LA IMPORTANCIA DE
LA DIFUSIÓN CULTURAL EN LA EDUCACIÓN,
CONSUMO Y
PRÁCTICAS CULTURALES DE LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA
DE LA UNIVERSIDAD
AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
Lucila Hinojosa Córdova y
Roberto Silva Corpus
Universidad
Autónoma de Nuevo León (México)
Resumen
La Universidad Autónoma de Nuevo León se ha propuesto
consolidar su proceso de desarrollo, en el que la planeación estratégica es
fundamental para que todas las dependencias tengan un rumbo definido a seguir,
donde los objetivos estratégicos, políticas, estrategias, programas y metas
aseguren el logro de una visión y misión institucionales. Por ello se plantea
contribuir al logro de una de las metas relevantes de su Visión 2012 y del Plan de
Desarrollo Institucional UANL 2007-2012: contar con un programa de
investigación que permita atender adecuadamente el consumo cultural de la
comunidad universitaria. El propósito fundamental de la investigación es
proporcionar información sobre los hábitos y prácticas culturales de la
comunidad universitaria, aportando con ello conocimiento acerca de las
actividades pertenecientes al ámbito cultural que desarrollan los docentes,
personal administrativo y estudiantes universitarios. Entre los propósitos
particulares de esta investigación están el obtener una estimación de la
demanda efectiva de productos culturales y lúdicos de la comunidad universitaria,
conocer sus niveles de participación en actividades culturales y de ocio, el
tiempo que dedican a estas actividades, sus preferencias de contenido y
motivación.
Palabras clave: consumo - prácticas culturales -
difusión cultural.
Introducción
El estudio del consumo cultural en México ha
vivido un desarrollo vertiginoso en la última década, fundamentalmente porque
ha sido estimulado desde disciplinas y ámbitos diversos y por una amplia gama
de demandas, que abarcan desde la búsqueda de democratización de las políticas
culturales hasta la mejor mercantilización de las industrias culturales (Rosas,
2001, p. 255). Mientras a principios de los años noventa del siglo XX era
notoria la inexistencia de investigaciones sobre públicos, consumo y recepción
de bienes culturales, a finales de la década, éstas no sólo han adquirido
centralidad en la agenda de los estudios sobre cultura y poder, sino que
también han pasado a ser un ingrediente clave en los procesos de producción al
interior de la industria cultural.
Por otra parte, en las dos
últimas décadas, la oferta de las industrias culturales se ha diversificado con
el acceso a la televisión paga, Internet y otros servicios de productos
transnacionales, ampliando las posibilidades de elección de información y
entretenimiento para los sectores socioeconómicos con mayor poder adquisitivo.
Sin embargo, como contraparte de la
adopción de las políticas económicas neoliberales globalizadoras y de la
ausencia de una política de Estado congruente y consistente con la promoción y
desarrollo de nuestras propias industrias culturales, su capacidad productiva
se ha visto disminuida, así como ha aumentado la brecha de acceso al consumo
entre los distintos sectores socioeconómicos del país.
Los dispositivos y servicios de
las nuevas tecnologías de la información y comunicación (Internet, MP3, IPOD,
banda ancha, laptops, teléfonos celulares, videojuegos, blogs, comunidades
virtuales) no sólo están expandiendo las capacidades tanto de los productores o
creadores de bienes y servicios creativos de contenidos simbólicos, sino que
también están transformando los hábitos de consumo y prácticas culturales de la
sociedad que los adoptamos y consumimos.
México es reconocido como uno de
los países más importantes en la generación de cultura y arte, incluso al mismo
nivel de países desarrollados con una amplia tradición cultural como Francia,
España, el Reino Unido o Italia. Sin embargo, y a pesar de la contribución de
las industrias culturales como factor de crecimiento económico, de desarrollo
humano, de generación de empleos, de producción de valor agregado, de
generación de contribuciones fiscales, no se le ha dado la suficiente
importancia para promover su impulso y crecimiento, ni se ha establecido una
política cultural que permita la equidad en el acceso y disfrute de los bienes
culturales generados por estas
industrias (Piedras, 2005, p. 21).
