EL DISCURSO
POLÍTICO Y LA LEGITIMACIÓN (1)
Universidad
Nacional de La Matanza Argentina
Resumen
Este trabajo propone como objeto de
estudio al discurso político en función de su importancia dentro de la comunicación
política actual. A fin de abordar dicho objeto, se estudia el caso de la
gestión de Martín Sabbatella en la intendencia de Morón, que por intermedio de
la comunicación gubernamental procuró sostener la legitimidad durante primer
período de gobierno.
Esa administración enfrentó varios
obstáculos, entre ellos la estrepitosa caída de la coalición política bajo la
cual Sabbatella había llegado a la intendencia. Este estudio, que aplica el
análisis de discurso político como metodología de investigación, pretende
analizar la función del boletín “El Municipio de Morón” en su rol de productor
y reproductor de legitimidad. El discurso que se manifiesta en la mencionada
publicación sirve de caso representativo para comenzar a comprender la
importancia de la comunicación gubernamental en la configuración política de
cualquier nivel de gobierno.
Palabras Clave: Discurso político – Legitimidad – Comunicación gubernamental – Análisis
del discurso político
Introducción
El análisis del discurso político es una herramienta fundamental para
comprender las dinámicas políticas que se manifiestan en los regímenes
democráticos occidentales. Este artículo propone como objeto de estudio al
discurso político en función de su importancia dentro de la comunicación política
actual. Como resultado de un conjunto de factores que ponen en relieve la
fragilidad institucional de los gobiernos, la legitimidad de estos últimos se
encuentra en peligro, y no solo debe ser producida sino que debe ser reforzada
y sostenida casi permanentemente. Por ello, la forma de comunicar se convierte
en un aspecto significativo de la agenda de una gestión, donde la comunicación
gubernamental tiene como objetivo final lograr la producción y reproducción de
la legitimidad.
El presente trabajo se ocupará de estudiar el caso de la gestión de Martín
Sabbatella en la intendencia de Morón, que por intermedio de la comunicación
gubernamental procuró sostener la legitimidad durante el primer período de
gobierno. Esa administración enfrentó varios obstáculos, entre ellos la
estrepitosa caída de la coalición política bajo la cual Sabbatella había
llegado a la intendencia; a lo que se sumó una de las crisis más profundas de
la historia de
Luego de cuatro años de gestión, la intendencia de Sabbatella no solo
consiguió sobrepasar la crisis institucional del partido al que pertenecía,
sino que logró obtener la reelección en 2003 relegando al partido
justicialista, que contaba con el apoyo del entonces presidente de
Esta gestión implementó una política de comunicación gubernamental desde su
asunción en diciembre de 1999, en la cual se puso de manifiesto un discurso
político que debió adaptarse a las contingencias políticas, sociales y
económicas sucedidas en los primeros cuatro años de gobierno.
En este contexto se ha publicado desde febrero de 2000 un boletín mensual
que llega a cada casa de dicho partido bonaerense.
Este estudio, que aplica el análisis de discurso político como metodología
de investigación, pretende analizar la función del boletín “El Municipio de
Morón” en su rol de productor y reproductor de legitimidad. El discurso que se
manifiesta en la mencionada publicación sirve de caso representativo para
comenzar a comprender la importancia de la comunicación gubernamental en la
configuración política actual de cualquier nivel de gobierno.
Para la realización del análisis se tomaron tres momentos socio-históricos
de gran relevancia acaecidos durante el período de gobierno que va desde
diciembre de
En el primer momento socio-histórico seleccionado, se profundiza la
formación del discurso del intendente durante su primer año de gobierno, desde
febrero de
El segundo momento socio-histórico corresponde al semestre posterior al
estallido social de diciembre de 2001. Cobra importancia la reformulación del
discurso político de Sabbatella en un marco de crisis de representación y
rechazo hacia la clase dirigente por parte de la sociedad en general. Así, a
partir de la ruptura de
Finalmente, el tercer momento socio-histórico corresponde a los seis meses
previos a las elecciones de septiembre de 2003, donde se elegirían a las nuevas
autoridades locales. Más precisamente, el segmento coincide con la campaña
electoral que se inicia luego de la elección presidencial, celebrada en abril
de 2003. El discurso político de Sabbatella durante ese semestre estuvo forzado
a desplegar una campaña capaz de obtener la reelección enfrentando nada menos
que al partido Justicialista.
La primera parte de este artículo se ocupa de especificar los materiales de
investigación y la metodología utilizada. Luego se profundiza en los conceptos
de legitimación y discurso político, entendido como toda producción proveniente
desde las instituciones del Estado. Y posteriormente se despliega el análisis
del discurso político del intendente Sabbatella con respecto a la instalación
de los temas de agenda. Ese análisis intenta profundizar sobre la construcción
del discurso político en su papel de productor y reproductor de legitimidad,
según cada contexto socio-histórico.
Para ello se analiza la utilización de un conjunto de conceptos recurrentes
en el discurso político del intendente de Morón. Estamos hablando de tres
elementos que a lo largo de la gestión de Sabbatella se convirtieron en los
pilares de su comunicación gubernamental: la transparencia, la austeridad y la
eficiencia.
