EL DISCURSO POLÍTICO Y LA LEGITIMACIÓN (1)

 

 

 

Franco Delle Donne

Universidad Nacional de La Matanza Argentina

francodelledonne@yahoo.com.ar

 

 

Resumen

Este trabajo propone como objeto de estudio al discurso político en función de su importancia dentro de la comunicación política actual. A fin de abordar dicho objeto, se estudia el caso de la gestión de Martín Sabbatella en la intendencia de Morón, que por intermedio de la comunicación gubernamental procuró sostener la legitimidad durante primer período de gobierno.

Esa administración enfrentó varios obstáculos, entre ellos la estrepitosa caída de la coalición política bajo la cual Sabbatella había llegado a la intendencia. Este estudio, que aplica el análisis de discurso político como metodología de investigación, pretende analizar la función del boletín “El Municipio de Morón” en su rol de productor y reproductor de legitimidad. El discurso que se manifiesta en la mencionada publicación sirve de caso representativo para comenzar a comprender la importancia de la comunicación gubernamental en la configuración política de cualquier nivel de gobierno.

 

Palabras Clave: Discurso político – Legitimidad – Comunicación gubernamental – Análisis del discurso político

 

 

Introducción

El análisis del discurso político es una herramienta fundamental para comprender las dinámicas políticas que se manifiestan en los regímenes democráticos occidentales. Este artículo propone como objeto de estudio al discurso político en función de su importancia dentro de la comunicación política actual. Como resultado de un conjunto de factores que ponen en relieve la fragilidad institucional de los gobiernos, la legitimidad de estos últimos se encuentra en peligro, y no solo debe ser producida sino que debe ser reforzada y sostenida casi permanentemente. Por ello, la forma de comunicar se convierte en un aspecto significativo de la agenda de una gestión, donde la comunicación gubernamental tiene como objetivo final lograr la producción y reproducción de la legitimidad.

El presente trabajo se ocupará de estudiar el caso de la gestión de Martín Sabbatella en la intendencia de Morón, que por intermedio de la comunicación gubernamental procuró sostener la legitimidad durante el primer período de gobierno. Esa administración enfrentó varios obstáculos, entre ellos la estrepitosa caída de la coalición política bajo la cual Sabbatella había llegado a la intendencia; a lo que se sumó una de las crisis más profundas de la historia de la República Argentina.

Luego de cuatro años de gestión, la intendencia de Sabbatella no solo consiguió sobrepasar la crisis institucional del partido al que pertenecía, sino que logró obtener la reelección en 2003 relegando al partido justicialista, que contaba con el apoyo del entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner.

Esta gestión implementó una política de comunicación gubernamental desde su asunción en diciembre de 1999, en la cual se puso de manifiesto un discurso político que debió adaptarse a las contingencias políticas, sociales y económicas sucedidas en los primeros cuatro años de gobierno.

En este contexto se ha publicado desde febrero de 2000 un boletín mensual que llega a cada casa de dicho partido bonaerense.

Este estudio, que aplica el análisis de discurso político como metodología de investigación, pretende analizar la función del boletín “El Municipio de Morón” en su rol de productor y reproductor de legitimidad. El discurso que se manifiesta en la mencionada publicación sirve de caso representativo para comenzar a comprender la importancia de la comunicación gubernamental en la configuración política actual de cualquier nivel de gobierno.

Para la realización del análisis se tomaron tres momentos socio-históricos de gran relevancia acaecidos durante el período de gobierno que va desde diciembre de 1999 a diciembre de 2003. El corpus utilizado fue la columna firmada por el intendente dentro del boletín mensual descrito previamente.

En el primer momento socio-histórico seleccionado, se profundiza la formación del discurso del intendente durante su primer año de gobierno, desde febrero de 2000 a enero de 2001. En este período el contexto estaba conformado por una sociedad que comenzaba a descreer del sistema de representación política, a lo cual se sumaba una progresiva declinación del rol de los partidos políticos y un rápido ascenso de los liderazgos políticos personalistas.

El segundo momento socio-histórico corresponde al semestre posterior al estallido social de diciembre de 2001. Cobra importancia la reformulación del discurso político de Sabbatella en un marco de crisis de representación y rechazo hacia la clase dirigente por parte de la sociedad en general. Así, a partir de la ruptura de la Alianza, coalición mediante la cual había asumido dos años atrás, el discurso político del intendente debió no solo sostener a las instituciones, sino que se vio obligado a hacer frente a una grave crisis económica y a las demandas sociales crecientes de una población empobrecida.

Finalmente, el tercer momento socio-histórico corresponde a los seis meses previos a las elecciones de septiembre de 2003, donde se elegirían a las nuevas autoridades locales. Más precisamente, el segmento coincide con la campaña electoral que se inicia luego de la elección presidencial, celebrada en abril de 2003. El discurso político de Sabbatella durante ese semestre estuvo forzado a desplegar una campaña capaz de obtener la reelección enfrentando nada menos que al partido Justicialista.

