Skip to Content

Surgimiento e historia del fútbol en Paraguay

Enviado en
Por Machado, Emmanuel
Legajo Nº 11964/2

Comisión Nº 4

La llegada del fútbol al Paraguay se dio en forma algo tardía con respecto a sus países vecinos. Algunas versiones señalan que el primer partido formal se jugó en 1886, que los protagonistas fueron obreros ingleses del ferrocarril, y que la primera pelota (una “Mac Gregor” auténtica) fue comprada en Buenos Aires. Pero si hay alguien que pueda ser considerado como “el padre del fútbol paraguayo”, ese es el holandés Don William Paats.

En un principio, el fútbol era jugado sólo por las clases aristocráticas. Sin embargo, en poco tiempo fue expandiéndose hacia la periferia de las grandes ciudades, y gracias al ferrocarril, rápidamente llegó a los pueblos más distantes, contagiando a las masas populares. Esto implicó un marcado cambio en el origen de los jugadores, que antes provenían exclusivamente de los colegios e instituciones aristocráticas, y luego pasaron a ser en su mayoría originarios del campo.
En 1906 se fundó la Liga Paraguaya de Football Association -cuyo primer presidente fue un periodista llamado Adolfo Riquelme- y se inauguraron los campeonatos. El primer partido lo protagonizaron dos equipos que se volverían históricos rivales: Guaraní y Olimpia. El primero acabaría quedándose con aquel torneo. Más tarde sería Cerro Porteño el que se convertiría en el acérrimo rival de Olimpia, el más popular de los clubes del fútbol paraguayo y el más ganador de la historia, con 38 títulos.
El primer seleccionado nacional fue conformado en 1910, y disputó su primer encuentro en la ciudad de Corrientes, Argentina, contra el club Hércules de aquella ciudad. Los paraguayos fueron muy bien recibidos por los locales, y para mantener los buenos términos, el match acabó 0 a 0.
El año 1921 fue trascendental: Se adoptó la casaca oficial, blanca y roja a rayas verticales; la Liga Paraguaya se afilió a la FIFA; se ingresó en la etapa de los contratos internacionales; y se logró la inscripción para el Campeonato Sudamericano de Buenos Aires, competencia que venía desarrollándose desde 1916 entre argentinos, brasileros, uruguayos y chilenos.
En vistas de lo que se venía, Paraguay afrontó sus primeros encuentros amistosos con otras selecciones, enfrentando a la Argentina en 6 ocasiones, y consagrando a Casado, Mena Porta y Ávila como los primeros goleadores internacionales.
La cancha del Sportivo Barracas fue el escenario de aquel Sudamericano de 1921. Los paraguayos, cuyo mejor jugador era un niño de 16 años llamado Gerardo Rivas[1], llegaron en barco. Su técnico, el argentino José Durand Laguna, era objeto de “cargadas” por parte de sus compatriotas dada la inexperiencia de su equipo. Sin embargo, en su debut y ante 35.000 personas, vencieron nada más y nada menos que a los tricampeones uruguayos. De todas maneras, el campeonato quedó en manos de los locales.
Para aquellos años, y en una situación que no cambiaría demasiado a lo largo de la historia, la organización de la Liga y de los clubes se encontraba en condiciones paupérrimas. En este contexto emergió la figura de un apasionado de este deporte como fue el Dr. Enrique Pinho, quién hizo todo lo posible por el crecimiento y desarrollo del fútbol paraguayo, pese a la enorme cantidad de trabas y complicaciones políticas y administrativas que se le fueron oponiendo.
Luego de una desastrosa campaña en la Copa América de Chile 1926, la Liga optó por abandonar la participación internacional. Su retorno a este plano se dio en el certamen de 1929 disputado en Argentina, donde Paraguay obtuvo un histórico subcampeonato y Aurelio González[2] se consagró goleador.
Esto le valió la invitación al primer Campeonato Mundial celebrado en Uruguay en 1930. En su debut mundialista, la Albirroja perdió 3 a 0 frente a un Estados Unidos plagado de ingleses y escoceses naturalizados, y luego venció 1 a 0 a Bélgica con gol de Luis Vargas Peña.
Durante los primeros años de la década del ‘30, en tiempos de la contienda bélica mantenida con Bolivia, comenzó a destacarse en Nacional un joven que no tardaría en emigrar para convertirse en el máximo artillero de la historia del fútbol argentino: Arsenio Erico.
Sin embargo, el fútbol guaraní entraría en una oscura etapa de más de 20 años en los cuales no se destacaría más que por polémicas, desorganizaciones y peleas internas entre jugadores y dirigentes que lo llevarían a una anarquía total. El clima político que vivía la nación tampoco ayudaría mucho. A fines de los años ‘30, Jacinto “Hincho” Villalba, uno de los caudillos albirrojos de aquellos tiempos conocido tanto por su habilidad dentro del campo de juego como por lo desmedido de su comportamiento, fue trasladado a la Marina y su cabeza fue afeitada como castigo por sus “actividades de tipo comunista”. Casi una década más tarde se supo también que los estadios de la Liga y el Atlético Corrales habían sido utilizados como campos de concentración. En este contexto, los subcampeonatos logrados en la Copa América Ecuador 1947 y Brasil 1949, representaron verdaderas hazañas que tuvieron como consecuencia la inevitable “subasta” del plantel que acabó desparramando a sus figuras por todo el mundo.
Y finalmente llegó el año 1953, y con él, la hora de la victoria para el sufrido pueblo paraguayo que ganó en Lima su primera Copa América, y lo hizo de manera invicta y derrotando a Brasil en dos oportunidades. Entre los dirigidos por Manuel Fleitas Solich figuraba un wing de Guaraní llamado Pablo León, que quedó en la historia por haber jugado tan solo cinco minutos en toda su vida para la Selección, y haber marcado contra Brasil el gol más importante del fútbol paraguayo.