Con el fin de comprender las funciones del discurso político, el artículo
observa y describe la forma en que ese discurso, propio de la comunicación
gubernamental de la intendencia, colabora con la legitimación de la misma
instalando una agenda de temas.
El corpus de investigación
Con el objetivo de identificar y estudiar la forma y las funciones del
discurso político del intendente de Morón, se realizó un análisis de 24
boletines municipales de edición mensual cuya autoría corresponde a la
intendencia de dicho partido bonaerense.
El conjunto de boletines seleccionado se encuentra dividido en tres
subgrupos en función de tres momentos socio-históricos que cruzan el primer
gobierno del intendente Martín Sabbatella, desde diciembre de
El primer subgrupo, que corresponde al período del primer año de gobierno y
que denominamos momento A, está compuesto por doce boletines, y se extiende
desde febrero de 2000, mes en que se inicia la publicación, hasta enero de
2001.
El segundo subgrupo, conformado por seis boletines, se relaciona con el
período posterior al estallido social de diciembre de 2001, y lo llamamos
momento B. Esta muestra comienza en marzo de 2002 y concluye en agosto del
mismo año. Resulta necesario explicar la causa de la omisión de dos boletines,
el de enero y febrero de 2002, que entrarían dentro de los requisitos de este
subgrupo. Por un lado, el boletín del mes de enero de 2002 se editó antes de
las jornadas del 19 y 20 de diciembre, razón por la cual resulta excluido de este
grupo. Si bien se encontraba dentro de ese contexto de crisis, el boletín no
tiene en cuenta el estallido y sus consecuencias. Por otro lado, en el mes de
febrero de 2002 no se publicó el boletín.
Finalmente, el tercer subgrupo, que contiene un total de seis boletines, se
refiere al período previo a las elecciones para intendente del municipio de
septiembre de 2003. Más precisamente, corresponde a los seis meses anteriores,
desde abril a septiembre de aquel año, y lo denominamos momento C.
El boletín “El Municipio de Morón”
Como ya se mencionó más arriba, el boletín municipal es una publicación
mensual que edita la intendencia de Morón y que llega a cada casa del partido
bonaerense junto con los impuestos municipales. Cabe destacar que según
estudios realizados por el Barómetro de Gestión Municipal, cerca del 80% de la
población del municipio de Morón se informa a través del Boletín “El Municipio
de Morón” (Barómetro de Gestión Municipal, 2007).
La publicación comenzó a ser distribuida en enero de 2000, cuando la
gestión Sabbatella solo llevaba un mes al frente de la intendencia (2), y
consiste en una página plegada en tres partes o cuatro partes que posee
información sobre obras realizadas o a realizar, actividades planificadas y
datos útiles para los vecinos tales como fechas de pago de tasas o teléfonos y
vías de contacto con las oficinas públicas.
Cada boletín posee una columna firmada por el intendente Sabbatella que fue
variando en extensión y forma a lo largo del tiempo. Su contenido se relaciona
a la nota más importante del boletín de ese mes.
La metodología
La metodología empleada por este estudio es el análisis del discurso
político. Para ello se confeccionó un instrumento de recolección de datos que
permitió la identificación, clasificación y el posterior análisis de cada una
de las columnas firmadas por el intendente en los boletines que componen el
corpus.
En cada columna se identificaron los elementos del discurso político, que
serán explicados más abajo (entidades, complementos, y regulaciones), y a
partir de ellos se elaboró un conjunto de tablas que contienen el perfil de
discurso de cada boletín. Este trabajo se realizó con el fin de identificar los
temas que proponía la columna del intendente en cada momento socio-histórico, y
analizar su tratamiento en función de la construcción de los distintos
destinatarios.
La legitimación: el mito de
gobierno y el incrementalismo
La construcción de poder político se basa generalmente en la capacidad del
que ejerce el poder de generar legitimidad frente a los que obedecen a dicho
poder. Este principio sirve de disparador para comenzar a pensar qué hace que
la gente obedezca, y más profundamente qué hace que la gente obedezca feliz, o
al menos que esté de acuerdo con quien posee el poder.
En este sentido, la legitimidad, entendida como conformidad al ejercicio
del poder, es la que motiva la obediencia. Además fundamenta y justifica el
mando, sea cual fuere el tipo de régimen y las motivaciones de aquella
legitimidad (Mocorrea, 1994: 146).
En un régimen democrático, el gobierno que asume recibe una cuota de
legitimidad por parte de la población que se expresa a través del voto en el
marco de una elección determinada. Sin embargo, esa base de legitimidad que
proviene del mismo régimen democrático, debe ser reforzada por una cuota de
consenso. El consenso produce la legitimidad que se pone en juego durante la
gestión (Mocorrea, 1994: 151-152).