Nos encontramos así ante un
área de muy reciente impulso, prolífica no tanto en la cantidad de
investigaciones, pero sí en la diversidad de vetas que se han explorado y en
las metodologías puestas en práctica. Como señala Rosas (2001: 255), los
impulsos para el desarrollo de las investigaciones sobre consumo cultural han
provenido fundamentalmente de tres ámbitos: instituciones gubernamentales de
cultura, espacios académicos e industrias culturales, fundamentalmente porque
el diseño e implementación de las políticas culturales se desenvolvió a lo
largo del siglo en un contexto antidemocrático que consideraba innecesarias las
evaluaciones sobre su relación con las necesidades y demandas de los públicos.
Con contadas excepciones, las instituciones oficiales carecían de diagnósticos
que les permitieran formular, evaluar y reorientar con claridad sus políticas.
Los principales espacios en
los cuales se realizan estudios de consumo cultural en México son las
universidades y otros centros de investigación. Parte del impulso al desarrollo
de las investigaciones en esta área se ha dado por los recursos provenientes de
instituciones culturales gubernamentales y por la incursión ocasional de
algunos investigadores en estudios para industrias culturales, las
investigaciones atienden crecientemente no sólo los procesos de consumo, sino
también los espacios en que se desarrollan las prácticas cotidianas que
estructuran los usos sociales de la comunicación. En este sentido, se amplía la
perspectiva del consumo cultural, para entenderlo no sólo como la recepción de
un producto particular sino como el conjunto de procesos que atraviesan y
condicionan dicha recepción.
Hay diversas áreas en las que
los estudios sobre consumo y prácticas culturales pueden presentarse como
especialmente sugerentes y que están prácticamente inexploradas. Una de ellas es
la formación de públicos universitarios. Si tomamos en cuenta que los públicos
no nacen, sino se hacen, esto es, que son constantemente formados por la
familia, la escuela, los medios, las ofertas culturales comerciales y no
comerciales, entre otros agentes que influyen —con diferentes capacidades y
recursos— en las maneras en que se acercan o se alejan de las experiencias de
consumo cultural, las políticas de formación de públicos pueden ser elaboradas
a la luz de las investigaciones realizadas.
Hacen falta estudios, tanto a
los poderes públicos como a los agentes privados que intervienen en el campo
cultural, que ayuden a diseñar políticas culturales y las estrategias de
producción y de difusión cultural que faciliten la toma de decisiones en la
proyección de planes y programas institucionales. Para ello es necesario contar
con información no sólo de la oferta cultural de la que se dispone, sino de la
demanda de consumo y prácticas culturales de los diferentes grupos de una
comunidad.
Es en este contexto que la
Universidad Autónoma de Nuevo León, una de las universidades públicas de México
de mayor prestigio por la calidad de sus programas, se ha propuesto, como parte
del Plan de Desarrollo Institucional UANL
2007-2012, consolidar su proceso de desarrollo, ubicando como un objetivo
estratégico que se integra a la Visión
UANL 2012 el “Contar con un programa de investigación que permita atender
adecuadamente el consumo cultural de la comunidad universitaria” (Visión UANL 2012, Primera actualización, enero
2008, p. 27).
El propósito fundamental de la
investigación es proporcionar información sobre los hábitos y prácticas
culturales de la comunidad universitaria, aportando con ello conocimiento
acerca de las actividades pertenecientes al ámbito cultural que desenvuelven
los docentes, personal administrativo y estudiantes universitarios, por lo que
la investigación se considera conveniente en el marco institucional descrito.
Uno de los atributos
institucionales que se destacan en la Visión
UANL 2012 es el humanismo, el cual se busca que recorra transversalmente
los procesos educativos de la Universidad para una formación plena de los
estudiantes, una consolidación integral de los profesores y una capacitación
continua del personal administrativo.