La primera parte de este artículo se ocupa de especificar los materiales de investigación y la metodología utilizada. Luego se profundiza en los conceptos de legitimación y discurso político, entendido como toda producción proveniente desde las instituciones del Estado. Y posteriormente se despliega el análisis del discurso político del intendente Sabbatella con respecto a la instalación de los temas de agenda. Ese análisis intenta profundizar sobre la construcción del discurso político en su papel de productor y reproductor de legitimidad, según cada contexto socio-histórico.

Para ello se analiza la utilización de un conjunto de conceptos recurrentes en el discurso político del intendente de Morón. Estamos hablando de tres elementos que a lo largo de la gestión de Sabbatella se convirtieron en los pilares de su comunicación gubernamental: la transparencia, la austeridad y la eficiencia.

Con el fin de comprender las funciones del discurso político, el artículo observa y describe la forma en que ese discurso, propio de la comunicación gubernamental de la intendencia, colabora con la legitimación de la misma instalando una agenda de temas.

 

El corpus de investigación

Con el objetivo de identificar y estudiar la forma y las funciones del discurso político del intendente de Morón, se realizó un análisis de 24 boletines municipales de edición mensual cuya autoría corresponde a la intendencia de dicho partido bonaerense.

El conjunto de boletines seleccionado se encuentra dividido en tres subgrupos en función de tres momentos socio-históricos que cruzan el primer gobierno del intendente Martín Sabbatella, desde diciembre de 1999 a diciembre de 2003. La división en tres momentos socio-históricos se debe a que la producción y reproducción de legitimidad se encontraba atada a distintos factores sociales, políticos y económicos según cada contexto.

El primer subgrupo, que corresponde al período del primer año de gobierno y que denominamos momento A, está compuesto por doce boletines, y se extiende desde febrero de 2000, mes en que se inicia la publicación, hasta enero de 2001.

El segundo subgrupo, conformado por seis boletines, se relaciona con el período posterior al estallido social de diciembre de 2001, y lo llamamos momento B. Esta muestra comienza en marzo de 2002 y concluye en agosto del mismo año. Resulta necesario explicar la causa de la omisión de dos boletines, el de enero y febrero de 2002, que entrarían dentro de los requisitos de este subgrupo. Por un lado, el boletín del mes de enero de 2002 se editó antes de las jornadas del 19 y 20 de diciembre, razón por la cual resulta excluido de este grupo. Si bien se encontraba dentro de ese contexto de crisis, el boletín no tiene en cuenta el estallido y sus consecuencias. Por otro lado, en el mes de febrero de 2002 no se publicó el boletín.

Finalmente, el tercer subgrupo, que contiene un total de seis boletines, se refiere al período previo a las elecciones para intendente del municipio de septiembre de 2003. Más precisamente, corresponde a los seis meses anteriores, desde abril a septiembre de aquel año, y lo denominamos momento C.

 

El boletín “El Municipio de Morón”

Como ya se mencionó más arriba, el boletín municipal es una publicación mensual que edita la intendencia de Morón y que llega a cada casa del partido bonaerense junto con los impuestos municipales. Cabe destacar que según estudios realizados por el Barómetro de Gestión Municipal, cerca del 80% de la población del municipio de Morón se informa a través del Boletín “El Municipio de Morón” (Barómetro de Gestión Municipal, 2007).

La publicación comenzó a ser distribuida en enero de 2000, cuando la gestión Sabbatella solo llevaba un mes al frente de la intendencia (2), y consiste en una página plegada en tres partes o cuatro partes que posee información sobre obras realizadas o a realizar, actividades planificadas y datos útiles para los vecinos tales como fechas de pago de tasas o teléfonos y vías de contacto con las oficinas públicas.

Cada boletín posee una columna firmada por el intendente Sabbatella que fue variando en extensión y forma a lo largo del tiempo. Su contenido se relaciona a la nota más importante del boletín de ese mes.

 

La metodología

La metodología empleada por este estudio es el análisis del discurso político. Para ello se confeccionó un instrumento de recolección de datos que permitió la identificación, clasificación y el posterior análisis de cada una de las columnas firmadas por el intendente en los boletines que componen el corpus.

En cada columna se identificaron los elementos del discurso político, que serán explicados más abajo (entidades, complementos, y regulaciones), y a partir de ellos se elaboró un conjunto de tablas que contienen el perfil de discurso de cada boletín. Este trabajo se realizó con el fin de identificar los temas que proponía la columna del intendente en cada momento socio-histórico, y analizar su tratamiento en función de la construcción de los distintos destinatarios.

 

La legitimación: el mito de gobierno y el incrementalismo

La construcción de poder político se basa generalmente en la capacidad del que ejerce el poder de generar legitimidad frente a los que obedecen a dicho poder. Este principio sirve de disparador para comenzar a pensar qué hace que la gente obedezca, y más profundamente qué hace que la gente obedezca feliz, o al menos que esté de acuerdo con quien posee el poder.

En este sentido, la legitimidad, entendida como conformidad al ejercicio del poder, es la que motiva la obediencia. Además fundamenta y justifica el mando, sea cual fuere el tipo de régimen y las motivaciones de aquella legitimidad (Mocorrea, 1994: 146).