Felipe Noguera (2003: 85-87) sintetiza lo anterior en el concepto de
campaña permanente, y de esta forma lo relaciona con el tema de la comunicación
gubernamental. El autor sostiene que el gobierno desde el mismo momento en el
que comienza la gestión se encuentra en un estado de campaña permanente, donde
cada decisión que tome aumentará o disminuirá la cuota de consenso que otorga
la población.
Por lo tanto, los distintos gobiernos, productores de la comunicación
gubernamental, comunican sus decisiones, es decir, sus propósitos y sus
políticas con el fin de construir el consenso, o bien producir y reproducir la
legitimidad (Riorda, 2006: 32-34).
Existen dos elementos vitales que se combinan entre sí para que la
comunicación gubernamental genere el consenso buscado: uno es el
incrementalismo y otro el mito de gobierno.
El incrementalismo consiste la implementación de una comunicación
gubernamental que intente impedir la formación de expectativas imposibles de
cumplir, y en consecuencia, graves frustraciones posteriores (Riorda, 2006:
45). Esta clase de comunicación tiene como fin la priorización de los objetivos
posibles, en función de los recursos disponibles de una gestión que “no hagan
quedar preso al gobierno de objetivos irrealizables y generen intensos procesos
de frustración” (Riorda, 2006: 51).
Por otro lado, existe la noción de mito de gobierno, un concepto que da cuenta
del proyecto general de la gestión. En otras palabras, los grandes lineamientos
de la gestión están representados en el mito de gobierno y a partir de ellos se
fundamentan las políticas de la gestión.
Se produce de esta manera una relación de simbiosis entre el mito y el
incrementalismo, mientras que el primero propone un rumbo del gobierno que
englobe al conjunto de acciones gubernamentales, el segundo brinda dinamismo y
flexibilidad a cada política en particular (Riorda, 2006: 61-62).
El discurso político se encuadra dentro de este modelo de comunicación
gubernamental que hemos desarrollado, y es su función articular los elementos
disponibles para hacer efectiva la producción y reproducción de esa
legitimación.
El discurso político
Partiremos de la propuesta de Eliseo Verón (1987: 14) que asocia “el
concepto de discurso político a la producción discursiva explícitamente
articulada a las instituciones del Estado”, es decir, a la comunicación
gubernamental. El análisis del discurso político nos permitirá detectar a los
protagonistas de dicho discurso y los lugares simbólicos que ellos ocupan.
Verón sostiene que el enunciado del discurso político se confecciona a
partir de un conjunto de entidades. Las entidades son conceptos que determinan
la relación con los distintos destinatarios, es decir, la construcción que hace
el discurso de sus destinatarios (Verón, 1987: 18-19). Las entidades del
imaginario político son las siguientes:
Colectivo de identificación: son entidades enumerables que admiten la fragmentación y la
cuantificación. Aparecen de manera explícita, muchas veces nombrando al grupo.
Está definida por el nosotros inclusivo razón por la cual es el fundamento de
la relación que el discurso establece entre el enunciador y el prodestinatario.
Por ejemplo: “Nosotros, los socialistas”. El colectivo de identificación es
negativo cuando se refiere a los contradestinatarios. Por ejemplo: “Los
peronistas dicen que”.
Colectivo ampliado: también son enumerables pero al ser entidades más amplias están dirigidas
más precisamente a actores que el enunciador coloca en posición de recepción. A
diferencia de la anterior, esta entidad del imaginario político no opera como
operador de identificación, razón por lo cual se encuentra asociada a los
paradestinatarios. Por ejemplo: “vecinos”, “argentinos”, “ciudadanos”.
Meta-colectivos singulares: no son cuantificables ni susceptibles de ser fragmentados, y son mucho más
abarcadores que los colectivos mencionados. Ejemplo: “el país”, “el Estado”,
“la comuna”.
Formas de sustitución (3): son expresiones que adquieren autonomía semántica respecto del contexto
discursivo. Su función es servir de sustitución metafórica de los conceptos
dentro de la doctrina del enunciador, con valor positivo (si representa la
posición del enunciador) o negativo (si representa la de un
contradestinatario). Pueden tener valor positivo o negativo. Ejemplo: “la vieja
política”, “la participación ciudadana”, “la crisis”.
Los componentes del discurso
político
Verón (1987: 19-20) divide en cuatro zonas al discurso político y llama a
cada una de ellas componente. Los componentes que enuncia el autor son cuatro:
descriptivo, didáctico, prescriptivo (o interpelativo) y programático. Su
utilización permite determinar la forma a través de la cual el enunciador
construye la red de relaciones con las entidades del imaginario político
descritas en el apartado anterior. Estos componentes aparecen entretejidos
permanentemente en el discurso político, es decir que no son aislables, y
alternan el predominio de uno sobre los otros dependiendo de cada caso.
En el componente descriptivo el enunciador ejercita la constatación, es
decir hace un balance de una situación. Por el contrario, el componente
didáctico no busca la constatación o el balance de una situación, sino que
enuncia un principio general. Por su parte, en el componente prescriptivo
aparece lo relacionado al orden del deber y se formula a partir de un
imperativo universal que generalmente posee un carácter impersonal. Finalmente,
el componente programático se destaca por su relación con el futuro incierto.