De igual forma, uno de los
rasgos por los que esta Visión proyecta caracterizarse es el de desarrollar
programas de buena calidad para la atención y formación integral de sus
estudiantes, que además de contener aspectos propiamente disciplinarios,
incorporen elementos culturales, deportivos, recreativos, de salud y de
crecimiento personal que fomenten en ellos una vida sana, la creatividad, el
manejo de lenguajes y un mejor desempeño académico, entre otros aspectos. Por
otro lado, se espera que los profesores posean también una formación integral
que les permita no sólo la consolidación de su competencia académica, sino el
desarrollo de un perfil humanista acorde con el modelo educativo de formación
integral de la institución. De ello se desprende la utilidad práctica del proyecto
al obtener un diagnóstico de los perfiles de consumo cultural de la población
de estudio que permita la planeación institucional para atender a sus demandas.
Entre los propósitos
particulares de esta investigación están el obtener una estimación de la
demanda efectiva de productos culturales y lúdicos de la comunidad
universitaria, conocer sus niveles de participación en actividades culturales y
de ocio, el tiempo que dedican a estas actividades, sus preferencias de
contenido y motivación. Por ello, el estudio se extiende también a las
actividades que realizan en el tiempo libre.
Los resultados de la
investigación aportarán información valiosa para la elaboración de políticas
culturales institucionales de la Universidad que, inscritas transversalmente en
los objetivos estratégicos, estrategias y programas de la Visión UANL 2012, permitan considerar la diversidad y las
particularidades de estos hábitos de consumo y prácticas culturales en la
formación integral de los universitarios; también admitirán realizar análisis y
diagnósticos como parte de un programa continuo para atender adecuadamente la
demanda cultural de los universitarios; obtener indicadores que permitan hacer
comparaciones en el tiempo; realizar monitoreo y evaluación de iniciativas que se
implementen; y más allá, llevar a cabo una planeación que promueva la
producción y consumo culturales para una educación integral.
En este contexto, el propósito
general de este estudio es describir los hábitos de consumo y prácticas
culturales de la comunidad universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo
León, entendiendo como comunidad universitaria a los estudiantes
universitarios, docentes y personal administrativo que labora en la
institución. Para ello se pretende realizar un diagnóstico, mediante un sondeo
exploratorio, acerca de: la lectura de libros, diarios, revistas e
historietas o cómics; la asistencia a bibliotecas, archivos, museos, exposiciones y
monumentos; la
audición de música, la asistencia a conciertos, teatro, espectáculos de danza y
circo; las
audiencias de radio, televisión y cine, el uso y nuevos consumos de tecnologías
de la información y comunicación como la telefonía celular, IPOD, entre otros; los equipamientos
culturales en el hogar; la disponibilidad y actividades realizadas en el tiempo libre (dentro y
fuera del hogar) como deportes, viajes y turismo; el fútbol como fenómeno cultural; el uso de los
videojuegos; el aprendizaje
de idiomas extranjeros; la realización de cursos de aprendizaje alternativo y no formal; el acceso a la
información y socialización de la oferta cultural.
El sondeo se realizó mediante un
cuestionario que se aplicó a una muestra de 414 estudiantes, 237 docentes y 270
trabajadores administrativos, de las 26 Facultades de la UANL. Los universos de
estos estratos son 66.595 estudiantes, 3.541 docentes y 2.685 personal
administrativo, de acuerdo con información proporcionada por la Unidad de
Enlace y Transparencia de la propia institución al mes de abril de 2008. Las
preguntas estaban enfocadas a medir variables relativas al acceso a los
dispositivos del consumo, la frecuencia
de exposición, preferencias de contenidos y motivaciones hacia el consumo, así
como a los modos de informarse de la oferta cultural.