En un régimen democrático, el gobierno que asume recibe una cuota de legitimidad por parte de la población que se expresa a través del voto en el marco de una elección determinada. Sin embargo, esa base de legitimidad que proviene del mismo régimen democrático, debe ser reforzada por una cuota de consenso. El consenso produce la legitimidad que se pone en juego durante la gestión (Mocorrea, 1994: 151-152).

Felipe Noguera (2003: 85-87) sintetiza lo anterior en el concepto de campaña permanente, y de esta forma lo relaciona con el tema de la comunicación gubernamental. El autor sostiene que el gobierno desde el mismo momento en el que comienza la gestión se encuentra en un estado de campaña permanente, donde cada decisión que tome aumentará o disminuirá la cuota de consenso que otorga la población.

Por lo tanto, los distintos gobiernos, productores de la comunicación gubernamental, comunican sus decisiones, es decir, sus propósitos y sus políticas con el fin de construir el consenso, o bien producir y reproducir la legitimidad (Riorda, 2006: 32-34).

Existen dos elementos vitales que se combinan entre sí para que la comunicación gubernamental genere el consenso buscado: uno es el incrementalismo y otro el mito de gobierno.

El incrementalismo consiste la implementación de una comunicación gubernamental que intente impedir la formación de expectativas imposibles de cumplir, y en consecuencia, graves frustraciones posteriores (Riorda, 2006: 45). Esta clase de comunicación tiene como fin la priorización de los objetivos posibles, en función de los recursos disponibles de una gestión que “no hagan quedar preso al gobierno de objetivos irrealizables y generen intensos procesos de frustración” (Riorda, 2006: 51).

Por otro lado, existe la noción de mito de gobierno, un concepto que da cuenta del proyecto general de la gestión. En otras palabras, los grandes lineamientos de la gestión están representados en el mito de gobierno y a partir de ellos se fundamentan las políticas de la gestión.

Se produce de esta manera una relación de simbiosis entre el mito y el incrementalismo, mientras que el primero propone un rumbo del gobierno que englobe al conjunto de acciones gubernamentales, el segundo brinda dinamismo y flexibilidad a cada política en particular (Riorda, 2006: 61-62).

El discurso político se encuadra dentro de este modelo de comunicación gubernamental que hemos desarrollado, y es su función articular los elementos disponibles para hacer efectiva la producción y reproducción de esa legitimación.

 

El discurso político

Partiremos de la propuesta de Eliseo Verón (1987: 14) que asocia “el concepto de discurso político a la producción discursiva explícitamente articulada a las instituciones del Estado”, es decir, a la comunicación gubernamental. El análisis del discurso político nos permitirá detectar a los protagonistas de dicho discurso y los lugares simbólicos que ellos ocupan.

Verón sostiene que el enunciado del discurso político se confecciona a partir de un conjunto de entidades. Las entidades son conceptos que determinan la relación con los distintos destinatarios, es decir, la construcción que hace el discurso de sus destinatarios (Verón, 1987: 18-19). Las entidades del imaginario político son las siguientes:

Colectivo de identificación: son entidades enumerables que admiten la fragmentación y la cuantificación. Aparecen de manera explícita, muchas veces nombrando al grupo. Está definida por el nosotros inclusivo razón por la cual es el fundamento de la relación que el discurso establece entre el enunciador y el prodestinatario. Por ejemplo: “Nosotros, los socialistas”. El colectivo de identificación es negativo cuando se refiere a los contradestinatarios. Por ejemplo: “Los peronistas dicen que”.

Colectivo ampliado: también son enumerables pero al ser entidades más amplias están dirigidas más precisamente a actores que el enunciador coloca en posición de recepción. A diferencia de la anterior, esta entidad del imaginario político no opera como operador de identificación, razón por lo cual se encuentra asociada a los paradestinatarios. Por ejemplo: “vecinos”, “argentinos”, “ciudadanos”.

Meta-colectivos singulares: no son cuantificables ni susceptibles de ser fragmentados, y son mucho más abarcadores que los colectivos mencionados. Ejemplo: “el país”, “el Estado”, “la comuna”.

Formas de sustitución (3): son expresiones que adquieren autonomía semántica respecto del contexto discursivo. Su función es servir de sustitución metafórica de los conceptos dentro de la doctrina del enunciador, con valor positivo (si representa la posición del enunciador) o negativo (si representa la de un contradestinatario). Pueden tener valor positivo o negativo. Ejemplo: “la vieja política”, “la participación ciudadana”, “la crisis”.

 

Los componentes del discurso político

Verón (1987: 19-20) divide en cuatro zonas al discurso político y llama a cada una de ellas componente. Los componentes que enuncia el autor son cuatro: descriptivo, didáctico, prescriptivo (o interpelativo) y programático. Su utilización permite determinar la forma a través de la cual el enunciador construye la red de relaciones con las entidades del imaginario político descritas en el apartado anterior. Estos componentes aparecen entretejidos permanentemente en el discurso político, es decir que no son aislables, y alternan el predominio de uno sobre los otros dependiendo de cada caso.