Aquí el enunciador promete, o bien, anuncia, utilizando formas verbales en
infinitivo y en futuro. Pertenece al orden del poder hacer (Verón, 1987:
20-22).
El uso del discurso político en
función de la legitimidad
Delineamos así una caracterización del discurso político, en el sentido de
su conformación y de las posibles uniones entre las diferentes partes que lo
componen a fin de construir enunciados a partir de los cuales se elaboren los
diferentes destinatarios de aquel discurso.
A lo ya expuesto agregaremos una visión más relacionada a la utilización de
herramientas discursivas por parte de un enunciador político que intenta
sostener o aumentar su legitimación frente a los destinatarios. Denominamos a esas
herramientas estrategias o regulaciones del discurso político.
Las estrategias son enunciados del discurso político que poseen
características determinadas a partir de las cuales el gobernante se dirige a
sus gobernados (Díaz Barrado, 1989: 21:30). Ellas se utilizan para que los
gobernantes, enunciadores del discurso político, consigan elevar la cuota de
legitimidad proveniente de los gobernados.
Las regulaciones (4) que se utilizan en el discurso político son los
siguientes:
Sublimación: es una regulación conformada por los enunciados a través de
los cuales el enunciador alude a conceptos, ideas, imágenes, aceptadas tanto
por él como por los destinatarios. Es decir, la defensa de sus puntos de vista
o de sus criterios.
Favor: se produce cuando el enunciador reconoce las virtudes del destinatario, en
forma de halago o condescendencia.
Desviación: procura instalar un tercer elemento con la intención de cambiar el objeto
de la atención desde el mismo hacia ese tercer componente.
Miedo: es muy similar a la desviación, pero en este caso, la tercera pieza es
percibida más bien como un peligro, una amenaza que puede afectar a ambas
partes.
Culpabilidad: sigue la misma estructura de las dos anteriores, pero el objetivo es
dividir al conjunto de destinatarios en una parte buena y una parte mala, y
acusar a esta última de acciones pasadas que perjudicaron al colectivo.
Represión: se utiliza cuando el antagonismo es evidente y profundo. Consiste en el
empleo de insultos, descalificaciones e ironías.
Análisis de los temas de agenda:
transparencia, austeridad y eficiencia
Luego de desarrollar el concepto de comunicación gubernamental y de
caracterizar a los elementos que componen el discurso político, pasaremos al
análisis del discurso de Martín Sabbatella que se plasma en las columnas
mensuales del boletín “El Municipio de Morón”.
Siguiendo a Noguera (2003: 90-92), una de las tareas fundamentales de
cualquier comunicación gubernamental consiste en plantear un tema o un
problema. A partir de allí, la interpretación del problema planteado permite
pensar en un abordaje idóneo del mismo, e incluso potenciales soluciones. En el
caso del discurso del intendente Sabbatella, la utilización de los conceptos
como transparencia, austeridad y eficiencia fueron clave para de la
comunicación gubernamental de la intendencia moronense. Ellos, además de ser la
base del mito de gobierno de Morón, se convirtieron en los temas de agenda
utilizados para plantear o explicar las causas y las consecuencias de los
problemas del municipio.
Antes de comenzar con el análisis de estos tres elementos en cada momento
socio-histórico debemos profundizar sobre la cuestión de los temas de agenda
entre los que identificamos dos grandes grupos: los fundamentales y los
marginales. Dentro del primero, ubicamos a los que sostienen el programa de
gobierno y en el segundo grupo aparecen los temas que están en la agenda pero
no poseen tanta relevancia.
Entre los temas fundamentales aparecen los temas clave, que son de vital importancia, pero de costos elevados;
y los temas ideológicos, que obedecen
a la postura política del gobierno. El grupo de temas marginales está compuesto
por los temas cliente, que no
demandan grandes recursos y pueden provocar un impacto positivo; y los temas revisables, que no ocupan un lugar
prioritario en la agenda de la gestión (Riorda, 2006: 40).
Dentro del discurso político de Sabbatella, la transparencia, la austeridad
y la eficiencia comienzan como los estandartes más valiosos de la gestión, en
efecto gran parte de la campaña electoral de
Sin embargo, podemos observar que pocos meses después de la asunción de
Sabbatella los temas de agenda transparencia, austeridad y eficiencia pierden
su condición de temas clave. Ellos son desplazados a lo largo del tiempo por el
surgimiento de otros problemas graves que deben ser tratados por el discurso
del intendente. Este desplazamiento, que se produce a lo largo de todo el
período de gobierno analizado, es acompañado por el mantenimiento de la
transparencia, la austeridad y la eficiencia como temas ideológicos que a lo
largo del tiempo se convertirán en el mito de gobierno (Annunziata, 2006: 174).
El momento A: primer año de
gestión. La formación y el desarrollo del discurso político del intendente
Durante el desarrollo del momento A, es decir, en el proceso de elaboración
del discurso político del intendente en su primer año de gobierno, surgen
algunos temas claves que afectaron al gobierno municipal. La inseguridad y el
desempleo, problemas de carácter nacional y de una magnitud enorme, son
abordados por el discurso como consecuencia de las acciones de los gobernantes
de la década anterior.