Existen pocos estudios sobre
oferta y consumo cultural en la ciudad de Monterrey, México, cuya universidad
estatal es la Universidad Autónoma de Nuevo León. Entre las instituciones que desarrollan
líneas de investigación sobre el tema se encuentra el Centro de Investigación
de
La investigación cultural en México
Al hablar de la investigación
cultural en México, Giménez (1999: 121)
señala que “el interés por el estudio de la cultura como objeto de una
disciplina específica y con una perspectiva teórico metodológica también
específica, es muy reciente en México y no se remonta a más de 20 años”. Sin
embargo, el estudio y análisis de la cultura se vislumbra al inicio de los Cultural Studies en el siglo XIX en Gran
Bretaña.
Snack, Whitt y McRobbie (citados
por Zalpa, 2000: 121) se pronuncian por una definición de los estudios
culturales en relación con una teoría general de la acción, en cuyo marco se
especifique el enfoque particular de lo cultural en el estudio de la realidad
social, al mismo tiempo que se relacionara con otras perspectivas teóricas.
Una de las características
principales de los Cultural Studies es
el equilibrio entre reflexión teórica e investigación empírica. En general,
según Zalpa (2000: 111) se puede decir que actualmente en Europa hay más
investigación empírica y en los Estados Unidos más contribuciones teóricas.
La investigación cultural en
México ha sido poco abordada por los investigadores en ciencias sociales y
humanidades. Nos encontramos ante la casi total ausencia de estudios regionales
sobre la cultura y que éstos se han desarrollado principalmente desde el ángulo
geográfico y económico, y escasamente desde el aspecto cultural. En México no
existe una historia cultural propiamente dicha que aborde su esencia a la luz
de una teoría de la cultura, y desde el punto de vista de una antropología (o
sociología) histórica; el trabajo se ha centrado en materia de historia del
arte, sin embargo, no existe ni se cultiva una sociología del arte o del gusto
estético. Una ponderación más cualitativa de las investigaciones culturales en
México debería evaluar su profundidad epistemológica, es decir, hasta qué grado
se movilizan la teoría y la metodología en los procesos de investigación
(Giménez, 1999: 126-128).
Los estudios sobre consumo
cultural son una vertiente, relacionando los procesos culturales con los
procesos de comunicación, en la que los Cultural Studies se manifestaron en
América Latina y México. Según Gómez (2006: 11), la década de 1980 fue intensa
para los estudios de la comunicación en América Latina y en México. La línea
fue buscar la visibilidad y legitimación de una comunidad de estudio; la
cultura fue una de las principales líneas para el análisis de la comunicación a
mitad de la década de 1990.
Hoy en día una de las
principales agendas de estudio en el escenario académico de América Latina y
México es el impacto que están teniendo en la cultura la llegada de las nuevas
tecnologías de información y comunicación y su creciente centralidad en ella,
lo que invita a la reflexión sobre la manera de organizar la trayectoria de lo
acontecido con el consumo cultural en la región y en el país (p. 28).
En su trayectoria histórica, los
estudios de consumo cultural en América Latina tienen cuatro etapas según Gómez
(2006: p. 12): un primer período de rupturas, donde el énfasis de los estudios
adopta rasgos de lo masivo urbano, lo popular, usos sociales de lo masivo y la
dominación como proceso de comunicación; un segundo período de emergencia,
donde los rasgos se orientan al abordaje de los medios en la experiencia
comunicativa de lo cotidiano, como estrategia de estudio la producción,
circulación y consumo, resultado de la hegemonía, y como campo estratégico la
participación, lo alternativo y lo popular;
una tercera etapa se define por mapas cuyos rasgos se caracterizan del
paso de los medios a las mediaciones, preguntas sobre lo popular, la
apropiación definida, el consumo, el capital cultural de cada sociedad, el
carácter integral de las transformaciones sociales, los sujetos sociales, los
usos sociales de la comunicación, el consumo y la lectura; en una cuarta etapa
surgen los modelos orientados al estudio de las políticas culturales, los
públicos de arte, modelos teóricos sobre el consumo cultural, el interés por la
recepción y el consumo, medios y globalización; y una quinta etapa de
renovación, donde el análisis se enfoca a los ciudadanos y consumidores, las
identidades por el consumo, el desplazamiento de la recepción al consumo y los
consumidores nómadas.