En el componente descriptivo el enunciador ejercita la constatación, es decir hace un balance de una situación. Por el contrario, el componente didáctico no busca la constatación o el balance de una situación, sino que enuncia un principio general. Por su parte, en el componente prescriptivo aparece lo relacionado al orden del deber y se formula a partir de un imperativo universal que generalmente posee un carácter impersonal. Finalmente, el componente programático se destaca por su relación con el futuro incierto. Aquí el enunciador promete, o bien, anuncia, utilizando formas verbales en infinitivo y en futuro. Pertenece al orden del poder hacer (Verón, 1987: 20-22).

 

El uso del discurso político en función de la legitimidad

Delineamos así una caracterización del discurso político, en el sentido de su conformación y de las posibles uniones entre las diferentes partes que lo componen a fin de construir enunciados a partir de los cuales se elaboren los diferentes destinatarios de aquel discurso.

A lo ya expuesto agregaremos una visión más relacionada a la utilización de herramientas discursivas por parte de un enunciador político que intenta sostener o aumentar su legitimación frente a los destinatarios. Denominamos a esas herramientas estrategias o regulaciones del discurso político.

Las estrategias son enunciados del discurso político que poseen características determinadas a partir de las cuales el gobernante se dirige a sus gobernados (Díaz Barrado, 1989: 21:30). Ellas se utilizan para que los gobernantes, enunciadores del discurso político, consigan elevar la cuota de legitimidad proveniente de los gobernados.

Las regulaciones (4) que se utilizan en el discurso político son los siguientes:

Sublimación: es una regulación conformada por los enunciados a través de los cuales el enunciador alude a conceptos, ideas, imágenes, aceptadas tanto por él como por los destinatarios. Es decir, la defensa de sus puntos de vista o de sus criterios.

Favor: se produce cuando el enunciador reconoce las virtudes del destinatario, en forma de halago o condescendencia.

Desviación: procura instalar un tercer elemento con la intención de cambiar el objeto de la atención desde el mismo hacia ese tercer componente.

Miedo: es muy similar a la desviación, pero en este caso, la tercera pieza es percibida más bien como un peligro, una amenaza que puede afectar a ambas partes.

Culpabilidad: sigue la misma estructura de las dos anteriores, pero el objetivo es dividir al conjunto de destinatarios en una parte buena y una parte mala, y acusar a esta última de acciones pasadas que perjudicaron al colectivo.

Represión: se utiliza cuando el antagonismo es evidente y profundo. Consiste en el empleo de insultos, descalificaciones e ironías.

 

Análisis de los temas de agenda: transparencia, austeridad y eficiencia

Luego de desarrollar el concepto de comunicación gubernamental y de caracterizar a los elementos que componen el discurso político, pasaremos al análisis del discurso de Martín Sabbatella que se plasma en las columnas mensuales del boletín “El Municipio de Morón”.

Siguiendo a Noguera (2003: 90-92), una de las tareas fundamentales de cualquier comunicación gubernamental consiste en plantear un tema o un problema. A partir de allí, la interpretación del problema planteado permite pensar en un abordaje idóneo del mismo, e incluso potenciales soluciones. En el caso del discurso del intendente Sabbatella, la utilización de los conceptos como transparencia, austeridad y eficiencia fueron clave para de la comunicación gubernamental de la intendencia moronense. Ellos, además de ser la base del mito de gobierno de Morón, se convirtieron en los temas de agenda utilizados para plantear o explicar las causas y las consecuencias de los problemas del municipio.

Antes de comenzar con el análisis de estos tres elementos en cada momento socio-histórico debemos profundizar sobre la cuestión de los temas de agenda entre los que identificamos dos grandes grupos: los fundamentales y los marginales. Dentro del primero, ubicamos a los que sostienen el programa de gobierno y en el segundo grupo aparecen los temas que están en la agenda pero no poseen tanta relevancia.

Entre los temas fundamentales aparecen los temas clave, que son de vital importancia, pero de costos elevados; y los temas ideológicos, que obedecen a la postura política del gobierno. El grupo de temas marginales está compuesto por los temas cliente, que no demandan grandes recursos y pueden provocar un impacto positivo; y los temas revisables, que no ocupan un lugar prioritario en la agenda de la gestión (Riorda, 2006: 40).

Dentro del discurso político de Sabbatella, la transparencia, la austeridad y la eficiencia comienzan como los estandartes más valiosos de la gestión, en efecto gran parte de la campaña electoral de la Alianza, tanto a nivel local como nacional, se construyó sobre estos ejes. Además, el electorado en general cuestionaba los altos niveles de corrupción en las cúpulas gobernantes y sus gastos excesivos, con lo cual aquellos conceptos se convertían en grandes valores. En consecuencia, el discurso ubica como temas ideológicos y claves a la vez a la transparencia, la austeridad y la eficiencia.

Sin embargo, podemos observar que pocos meses después de la asunción de Sabbatella los temas de agenda transparencia, austeridad y eficiencia pierden su condición de temas clave. Ellos son desplazados a lo largo del tiempo por el surgimiento de otros problemas graves que deben ser tratados por el discurso del intendente. Este desplazamiento, que se produce a lo largo de todo el período de gobierno analizado, es acompañado por el mantenimiento de la transparencia, la austeridad y la eficiencia como temas ideológicos que a lo largo del tiempo se convertirán en el mito de gobierno (Annunziata, 2006: 174).