Aparece un primer viraje del perfil del discurso que pasa de un contexto de
legitimidad alta sostenida por la asunción reciente producto del voto, a un
contexto de menor legitimidad. Así, el uso de regulaciones medias, como miedo y
desviación, crece a partir del tercer boletín.
Estas regulaciones son utilizadas en tiempo pasado dentro de un complemento
descriptivo que plantea los nuevos temas clave, desempleo o inseguridad, pero que
los ubica como consecuencia de políticas, acciones o inacciones de gobiernos
anteriores. Así, se caracteriza a dichos gobiernos con una serie de formas de
sustitución negativas, como la corrupción, la mala utilización de los recursos
del Estado, o el clientelismo.
El intendente utiliza el complemento prescriptivo, que es el que señala el
“deber ser”, para enumerar a varias formas de sustitución positivas que
justamente son los temas ideológicos que comienzan a conformar el mito de
gobierno. Esa combinación de complemento prescriptivo con las formas de
sustitución positivas se configura como la eventual solución a los problemas
planteados que son la causa de los temas clave (desocupación, inseguridad,
etc.).
De esta manera, la transparencia, por ejemplo, se transforma en un tema de
agenda de vital importancia cuando se firma el pacto de integridad que en el
marco de un nuevo proceso de licitación de servicios públicos (Puig, 2005:
77-78). Aquí podemos observar el tratamiento del problema de la recolección de
residuos que es un tema clave, es decir, un tema que exige una gran cantidad de
recursos para ser resuelto.
En el boletín de julio de 2000 la columna del intendente se realiza una
primera referencia al tema apelando principalmente a dos regulaciones: favor y
desviación. Por un lado, se utilizan varios colectivos de identificación dados
por un nosotros inclusivo que incluye a varios actores sociales que al mismo
tiempo son receptores del discurso.
“Por primera vez, vecinos, empresarios, dirigentes y gobernantes decidimos
en conjunto qué tipo de servicio público queremos tener. En este caso, se trató
de la recolección de residuos, cuya prestación, durante muchos años, estuvo
sospechada de someterse al compás interesado que le marcaron empresarios y
gobernantes deshonestos” (5).
De esta manera, la transparencia, representada en el nuevo proceso
participativo de licitación, es producto tanto de la acción gubernamental,
impulsora y garante del mecanismo, como de la sociedad, que se involucra en la
creación de un “modelo político-social distinto”.
Por otro lado, la columna enumera las acciones o inacciones de los
gobiernos anteriores resaltando formas de sustitución negativas como la
corrupción y la ineficacia de algunos políticos y algunos empresarios,
construyendo así un colectivo de identificación negativo que se opone al
interés de los vecinos.
“En este camino, no estamos solos. Con nosotros caminan todos los
moronenses que se cansaron del manejo inescrupuloso de los asuntos públicos:
que se hartaron de observar impávidos la fiesta de unos pocos: que se agotaron
de padecer la ineficacia de aquellos gobernantes que además les reclamaban el
pago en término de todos los tributos” (6).
Posteriormente, como una consecuencia directa de la transparencia aparece
en los boletines de octubre y noviembre de 2000 otro tema cliente: la
eficiencia de la gestión. Para ello, se cita una forma de sustitución positiva:
el ahorro.
“Creamos el Programa de Modernización y Transparencia del Estado Municipal,
un organismo destinado a repensar el diseño de nuestra administración, de
manera de eliminar estructuras innecesarias, capacitar al personal, mejorar los
instrumentos de trabajo y hacer más ágiles todos los trámites municipales” (7).
Con el ahorro del 35 % del presupuesto destinado a la recolección de
residuos, la nueva licitación producto de aquel proceso transparente y
participativo pone a la eficiencia y a la austeridad en primer plano. Queda
claro un cambio en el perfil del discurso del intendente que a casi un año de
gobierno vuelve a utilizar mayoría regulaciones blandas como la sublimación y
el favor.
El momento B: luego de diciembre
de 2001. La reformulación del discurso político del intendente
A lo largo del momento B el discurso del intendente debió enfrentar la
crisis institucional posterior al estallido de fines de 2001, junto con la
grave crisis económica. De esta manera, el tema clave pasaba a ser la economía,
el trabajo, los bajos ingresos, etc.
Así, en el contexto local moronense el discurso sabbatellista comenzó a
posicionar como causa de los problemas del municipio a la baja recaudación, al
incumplimiento de la provincia de Buenos Aires en el pago de la coparticipación
federal, y a los grandes evasores. Por intermedio del uso de la desviación que
ubicaban en primer plano a los colectivos de identificación negativos, el
gobierno describía mes a mes una crisis económica que solo podía ser resuelta
por medio del ahorro, es decir, austeridad y eficiencia. Así, en los primeros
meses del momento B, el discurso del intendente se concentró en utilizar el
complemento didáctico y el descriptivo para intentar explicar la crisis, y
esbozar las posibles soluciones.