En este recorrido histórico son
clave las contribuciones de Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini,
quienes aportaron elementos para ubicar el entorno, tanto social, histórico y
cultural como académico, de donde surgió la propuesta de investigar los
consumos culturales.
Las áreas de estudio que se han
privilegiado, según una sistematización elaborada por Raúl Fuentes Navarro
(citado por Gómez, 2006: 35) son: consumo de medios, espacio público, usos y
prácticas, apropiación del arte y patrimonio, y sujetos sociales.
De igual forma, el consumo
cultural se vincula con los siguientes conceptos: recepción, uso social,
audiencia, exposición, hábitos y preferencias, entretenimiento, tiempo libre, y
cotidianeidad. Finalmente, al hablar de consumidores, se les relaciona con:
público, receptor, audiencia, espectadores.
La investigación del consumo
cultural ha logrado crear una serie de mapas y modelos con los cuales se
pretende observar la realidad cultural y social e intervenir en ella, como la
propuesta de los modelos de consumo cultural de Néstor García Canclini (1993).
El estudio del consumo se
trabaja de manera muy cercana con la recepción, las audiencias y los públicos.
En el nivel micro se habla de las prácticas, los usos, los hábitos o las
preferencias de los sujetos. Las experiencias de consumo están referidas a la
televisión y las nuevas tecnologías con sujetos confinados al interior de un
hogar, es decir, una concentración de los consumos. Se ha abandonado el estudio
de otros consumos: arte, música, patrimonio, o de actividades en espacios
externos o de grupos (Delgado, 2007: 47).
Sobre las políticas culturales…
En el Programa Nacional de Cultura 2007-2012,
En correspondencia
con el Programa Sectorial de Educación se establecieron ejes transversales a
partir de los cuales se diseñan las estrategias de la política cultural. Estos
ejes contribuyen a la conservación de nuestro rico patrimonio cultural, al
fomento de las artes y a todas las expresiones de la cultura, y a difundirlos
con la mayor amplitud en México y el mundo. El Gobierno de
Nuevos conceptos
sobre sectores como el de las industrias culturales (cinematográfica,
televisiva, radiofónica, fonográfica, editorial, de diseño, de artesanías,
entre otras); nuevas definiciones como las correspondientes a la diversidad
cultural y al valor del patrimonio inmaterial, antes denominado “intangible”
por
Por ello se ha
vuelto necesario rediseñar estrategias e involucrar en el quehacer cultural a
otras que son de enorme importancia como la promoción de la lectura y la
necesidad de estimular la apreciación artística en los niños y jóvenes.
Ciertamente, en ambos casos se ha comprobado que no todo es responsabilidad de
la escuela, y en el caso de la lectura, de las políticas editoriales y
bibliotecarias gubernamentales puestas en práctica hasta ahora, cada vez es más
urgente la participación comprometida de la familia y de la sociedad. No es
necesario insistir en el valor que tiene la lectura como fuente de gozo, de
entretenimiento y de conocimiento, al que sólo puede llegarse una vez que el
niño y el joven han hecho suyo el placer de la lectura.
La política cultural
de los próximos años debe contribuir a la comprensión fundamental de que las
industrias culturales y la producción y promoción del arte y la cultura ofrecen
condiciones y potencialidades para el desarrollo económico de municipios,
estados y regiones, y del país en su conjunto, lo cual ya sucede en la
actualidad. Las expresiones culturales inciden indiscutiblemente, a través de
la generación de empleos en la mayoría de los casos permanentes, en la mejoría
del desarrollo humano y de las condiciones socioeconómicas de la población.