 

El momento A: primer año de gestión. La formación y el desarrollo del discurso político del intendente

Durante el desarrollo del momento A, es decir, en el proceso de elaboración del discurso político del intendente en su primer año de gobierno, surgen algunos temas claves que afectaron al gobierno municipal. La inseguridad y el desempleo, problemas de carácter nacional y de una magnitud enorme, son abordados por el discurso como consecuencia de las acciones de los gobernantes de la década anterior.

Aparece un primer viraje del perfil del discurso que pasa de un contexto de legitimidad alta sostenida por la asunción reciente producto del voto, a un contexto de menor legitimidad. Así, el uso de regulaciones medias, como miedo y desviación, crece a partir del tercer boletín.

 

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Estas regulaciones son utilizadas en tiempo pasado dentro de un complemento descriptivo que plantea los nuevos temas clave, desempleo o inseguridad, pero que los ubica como consecuencia de políticas, acciones o inacciones de gobiernos anteriores. Así, se caracteriza a dichos gobiernos con una serie de formas de sustitución negativas, como la corrupción, la mala utilización de los recursos del Estado, o el clientelismo.

El intendente utiliza el complemento prescriptivo, que es el que señala el “deber ser”, para enumerar a varias formas de sustitución positivas que justamente son los temas ideológicos que comienzan a conformar el mito de gobierno. Esa combinación de complemento prescriptivo con las formas de sustitución positivas se configura como la eventual solución a los problemas planteados que son la causa de los temas clave (desocupación, inseguridad, etc.).

De esta manera, la transparencia, por ejemplo, se transforma en un tema de agenda de vital importancia cuando se firma el pacto de integridad que en el marco de un nuevo proceso de licitación de servicios públicos (Puig, 2005: 77-78). Aquí podemos observar el tratamiento del problema de la recolección de residuos que es un tema clave, es decir, un tema que exige una gran cantidad de recursos para ser resuelto.

En el boletín de julio de 2000 la columna del intendente se realiza una primera referencia al tema apelando principalmente a dos regulaciones: favor y desviación. Por un lado, se utilizan varios colectivos de identificación dados por un nosotros inclusivo que incluye a varios actores sociales que al mismo tiempo son receptores del discurso.

“Por primera vez, vecinos, empresarios, dirigentes y gobernantes decidimos en conjunto qué tipo de servicio público queremos tener. En este caso, se trató de la recolección de residuos, cuya prestación, durante muchos años, estuvo sospechada de someterse al compás interesado que le marcaron empresarios y gobernantes deshonestos” (5).

De esta manera, la transparencia, representada en el nuevo proceso participativo de licitación, es producto tanto de la acción gubernamental, impulsora y garante del mecanismo, como de la sociedad, que se involucra en la creación de un “modelo político-social distinto”.

Por otro lado, la columna enumera las acciones o inacciones de los gobiernos anteriores resaltando formas de sustitución negativas como la corrupción y la ineficacia de algunos políticos y algunos empresarios, construyendo así un colectivo de identificación negativo que se opone al interés de los vecinos.

“En este camino, no estamos solos. Con nosotros caminan todos los moronenses que se cansaron del manejo inescrupuloso de los asuntos públicos: que se hartaron de observar impávidos la fiesta de unos pocos: que se agotaron de padecer la ineficacia de aquellos gobernantes que además les reclamaban el pago en término de todos los tributos” (6).

Posteriormente, como una consecuencia directa de la transparencia aparece en los boletines de octubre y noviembre de 2000 otro tema cliente: la eficiencia de la gestión. Para ello, se cita una forma de sustitución positiva: el ahorro.

“Creamos el Programa de Modernización y Transparencia del Estado Municipal, un organismo destinado a repensar el diseño de nuestra administración, de manera de eliminar estructuras innecesarias, capacitar al personal, mejorar los instrumentos de trabajo y hacer más ágiles todos los trámites municipales” (7).

Con el ahorro del 35 % del presupuesto destinado a la recolección de residuos, la nueva licitación producto de aquel proceso transparente y participativo pone a la eficiencia y a la austeridad en primer plano. Queda claro un cambio en el perfil del discurso del intendente que a casi un año de gobierno vuelve a utilizar mayoría regulaciones blandas como la sublimación y el favor.

 

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El momento B: luego de diciembre de 2001. La reformulación del discurso político del intendente

A lo largo del momento B el discurso del intendente debió enfrentar la crisis institucional posterior al estallido de fines de 2001, junto con la grave crisis económica. De esta manera, el tema clave pasaba a ser la economía, el trabajo, los bajos ingresos, etc.