Paraguay parecía haber alcanzado por fin el mejor momento futbolístico, sin embargo, a la consagración del ‘53 le sobrevino un fracaso tras otro, repitiéndose así la parte más negativa de su historia, entrando a partir de 1955 a otras dos décadas de frustraciones a nivel internacional.
Pero una vez más, la Albirroja emergió de la crisis y volvió a alcanzar la cima del fútbol sudamericano, coronándose campeona en la Copa América 1979. Para aquel entonces, la Conmebol había modificado el antiguo formato del torneo en una sede única por el sistema de partidos a ida y vuelta.
En el seleccionado de Ranulfo Miranda llegó a haber 8 jugadores de Olimpia, que acababa de ganar la primer Copa Libertadores para su país. Pero las fuertes diferencias entre ellos y el resto del plantel no tardaron en hacerse públicas. Esto, sumado a la sublevación general en reclamo de una mayor remuneración, puso en riesgo la obtención del campeonato. Pese a todo, y gracias a la diferencia de gol conseguida en Asunción, la consagración llegó tras igualar 0 a 0 el partido desempate de la serie final ante Chile, en la cancha neutral de Vélez Sarsfield. Este certamen determinó la aparición del nuevo “as” del fútbol paraguayo: Julio César Romero.
“Romerito” sería el líder de uno de los mejores seleccionados paraguayos de la historia: el del Mundial de México 1986.
Aquel Mundial comenzó para Paraguay con victoria ante Iraq, y empates frente a México y Bélgica en la primera fase. Luego, en la segunda ronda, cayó derrotado ante Inglaterra. En aquel conjunto se destacaban también Roberto Cabañas, Adolfino Cañete, Rogelio Delgado y Roberto “Gato” Fernández, uno de los más grandes arqueros que ha dado el fútbol guaraní.
Pero si de arqueros se trata, párrafo aparte merece el capitán y emblema de la selección paraguaya y del Vélez argentino de los años ’90, el hombre que revolucionó el puesto del guardameta: José Luis Félix Chilavert González.
Dueño de una pegada envidiable[3] y una lengua filosa, Chilavert fue, es y será un constante generador de polémicas. Lo cierto es que la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) lo ha calificado como el quinto mejor arquero de la historia del fútbol mundial.
Así y todo, pese al gran momento de Chilavert, por aquellos años cobró fuerza en el Paraguay un debate que se mantiene hasta nuestros días: la discusión acerca de si el técnico del seleccionado debía o no ser extranjero. En este sentido, comenzó un interminable desfile de entrenadores que dejó como saldo una selección completamente a la deriva, hasta la llegada del brasileño Paulo César Carpegiani, con quien se llegó al Mundial de Francia 1998 en el segundo lugar de la clasificación continental.
Allí la Albirroja compartió el grupo D con Nigeria, España y Bulgaria, y en octavos de final perdió 1 a 0 ante Francia, quien acabaría quedándose con la copa. A Chilavert le convirtieron sólo dos goles, pero el segundo de ellos, el anotado por el francés Laurent Blanc, ha quedado en la historia por haber sido el primer “gol de oro” de los Mundiales.
El siguiente en ocupar el banco albirrojo fue Ever Hugo Almeida, destacado entrenador a nivel clubes, pero de polémico y fugaz paso por el equipo nacional. Una temprana eliminación en la Copa América de Paraguay 1999 le puso fin a su ciclo y llegó el turno del uruguayo Sergio Markarián.
Con Markarián, Paraguay obtuvo el cuarto lugar de la clasificación para la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002, pero en la última fecha de aquellas eliminatorias, tras una derrota por 4 a 0 ante Colombia en el mismísimo Defensores del Chaco, la para entonces rebautizada Asociación Paraguaya de Fútbol lo destituyó de su cargo y contrató al legendario entrenador italiano Cesare Maldini para que dirija al equipo en el Mundial que se avecinaba. En esta oportunidad, Paraguay también fue eliminado en octavos de final, ahora a manos de Alemania. Ese mismo año, el Olimpia que dirigía el argentino Nery Pumpido consiguió su tercer Copa Libertadores, que fue la tercera también para el Paraguay.
Luego de la experiencia asiática, y ya sin Chilavert, la APF designó como nuevo seleccionador nacional a otro uruguayo: Aníbal “Maño” Ruiz. De su mano, los guaraníes llegaron a Alemania 2006 con grandes esperanzas puestas sobre todo en su nueva figura: Roque Santa Cruz[4] . Sin embargo, la suerte no estuvo de su lado y el equipo no logró superar el grupo B que compartía con Inglaterra, Suecia y Trinidad y Tobago. Esta decepción puso fin a la carrera internacional de los dos jugadores que más veces defendieron los colores de su país: Carlos Gamarra[5] y Roberto “Toro” Acuña.
El sucesor de Ruiz es el actual entrenador de la Selección, el argentino Gerardo “Tata” Martino. Bajo su conducción, el conjunto paraguayo está llevando adelante una gran campaña, ubicándose en el tercer puesto de la clasificación sudamericana para el Mundial de Sudáfrica 2010.
En conclusión, a lo largo de su historia el fútbol paraguayo se ha mantenido siempre fiel a un mismo estilo, caracterizado por un juego aguerrido y combativo, por goleadores potentes y marcadores centrales de excelente cabezazo, pero por sobre todas las cosas, lo que caracteriza al jugador paraguayo es el amor a su país y a su selección.
 