“Se produce un círculo vicioso: por la crisis, los contribuyentes se
atrasan en el pago de tasas e impuestos, lo que genera que los Estados tengan
menos recursos para cumplir con salarios y servicios; pero, como producto de
esa misma crisis, la demanda social aumenta, porque cada día hay más gente que
necesita de la asistencia pública en materia de salud, empleo, vivienda o
educación, entre otros derechos” (8).
A partir del boletín de junio de 2002, el discurso empezó a articular el
complemento prescriptivo a fin de legitimar sus acciones frente a la crisis
económica.
“Para llevar adelante todas estas acciones necesitamos del protagonismo de
todos nuestros vecinos y organizaciones sociales, porque sin duda van a ser
resistidas por las corporaciones que no son solidarias con la comunidad. La crisis
en Morón, así como en todo el país, tiene una dimensión tal que no merece
ningún sectarismo y ninguna mezquindad. Estoy seguro de que vamos a lograrlo”
(9).
Así, con la confección de un perfil con mayoría de regulaciones medias, que
denotan una caída de la legitimidad, el intendente utiliza un conjunto de
formas sustitutivas negativas para explicar la crisis y la situación del
municipio.
Asimismo, podemos observar el aumento del uso de meta-colectivos singulares
que dejan entrever la necesidad del enunciador de vincular a los vecinos y a su
gobierno. En su calidad de víctimas indiferenciadas de los gobernantes pasados,
de las grandes empresas deudoras, o de los grupos sectoriales, los diferentes colectivos
ampliados (vecinos, comerciantes, empresarios) pasan a formar parte de
meta-colectivos singulares (la sociedad, el municipio, Morón). El enunciador se
ubica a sí mismo y a su gobierno dentro de dichos meta-colectivos, aunque al
mismo tiempo se convierte en su defensor, y enumera a través de complemento
descriptivo el conjunto de acciones que lleva adelante para combatir a los que
solo se preocupan por sus “intereses personales”.
“En Morón, ahondamos nuestra política de apoyo a las familias más afectadas,
al tiempo redujimos el gasto de la estructura administrativa y acentuamos la
presión para que cumplan con sus obligaciones los grupos empresarios que
obtuvieron mayores ganancias. Es una decisión del Gobierno que encabezo, que
cuenta con el respaldo del conjunto de la dirigencia moronense. Tengo
esperanzas de que este rumbo, junto a un mayor protagonismo social en las
políticas públicas, nos conducirá a revertir parte de la crisis que sufrimos”
(10).
“Es una batalla tan difícil como importante; porque en ella se define si el
Municipio es el garante del desarrollo social, cultural, económico y
urbanístico de Morón o si se somete a los intereses de quienes pretenden ocupar
cargos públicos para obtener beneficios personales” (11).
La oposición que se establece entre las formas de sustitución negativas,
tales como “intereses personales”, y los meta-colectivos singulares refuerzan
aún más aquella relación entre el nosotros exclusivo y los distintos colectivos
ampliados, es decir entre la gestión y los vecinos, los comerciantes y los
empresarios.
De esta manera, los temas como austeridad y eficiencia, también la
transparencia, pero con menor presencia, pasan a convertirse en la solución
para estos meta-colectivos amenazados por distintos peligros que ya los afectaron
en el pasado.
El momento C: camino a la
reelección. El discurso político del intendente durante la campaña electoral de
2003
Finalmente, la implementación de los temas como transparencia, austeridad y
eficiencia se convirtieron en las banderas políticas del discurso sabbatellista
de cara a las elecciones por la reelección. En el momento C, el perfil de
discurso utilizado, que buscó lograr que la legitimidad sea reafirmada por el
voto, permite visualizar la presencia de varios grupos enfrentados en pos de la
obtención del poder, es decir, de la propia situación de campaña electoral. La
utilización de regulaciones blandas, sublimación y favor; y duras, represión,
predominan por sobre las demás, mostrando la intención del discurso de
fortalecer los valores que sostiene la gestión, y al mismo tiempo, descalificar
al discurso del enemigo y sus argumentaciones.
Por un lado, observamos que el pasado aparecía relacionado con las causas
de la crisis y con los problemas clave. A continuación, el enunciador, a través
del nosotros inclusivo y de una serie de formas de sustitución positiva dentro
de un complemento descriptivo, realizaba una gran exposición de acciones
realizadas por el gobierno. Por último, se establecía la conexión entre los
problemas del pasado con las iniciativas de la intendencia que se constituyeron
en la solución.
“Hoy, a tres años y medio de gestión, tengo la sensación de no haberme
equivocado. Porque encontramos un Morón que venía en caída libre y pudimos
frenarla, ordenar las prioridades y convertir a nuestro distrito en motor del
crecimiento regional. Hicimos todo esto en medio de la más profunda crisis
económica que debió soportar nuestro país y con sectores que permanentemente
nos ponían palos en la rueda porque no querían perder sus privilegios” (12).