Así, en el contexto local moronense el discurso sabbatellista comenzó a posicionar como causa de los problemas del municipio a la baja recaudación, al incumplimiento de la provincia de Buenos Aires en el pago de la coparticipación federal, y a los grandes evasores. Por intermedio del uso de la desviación que ubicaban en primer plano a los colectivos de identificación negativos, el gobierno describía mes a mes una crisis económica que solo podía ser resuelta por medio del ahorro, es decir, austeridad y eficiencia. Así, en los primeros meses del momento B, el discurso del intendente se concentró en utilizar el complemento didáctico y el descriptivo para intentar explicar la crisis, y esbozar las posibles soluciones.

“Se produce un círculo vicioso: por la crisis, los contribuyentes se atrasan en el pago de tasas e impuestos, lo que genera que los Estados tengan menos recursos para cumplir con salarios y servicios; pero, como producto de esa misma crisis, la demanda social aumenta, porque cada día hay más gente que necesita de la asistencia pública en materia de salud, empleo, vivienda o educación, entre otros derechos” (8).

A partir del boletín de junio de 2002, el discurso empezó a articular el complemento prescriptivo a fin de legitimar sus acciones frente a la crisis económica.

“Para llevar adelante todas estas acciones necesitamos del protagonismo de todos nuestros vecinos y organizaciones sociales, porque sin duda van a ser resistidas por las corporaciones que no son solidarias con la comunidad. La crisis en Morón, así como en todo el país, tiene una dimensión tal que no merece ningún sectarismo y ninguna mezquindad. Estoy seguro de que vamos a lograrlo” (9).

Así, con la confección de un perfil con mayoría de regulaciones medias, que denotan una caída de la legitimidad, el intendente utiliza un conjunto de formas sustitutivas negativas para explicar la crisis y la situación del municipio.

 

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Asimismo, podemos observar el aumento del uso de meta-colectivos singulares que dejan entrever la necesidad del enunciador de vincular a los vecinos y a su gobierno. En su calidad de víctimas indiferenciadas de los gobernantes pasados, de las grandes empresas deudoras, o de los grupos sectoriales, los diferentes colectivos ampliados (vecinos, comerciantes, empresarios) pasan a formar parte de meta-colectivos singulares (la sociedad, el municipio, Morón). El enunciador se ubica a sí mismo y a su gobierno dentro de dichos meta-colectivos, aunque al mismo tiempo se convierte en su defensor, y enumera a través de complemento descriptivo el conjunto de acciones que lleva adelante para combatir a los que solo se preocupan por sus “intereses personales”.

“En Morón, ahondamos nuestra política de apoyo a las familias más afectadas, al tiempo redujimos el gasto de la estructura administrativa y acentuamos la presión para que cumplan con sus obligaciones los grupos empresarios que obtuvieron mayores ganancias. Es una decisión del Gobierno que encabezo, que cuenta con el respaldo del conjunto de la dirigencia moronense. Tengo esperanzas de que este rumbo, junto a un mayor protagonismo social en las políticas públicas, nos conducirá a revertir parte de la crisis que sufrimos” (10).

“Es una batalla tan difícil como importante; porque en ella se define si el Municipio es el garante del desarrollo social, cultural, económico y urbanístico de Morón o si se somete a los intereses de quienes pretenden ocupar cargos públicos para obtener beneficios personales” (11).

La oposición que se establece entre las formas de sustitución negativas, tales como “intereses personales”, y los meta-colectivos singulares refuerzan aún más aquella relación entre el nosotros exclusivo y los distintos colectivos ampliados, es decir entre la gestión y los vecinos, los comerciantes y los empresarios.

De esta manera, los temas como austeridad y eficiencia, también la transparencia, pero con menor presencia, pasan a convertirse en la solución para estos meta-colectivos amenazados por distintos peligros que ya los afectaron en el pasado.

 

El momento C: camino a la reelección. El discurso político del intendente durante la campaña electoral de 2003

Finalmente, la implementación de los temas como transparencia, austeridad y eficiencia se convirtieron en las banderas políticas del discurso sabbatellista de cara a las elecciones por la reelección. En el momento C, el perfil de discurso utilizado, que buscó lograr que la legitimidad sea reafirmada por el voto, permite visualizar la presencia de varios grupos enfrentados en pos de la obtención del poder, es decir, de la propia situación de campaña electoral. La utilización de regulaciones blandas, sublimación y favor; y duras, represión, predominan por sobre las demás, mostrando la intención del discurso de fortalecer los valores que sostiene la gestión, y al mismo tiempo, descalificar al discurso del enemigo y sus argumentaciones.

 

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Por un lado, observamos que el pasado aparecía relacionado con las causas de la crisis y con los problemas clave. A continuación, el enunciador, a través del nosotros inclusivo y de una serie de formas de sustitución positiva dentro de un complemento descriptivo, realizaba una gran exposición de acciones realizadas por el gobierno. Por último, se establecía la conexión entre los problemas del pasado con las iniciativas de la intendencia que se constituyeron en la solución.

“Hoy, a tres años y medio de gestión, tengo la sensación de no haberme equivocado. Porque encontramos un Morón que venía en caída libre y pudimos frenarla, ordenar las prioridades y convertir a nuestro distrito en motor del crecimiento regional. Hicimos todo esto en medio de la más profunda crisis económica que debió soportar nuestro país y con sectores que permanentemente nos ponían palos en la rueda porque no querían perder sus privilegios” (12).