Esta importancia se acrecienta con los cambios en las estructuras laborales, la
ampliación del tiempo libre y el proceso de cambio en la dinámica de la
pirámide poblacional. La cultura, adicionalmente, es también un elemento de
gozo y disfrute del tiempo libre.
Las tareas de
investigación y formación de capital humano han generado aportes fundamentales
en el conocimiento del patrimonio cultural en las áreas antropológicas,
históricas y artísticas y brindado un referente cada vez más claro a las
instituciones culturales y a la sociedad sobre la enorme magnitud de las tareas
de conservación, recuperación, promoción y difusión (PNC 2007-2012: 16-17).
El Gobierno de
Por otra parte, el Consejo para
Podemos decir que este organismo se ha esforzado en liderar una nueva
estructura en época de crisis y cambio, consciente de la necesidad de integrar
una visión y un proyecto que manifieste las nuevas formas y expresiones de la
sociedad.
Para cumplir con esta misión, el Consejo ha implementado entre sus
políticas culturales el promover y apoyar artistas, investigadores y
promotores; democratizar los procesos culturales; conjugar esfuerzos públicos y
privados para establecer esquemas de coparticipación y coproducción
cultural; ofrecer opciones y
alternativas culturales a toda la sociedad, entre otras.
En cuanto a la Universidad
Autónoma de Nuevo León, se mencionó en la Introducción a este trabajo que entre
sus objetivos estratégicos se encuentra el
“contar con una programa de investigación que permita atender adecuadamente
el consumo cultural de la comunidad universitaria” (Visión 2012, Primera Actualización, enero 2008, p.27).
Esta iniciativa se fundamenta en
las políticas de un Plan de Desarrollo Institucional que con respecto a
fortalecer la difusión de la cultura y el arte señala entre otros aspectos:
asegurar que los programas institucionales de extensión de la cultura y el arte
guarden consistencia con las condiciones del entorno, y que se encuentren
sustentados en el consumo cultural de la comunidad universitaria.
Uno de los objetivos que se
propone la UANL para llevar a cabo los programas institucionales con respecto a
la difusión y extensión de la cultura y el arte es promover la cultura, el arte
y las humanidades en apoyo a la formación integral de los estudiantes, al
desarrollo de la comunidad universitaria y de la sociedad en general.
Para el logro de estos objetivos
y como una de las estrategias para consolidar el Programa de Difusión de
Estas estrategias constituyen el
marco explícito de acción que es necesario impulsar y desarrollar para el logro
de los objetivos estratégicos del Plan, así
como de las aspiraciones institucionales enmarcadas en
La importancia de la difusión cultural en la promoción de la educación,
consumo y prácticas culturales de los públicos universitarios
Ninón Jegó (2004, pp. 63-71)
señala que la responsabilidad de
El punto central de la discusión
no ha sido la falta de programas o proyectos de extensión, sino el escaso
impacto de estas acciones que deberían tener un correlato entre cantidad y
efecto, en la comunidad donde se desarrollan. Con mucha frecuencia se escuchan
las voces de los actores y productores de actividades académico-culturales,
insatisfechos por la falta de compromiso de la comunidad, que se expresa en la
falta de audiencia en las actividades, en la poca participación en los debates,
en el escaso interés por acercarse a la universidad con el propósito de
participar de las actividades destinadas expresamente para la comunidad.
La sociedad espera recibir a
través de la extensión las interpretaciones que
En cuanto a la extensión y
comunicación, si aceptamos que la difusión cultural o extensión universitaria
tiene como objetivo primordial el enviar mensajes significativos a la
comunidad, en tal sentido, cualquiera que sea la índole del contenido del
mensaje, necesariamente deberá cumplir con un mínimo de consideraciones para
lograr un razonable nivel de eficiencia, esto es, ser recibido, ser comprendido
y tener posibilidad de provocar una respuesta. En primer término, habría que
destacar que para que el proceso comunicativo tenga efecto es menester que el
perceptor tenga alguna posibilidad de estar expuesto al mensaje, algo tan obvio
y, sin embargo, dejado de lado en muchas oportunidades.
