaciones y respuestas constantemente. Y es realmente atroz la respuesta de la policía. La policía tendría que estar para cuidar a los jóvenes. Sin embargo, hay un estigma sobre la juventud que viene desde la dictadura en esta cuestión que hoy también se legitima de que “en algo andarán los jóvenes”. En todos los espacios en que la juventud se agrupa, suele haber represión policial. Esto ya nos pasaba con las marchas que hacíamos por Miguel que en su mayoría éramos jóvenes y casi siempre había incidentes promovidos por una actitud provocativa por la policía.
Bajo un discurso que pone a los jóvenes como la población vulnerable a la que hay que cuidar, la policía los está poniendo en peligro en esta intención de controlarlos y disciplinarlos. En los medios, los jóvenes son victimas o victimarios, difícilmente puedan ocupar otros lugares en esos relatos.
OJMC: ¿Cual sería la situación actual con respecto a los jóvenes en relación a sus derechos y garantías?
J.J.: Por más que las declaraciones constitucionales digan que los derechos humanos son para todas las personas, lamentablemente hay un gran sector social que están afuera de la redistribución de la riqueza y que no pueden acceder por generaciones enteras a la salud, la educación y el trabajo. Cuando trabajábamos con un grupo de jóvenes en la Isla Maciel con la Asociación Miguel Bru, teníamos un dicho que decía: “Sos pobre, vas preso, estás frito”. Ocho de cada diez presos son pobres. Son los sectores más empobrecidos los que hoy en día están poblando las cárceles y los que no tienen dinero para pagar una buena defensa y caen en defensorías oficiales que no tienen tiempo para atender sus causas. No tienen ni el derecho a la defensa. Hay una relación directa entre la pobreza estructural y el cumplimiento legítimo de los derechos humanos. Hay muchas situaciones de violencia que se podrían ahorrar si habría igualdad en el acceso a la vivienda digna, a la educación, al trabajo. Es ahí donde hay que poner el foco sobre todo para sacar a los chicos del flagelo del paco, allí donde arrasa la exclusión social. El cumplimiento real y efectivo de los derechos humanos es una decisión política para que todos tengamos acceso a nuestros derechos, no sólo los que forman parte de un estrato social determinado.