Hace cuarenta años Rodolfo Walsh (R. Walsh. Febrero, 1970), señalaba que “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores”. Y cuarenta años después, parece no haber sucedido nada. Parece no haberse derramado sangre, parece no haber costado vidas las conquistas logradas. Un país que parece no aprender de su historia, que se resiste al cambio profundo y que camina sobre sus pasos sobre como si el camino de su futuro estuviese trazado sobre una cinta de moebius.
Por Karina E. Vitaller