Por su parte, Laura Regil Vargas
(2004, pp. 55-62) destaca que nuestras universidades formarán mejores
individuos en la medida en que concibamos a la difusión cultural como un
proceso constante para la promoción del desarrollo integral y la actualización
de las y los alumnos y de las y los docentes, así como una forma de vinculación
con el entorno, mediante la extensión de los servicios. Por ello, la difusión
cultural se debe entender como actividad académica orientada hacia la formación
de la sensibilidad, de la creatividad y del espíritu crítico.
Haciendo una crítica a la
situación actual que vive la difusión cultural en las universidades, la autora
destaca que hasta hace unos años, la difusión cultural era considerada una de
las tres funciones sustantivas de
Frente a esto, Gijón propone
cuatro estrategias que permitan fortalecer el ejercicio de la difusión cultural
en las universidades: a) acercar e incorporar a las y los alumnos en el diseño
de políticas culturales; b) formar profesionales de la difusión; c) crear, de
manera conjunta, políticas de difusión; y d) vincular a la difusión con la
docencia y la investigación.
Abundando sobre estas
estrategias, la autora señala comenzar por propiciar y fortalecer el encuentro
entre las y los promotores culturales y ese colectivo amorfo llamado público,
involucrar a las y los destinatarios de las acciones culturales ayuda a conocer
sus carencias, intereses y necesidades.
Es necesaria, enfatiza, la
formación de promotores culturales, con especialidad en diversas áreas como artes
plásticas, artes escénicas, cine, literatura, etc. En términos generales, la
idea es diseñar políticas de difusión orientadas a emprender acciones que
apunten al enriquecimiento de todas las inteligencias, incluido el gusto
estético, en pro de la imaginación creadora, la sensibilidad y la reflexión
crítica, para promover la innovación y la creación de propuestas científicas,
culturales y estéticas. Se trata, concluye, de políticas culturales encaminadas
hacia una participación comprometida y bidireccional.
Para alcanzar tal integración e
integridad es fundamental nutrir a la educación formal con elementos de la
educación informal, así se favorece la educación continua, donde la difusión
cultural, la actualización y la extensión de los servicios universitarios
tienen un importante cometido.
En otro trabajo, Bernardo Navarro Benítez (2004, pp. 79-84)
nos explica los retos a los que se enfrenta la difusión cultural en el actual
contexto universitario. El autor señala que en Estados Unidos, Francia, Inglaterra
y Alemania, aunque dedican presupuestos diferenciados hacia la promoción y
difusión de la cultura propia, éstos han sido y son parte de las estrategias de
posicionamiento exitoso dentro de la globalización, colocando sus capitales y
empresas globales acompañadas de iniciativas culturales.
Ni siquiera puede afirmarse que
en nuestros países las políticas neoliberales, incluso en sus etapas más
beligerantes, despreciaron la promoción cultural, baste recordar las
iniciativas culturales del presidente Carlos Salinas de Gortari con la creación
del Consejo Nacional para
Lo que sí conllevaron las
políticas neoliberales para la cultura en México fue la sustitución de los
encargados de su gestión y del perfil del funcionario responsable de la administración
cultural, a la par, el contenido y las formas de las políticas cambiaron con
los nuevos tiempos, siendo probablemente la tendencia más grave de entonces la
creciente privatización no sólo de los productos y espacios culturales, sino
también de su emisión, gestión y direccionalidad.
Los consorcios promocionales,
los monopolios televisivos e, incluso, los patronatos tuvieron una importancia
decisoria en las iniciativas, contenidos y prioridades de las opciones
culturales, los productos culturales se segmentaron y estratificaron aún más,
buscándose privilegiadamente los nichos solventes de usuarios-consumidores.