“En los últimos días recibí con mucha emoción, la noticia que indicaba que los principales diarios del mundo estaban hablando de Morón como un modelo de gestión transparente y eficiente. No es un dato menor; los moronenses vivimos con mucha vergüenza que a nuestro querido distrito se lo llame ‘capital de la corrupción’” (13).

En efecto, el tema de la corrupción se hizo presente en reiteradas oportunidades dentro de las columnas de los boletines de este período. A principios de la gestión, la corrupción fue un tema clave que la ciudadanía tenía entre sus prioridades. Sin embargo, a causa de la crisis y sus consecuencias, la corrupción pasó a un segundo plano en estos meses volviéndose un tema cliente.

No obstante, Sabbatella retomó el tema al utilizarlo como un eje a partir del cual posicionar su candidatura para la reelección. Esta estrategia política permitió tener en cuenta dos aspectos en forma simultánea; por un lado, ya se mencionó el posicionamiento de su candidatura, por otro, la diferenciación de sus competidores. Esos competidores eran los depositarios de la regulación represión.

Fue así como atribuyó a la falta de transparencia y los gastos innecesarios de gobiernos anteriores el escaso desarrollo del municipio y la grave situación en la que el mismo se encontraba cuando él asumió. Así, las formas de sustitución positiva como la transparencia, la austeridad y la eficiencia cobraron un valor enorme en el contexto elaborado.

“Con esta intención asumí el gobierno de Morón en diciembre de 1999, sabiendo del gran desafío que teníamos por delante luego de 12 años de desgobierno, despilfarro de los dineros públicos y aprovechamiento personal o partidario de la estructura del Estado” (14).

En el boletín de agosto de 2003, a solo un mes de las elecciones, se anunciaba un plan de obras que solucionaría un tema clave para los moronenses: la falta de cloacas. A partir del discurso del intendente, la austeridad y la eficiencia de la gestión habían permitido tal inversión, y la transparencia de aquella brindaba la seguridad de que no había lugar para sospechas de corrupción.

“Nosotros, con mucho esfuerzo, pudimos demostrar que el mejor gobierno es el que es capaz, junto a los vecinos, de combinar la eficiencia con la transparencia, porque es imposible que estos dos caminos puedan ir separado. Los corruptos no tienen como objetivo servir a la gente, sino servirse a ellos mismos, y uno de los caminos principales para hacer una gestión eficiente es ser honesto” (15).

“Hoy todos saben que nosotros podemos hablar de cloacas sin que los vecinos piensen que algún corrupto está planeando un negociado, porque ya conocemos las cloacas con el mal olor de los malos gobiernos anteriores” (16).

De esta forma, los temas ideológicos sustentados en la lucha contra la corrupción, un tema cliente, sostenían la base de la solución de un tema clave, como el de las cloacas.

 

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Hasta aquí hemos realizado una descripción del discurso político del intendente en cada momento socio-histórico en función de tres temas fundamentales para esta gestión: la transparencia, la austeridad y la eficiencia.

Del análisis se desprende que la paulatina construcción del mito de gobierno, que queda cristalizado durante la campaña electoral de 2003, es el resultado de una comunicación gubernamental de tipo incremental. Dicho mito de un gobierno transparente, austero y eficiente fue el lente a través del cual el discurso explicó a sus destinatarios cada uno de los problemas que vivía la sociedad moronense. Al mismo tiempo, servía como posible solución a aquellos problemas y eran objetivos pequeños que el gobierno municipal podía cumplir sin grandes desembolsos de recursos económicos, o bien, políticos.

Durante los cuatro años, y a pesar de la variedad de obstáculos que se le presentaron a la gestión de Sabbatella, la transparencia, la austeridad y la eficiencia fueron tres elementos fundamentales que, además de coherencia, le brindaron al discurso del intendente la posibilidad de diferenciarse e instalar un mito de gobierno que lo legitime.

 

Conclusión

El análisis del discurso político del intendente de Morón, Martín Sabbatella, durante su primer período de gobierno, nos ha mostrado que la comunicación gubernamental se basó en el uso del incrementalismo entendido como el tratamiento de temas marginales junto a un progresivo abordaje de los distintos temas clave. El fin del incrementalismo es impedir la formación de grandes expectativas y al mismo tiempo permitir la progresiva construcción del mito de gobierno, es decir, de los lineamientos generales de la gestión.

La instalación de temas de agenda de tipo ideológico y cliente que supieron ser corregidos o bien modificados en distintos contextos socio-históricos fue la principal estrategia del discurso de Sabbatella. Ya sea en los inicios de la gestión, o en medio de una crisis institucional, incluso durante la campaña electoral, la columna del intendente en el boletín “El Municipio de Morón” sostuvo los temas ideológicos propios del mito de gobierno que intentaba construir, y los colocó dentro de sus prioridades.

En principio, los temas que formaban parte de las banderas políticas de la Alianza, como la transparencia o la participación, habían dejado de ser temas clave para una población castigada por una profunda recesión económica.