“En los últimos días recibí con mucha emoción, la noticia que indicaba que
los principales diarios del mundo estaban hablando de Morón como un modelo de
gestión transparente y eficiente. No es un dato menor; los moronenses vivimos
con mucha vergüenza que a nuestro querido distrito se lo llame ‘capital de la
corrupción’” (13).
En efecto, el tema de la corrupción se hizo presente en reiteradas
oportunidades dentro de las columnas de los boletines de este período. A
principios de la gestión, la corrupción fue un tema clave que la ciudadanía
tenía entre sus prioridades. Sin embargo, a causa de la crisis y sus
consecuencias, la corrupción pasó a un segundo plano en estos meses volviéndose
un tema cliente.
No obstante, Sabbatella retomó el tema al utilizarlo como un eje a partir
del cual posicionar su candidatura para la reelección. Esta estrategia política
permitió tener en cuenta dos aspectos en forma simultánea; por un lado, ya se
mencionó el posicionamiento de su candidatura, por otro, la diferenciación de
sus competidores. Esos competidores eran los depositarios de la regulación
represión.
Fue así como atribuyó a la falta de transparencia y los gastos innecesarios
de gobiernos anteriores el escaso desarrollo del municipio y la grave situación
en la que el mismo se encontraba cuando él asumió. Así, las formas de
sustitución positiva como la transparencia, la austeridad y la eficiencia
cobraron un valor enorme en el contexto elaborado.
“Con esta intención asumí el gobierno de Morón en diciembre de 1999,
sabiendo del gran desafío que teníamos por delante luego de 12 años de
desgobierno, despilfarro de los dineros públicos y aprovechamiento personal o
partidario de la estructura del Estado” (14).
En el boletín de agosto de
“Nosotros, con mucho esfuerzo, pudimos demostrar que el mejor gobierno es
el que es capaz, junto a los vecinos, de combinar la eficiencia con la
transparencia, porque es imposible que estos dos caminos puedan ir separado.
Los corruptos no tienen como objetivo servir a la gente, sino servirse a ellos
mismos, y uno de los caminos principales para hacer una gestión eficiente es
ser honesto” (15).
“Hoy todos saben que nosotros podemos hablar de cloacas sin que los vecinos
piensen que algún corrupto está planeando un negociado, porque ya conocemos las
cloacas con el mal olor de los malos gobiernos anteriores” (16).
De esta forma, los temas ideológicos sustentados en la lucha contra la
corrupción, un tema cliente, sostenían la base de la solución de un tema clave,
como el de las cloacas.
Hasta aquí hemos realizado una descripción del discurso político del
intendente en cada momento socio-histórico en función de tres temas
fundamentales para esta gestión: la transparencia, la austeridad y la
eficiencia.
Del análisis se desprende que la paulatina construcción del mito de
gobierno, que queda cristalizado durante la campaña electoral de 2003, es el
resultado de una comunicación gubernamental de tipo incremental. Dicho mito de
un gobierno transparente, austero y eficiente fue el lente a través del cual el
discurso explicó a sus destinatarios cada uno de los problemas que vivía la
sociedad moronense. Al mismo tiempo, servía como posible solución a aquellos
problemas y eran objetivos pequeños que el gobierno municipal podía cumplir sin
grandes desembolsos de recursos económicos, o bien, políticos.
Durante los cuatro años, y a pesar de la variedad de obstáculos que se le
presentaron a la gestión de Sabbatella, la transparencia, la austeridad y la
eficiencia fueron tres elementos fundamentales que, además de coherencia, le
brindaron al discurso del intendente la posibilidad de diferenciarse e instalar
un mito de gobierno que lo legitime.
Conclusión
El análisis del discurso político del intendente de Morón, Martín
Sabbatella, durante su primer período de gobierno, nos ha mostrado que la
comunicación gubernamental se basó en el uso del incrementalismo entendido como
el tratamiento de temas marginales junto a un progresivo abordaje de los
distintos temas clave. El fin del incrementalismo es impedir la formación de
grandes expectativas y al mismo tiempo permitir la progresiva construcción del
mito de gobierno, es decir, de los lineamientos generales de la gestión.
La instalación de temas de agenda de tipo ideológico y cliente que supieron
ser corregidos o bien modificados en distintos contextos socio-históricos fue
la principal estrategia del discurso de Sabbatella. Ya sea en los inicios de la
gestión, o en medio de una crisis institucional, incluso durante la campaña
electoral, la columna del intendente en el boletín “El Municipio de Morón”
sostuvo los temas ideológicos propios del mito de gobierno que intentaba
construir, y los colocó dentro de sus prioridades.
En principio, los temas que formaban parte de las banderas políticas de
A partir de allí, el discurso del intendente comenzó situar a aquellos
temas como la solución a los nuevos desafíos. El constante planteo de la
relación de causa-efecto entre los problemas actuales y las gestiones
anteriores, sumado a la construcción de un contradestinatario que cargaba con
esas culpas, le brindaba a la gestión de Sabbatella los argumentos necesarios
para legitimar sus políticas de transparencia y austeridad económica, así como
su línea en pos de la participación ciudadana.