           

JUEGOS OLÍMPICOS
El fútbol paraguayo tuvo su representación dentro del marco de los JJOO tan sólo en dos oportunidades. En la primera, en Barcelona ’92, alcanzó los cuartos de final. En la segunda, bajo la dirección técnica de Carlos Jara Saguier, obtuvo una histórica medalla plateada tras caer en la final ante la Argentina, en Atenas 2004. Entre los artífices de aquel logro se destacaron José Saturnino Cardozo, Freddy Bareiro y Carlos Gamarra.
  
FÚTBOL JUVENIL
Los mayores logros alcanzados por los seleccionados juveniles guaraníes han sido las conquistas de los campeonatos Sudamericanos Sub-20 en 1971, y Sub-15 en 2004. En 1999 consiguió el subcampeonato en el Sudamericano Sub-17, y en los años 1964, 1967, 1985 y 2009, fue subcampeón continental en la categoría Sub-20.   
 

[1] Se cuenta que al llegar a la cancha del Sportivo Barracas, un gendarme lo detuvo en la puerta prohibiéndole la entrada mediante un despectivo “Salí de acá, pibe”, debiendo intervenir su compañero de equipo, Fleitas Solich, al grito de “¡Ese ‘pibe’ es nuestro mejor jugador!”. Minutos más tarde, el mismo Rivas se encargaría de certificarlo en la cancha, anotando un gran gol ante Uruguay, que provocó la invasión de la cancha por parte del entusiasmado público argentino que alzó en andas al joven paraguayo, haciendo que el partido se suspendiera por 15 minutos hasta recomponer el orden.
[2] Siendo un adolescente, Aurelio González tuvo su debut de fuego en la Selección durante la Copa América Uruguay 1924, obteniendo el tercer puesto. Con el tiempo se convertiría en “el Gran Capitán” guaraní, y uno de los más grandes goleadores del fútbol paraguayo.
[3] Con sus 62 goles en 737 partidos, Chilavert mantuvo por años el récord de goles marcados por un arquero, siendo superado recién en 2006 por el brasileño Rogério Ceni.
[4] Santa Cruz es actualmente el jugador más popular de su país, y uno de los dos máximos anotadores históricos de la selección nacional junto a José Saturnino Cardozo. Desde su debut internacional a los 17 años, se ha mostrado como un delantero completo, convirtiéndose en la gran esperanza de su país.
[5] El “Colorado”, con sus 110 partidos como internacional entre 1993 y 2006, es el jugador que más veces ha vestido la casaca albirroja y uno de los mejores defensores de toda la historia del fútbol paraguayo.

 

BIBLIOGRAFÍA

Internet: 

 

Quién está en línea

Actualmente hay 0 usuarios y 3 invitados en línea.