A partir de allí, el discurso del intendente comenzó situar a aquellos temas como la solución a los nuevos desafíos. El constante planteo de la relación de causa-efecto entre los problemas actuales y las gestiones anteriores, sumado a la construcción de un contradestinatario que cargaba con esas culpas, le brindaba a la gestión de Sabbatella los argumentos necesarios para legitimar sus políticas de transparencia y austeridad económica, así como su línea en pos de la participación ciudadana.

Más tarde, la grave crisis de representación que se cristalizó en el estallido social de fines de 2001, agravada por la crisis económica que no cedía, golpeó al gobierno de Morón, como a muchos otros. La institucionalidad estaba en juego, y con ella la legitimidad del gobierno, herida por la caída del gobierno nacional de mismo signo político.

El discurso puso el acento en lograr que la ciudadanía legitime las acciones que el Estado municipal instrumentaba para enfrentar la crisis. En consecuencia, los temas de la austeridad y la eficiencia ocuparon un lugar prioritario en las columnas del intendente. El discurso proponía entonces a la austeridad y a la eficiencia como las herramientas del gobierno para combatir los problemas económicos, y paralelamente utilizaba dichos conceptos para explicar la crisis. Es decir, la crisis era la consecuencia de la falta de austeridad y eficiencia de las gestiones anteriores, y para afrontarla era necesario justamente cambiar esa política.

Para reforzar la estrategia, el discurso manifestó un acercamiento del gobierno municipal hacia los moronenses a través de la identificación de ambos como víctimas indiferenciadas de aquellos gobiernos.

Finalmente, durante la campaña electoral, el discurso del intendente instaló el tema de la corrupción trazando una línea divisoria en el mapa político. De un lado, estaba la política transparente que su gestión, que el discurso pretendía constituir como mito de gobierno; del otro, estaban sus adversarios políticos que habían sido dirigentes o partidarios de las administraciones anteriores acusadas de corrupción en reiteradas ocasiones.

Asimismo, el discurso finalizó imponiendo un tema clave en la agenda de campaña: las cloacas. El anuncio de la próxima solución a este problema se construyó como una simple consecuencia del tipo de política que el gobierno de Sabbatella realizó desde 1999, es decir, una política transparente, austera, eficiente y participativa.

En conclusión, los temas ideológicos de la gestión se constituyeron a lo largo de los cuatro años de gobierno como los legitimadores del mismo. A partir de ellos la intendencia pudo plantear sus objetivos y al mismo tiempo diferenciarse de sus adversarios políticos.

Hasta aquí hemos intentado analizar la función legitimadora del discurso político, a través del estudio de su construcción en el marco de la comunicación gubernamental del municipio de Morón. Hemos descubierto que la instalación de los temas de agenda y el posicionamiento de una gestión en un espacio político determinado son uno de los caminos hacia la producción y reproducción de la legitimidad que precisa cualquier gobierno para funcionar.

Sería necio afirmar que el discurso político logre legitimar una gestión por sí solo. No obstante, sostenemos que una gestión a cualquier nivel de gobierno debe elaborar un discurso en torno a una comunicación gubernamental entendida como parte de la política, y no como un mero vehiculizador de mensajes.

En un contexto social y político en el cual los partidos políticos perdieron su capacidad de representar los intereses y las voluntades de grandes grupos de personas, los gobiernos deben ocuparse de buscar otros canales de legitimación. Uno de ellos es la comunicación gubernamental y el discurso político que deviene de ella, con lo cual debe ser considerada como una política de gobierno y debe ser pensada y construida como tal.

 

 

Notas

(1) El análisis y los resultados que dieron lugar al presente artículo fueron obtenidos de la tesis de grado El discurso político y la legitimación gubernamental. Análisis del discurso de Martín Sabbatella, intendente de Morón, realizada por el autor durante 2007 y defendida en 2008 en la Universidad Nacional de La Matanza.

(2) Hasta abril de 2008, mes de finalización de la redacción del presente artículo, el boletín “El Municipio de Morón” continúa siendo editado.

(3) En la obra de Verón, se establece una diferencia entre lo que el autor define como formas nominalizadas y formas nominales. Dicha diferenciación resulta de poco interés a los fines de este estudio con lo cual decidimos unificar ambas categorías facilitando así su comprensión.

(4) El conjunto de elementos reguladores que utilizaremos en este estudio deja fuera al denominado expulsión, un elemento que Díaz Barrado caracteriza, pero que respecto del análisis que aplicamos a nuestro corpus de investigación no posee la relevancia necesaria para ser tenido en cuenta.

(5) Boletín 6, párrafo 1.

(6) Boletín 6, párrafo 3.

(7) Boletín 9, párrafo 2.

(8) Boletín 26, párrafo 1.

(9) Boletín 28, párrafo 7.

(10) Boletín 29, párrafo 5.

(11) Boletín 30, párrafo 5.

(12) Boletín 41, párrafo 3.

(13) Boletín 42, párrafo 1.

(14) Boletín 41, párrafo 2.

(15) Boletín 42, párrafo 2.

(16) Boletín 42, párrafo 4.

 

Bibliografía

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