Más tarde, la grave crisis de representación que se cristalizó en el
estallido social de fines de 2001, agravada por la crisis económica que no
cedía, golpeó al gobierno de Morón, como a muchos otros. La institucionalidad
estaba en juego, y con ella la legitimidad del gobierno, herida por la caída
del gobierno nacional de mismo signo político.
El discurso puso el acento en lograr que la ciudadanía legitime las
acciones que el Estado municipal instrumentaba para enfrentar la crisis. En
consecuencia, los temas de la austeridad y la eficiencia ocuparon un lugar
prioritario en las columnas del intendente. El discurso proponía entonces a la
austeridad y a la eficiencia como las herramientas del gobierno para combatir
los problemas económicos, y paralelamente utilizaba dichos conceptos para
explicar la crisis. Es decir, la crisis era la consecuencia de la falta de
austeridad y eficiencia de las gestiones anteriores, y para afrontarla era
necesario justamente cambiar esa política.
Para reforzar la estrategia, el discurso manifestó un acercamiento del
gobierno municipal hacia los moronenses a través de la identificación de ambos
como víctimas indiferenciadas de aquellos gobiernos.
Finalmente, durante la campaña electoral, el discurso del intendente
instaló el tema de la corrupción trazando una línea divisoria en el mapa
político. De un lado, estaba la política transparente que su gestión, que el
discurso pretendía constituir como mito de gobierno; del otro, estaban sus
adversarios políticos que habían sido dirigentes o partidarios de las
administraciones anteriores acusadas de corrupción en reiteradas ocasiones.
Asimismo, el discurso finalizó imponiendo un tema clave en la agenda de
campaña: las cloacas. El anuncio de la próxima solución a este problema se
construyó como una simple consecuencia del tipo de política que el gobierno de
Sabbatella realizó desde 1999, es decir, una política transparente, austera,
eficiente y participativa.
En conclusión, los temas ideológicos de la gestión se constituyeron a lo
largo de los cuatro años de gobierno como los legitimadores del mismo. A partir
de ellos la intendencia pudo plantear sus objetivos y al mismo tiempo diferenciarse
de sus adversarios políticos.
Hasta aquí hemos intentado analizar la función legitimadora del discurso
político, a través del estudio de su construcción en el marco de la
comunicación gubernamental del municipio de Morón. Hemos descubierto que la
instalación de los temas de agenda y el posicionamiento de una gestión en un
espacio político determinado son uno de los caminos hacia la producción y
reproducción de la legitimidad que precisa cualquier gobierno para funcionar.
Sería necio afirmar que el discurso político logre legitimar una gestión
por sí solo. No obstante, sostenemos que una gestión a cualquier nivel de
gobierno debe elaborar un discurso en torno a una comunicación gubernamental
entendida como parte de la política, y no como un mero vehiculizador de
mensajes.
En un contexto social y político en el cual los partidos políticos
perdieron su capacidad de representar los intereses y las voluntades de grandes
grupos de personas, los gobiernos deben ocuparse de buscar otros canales de
legitimación. Uno de ellos es la comunicación gubernamental y el discurso
político que deviene de ella, con lo cual debe ser considerada como una
política de gobierno y debe ser pensada y construida como tal.
Notas
(1) El análisis y los resultados que dieron lugar al presente artículo
fueron obtenidos de la tesis de grado El
discurso político y la legitimación gubernamental. Análisis del discurso de
Martín Sabbatella, intendente de Morón, realizada por el autor durante 2007
y defendida en 2008 en
(2) Hasta abril de 2008, mes de finalización de la redacción del presente
artículo, el boletín “El Municipio de Morón” continúa siendo editado.
(3) En la obra de Verón, se establece una diferencia entre lo que el autor
define como formas nominalizadas y formas nominales. Dicha diferenciación
resulta de poco interés a los fines de este estudio con lo cual decidimos
unificar ambas categorías facilitando así su comprensión.
(4) El conjunto de elementos reguladores que utilizaremos en este estudio
deja fuera al denominado expulsión, un elemento que Díaz Barrado caracteriza,
pero que respecto del análisis que aplicamos a nuestro corpus de investigación
no posee la relevancia necesaria para ser tenido en cuenta.
(5) Boletín 6, párrafo 1.
(6) Boletín 6, párrafo 3.
(7) Boletín 9, párrafo 2.
(8) Boletín 26, párrafo 1.
(9) Boletín 28, párrafo 7.
(10) Boletín 29, párrafo 5.
(11) Boletín 30, párrafo 5.
(12) Boletín 41, párrafo 3.
(13) Boletín 42, párrafo 1.
(14) Boletín 41, párrafo 2.
(15) Boletín 42, párrafo 2.
(16) Boletín 42, párrafo 4.
Bibliografía
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oficialista ni opositor: más acá de la nacionalización de la campaña. La
significación del caso moronense” en Cheresky I. (Comp.) La política después de los partidos, Buenos Aires, Prometeo Libros,
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