Paralelamente, el reajuste de la
economía significó elevadas tasas de inflación que encarecieron libros y
grabaciones, así como la inmensa mayoría de los productos culturales, para
hacerlos paulatinamente artículos de lujo para amplios sectores de la
población.
Probablemente uno de los efectos
más negativos del período reseñado para las familias urbanas mexicanas, y de
algunas ciudades latinoamericanas, fue el enclaustramiento doméstico que
influyó también en los consumos culturales.
La asistencia a espacios
públicos para presenciar espectáculos, exposiciones y otras actividades fue
disminuyendo paulatinamente debido al deterioro de la calidad de vida de las
familias y la inseguridad en aumento, provocando que el tiempo libre fuera
aprovechado en los hogares, con la adquisición de videocaseteras para disfrutar
de las películas rentadas y las antenas parabólicas en los hogares con más
altos ingresos.
Las nuevas tecnologías también
establecieron exigencias emergentes para estos consumos alternativos de
entretenimiento y cultura: televisores
con pantallas más grandes y mejor sonido, reproductores y home theaters, televisión por cable, sin
contar con los juegos electrónicos e informáticos para jóvenes y niños.
Lo anterior significó de entrada
una estratificación y exclusión significativa para diversos sectores sociales,
ya que algunos quedaron marginados y otros sólo paulatina y limitadamente
pudieron incorporarse a estos consumos emergentes reduciendo otros consumos
necesarios. Situaciones que agravan las carencias culturales acumuladas al
respecto.
Avance de resultados
La Universidad Autónoma de Nuevo
León cuenta con cuatro órganos de difusión institucionales que son el periódico
quincenal Vida Universitaria, Radio UANL
89.7, XHMNU-TV Canal 53 y el sitio de la página electrónica www.uanl.mx. Algunas dependencias cuentan
también con sus propias publicaciones, un recuento de las cuales está en
proceso, al igual que una radiografía de la oferta cultural universitaria. La
mayoría de las dependencias cuenta con un departamento de difusión cultural, el
cual realiza las actividades de promoción, difusión y extensión de sus
actividades culturales.
En este apartado se presentan
algunos avances de los resultados del diagnóstico en torno al rubro de la
difusión cultural de la oferta universitaria.
Tabla 1
Órgano de difusión por el que se entera la comunidad universitaria
de la UANL de la oferta cultural
|
|
Estrato al que pertenece el entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/no contestó |
70 |
30 |
39 |
139 |
|
Periódico Vida Universitaria |
140 |
121 |
105 |
366 |
|
|
Radio UANL 89.7 |
23 |
12 |
17 |
52 |
|
|
XHMNU-TV Canal 53 |
13 |
3 |
5 |
21 |
|
|
Página Web de la UANL |
112 |
51 |
71 |
234 |
|
|
Otro |
56 |
20 |
33 |
109 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Tabla 2
Conoce el periódico Vida
Universitaria
|
|
Estrato al que pertenece el entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/ no contestó |
0 |
0 |
1 |
1 |
|
Si |
304 |
201 |
217 |
722 |
|
|
No |
110 |
36 |
52 |
198 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Tabla 3
Frecuencia con que escucha radio UANL 89.7
|
|
Estrato al que pertenece el entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/ no contestó |
0 |
8 |
5 |
13 |
|
Más de una vez por semana |
14 |
15 |
10 |
39 |
|
|
Una vez por semana |
16 |
23 |
18 |
57 |
|
|
Una vez cada 15 días |
5 |
8 |
5 |
18 |
|
|
Una vez por mes |
15 |
9 |
9 |
33 |
|
|
Menos de una vez por mes |
13 |
2 |
6 |
21 |
|
|
Casi nunca |
119 |
74 |
80 |
273 |
|
|
Nunca |
232 |
98 |
137 |
467 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Tabla 4
Frecuencia con que ve Canal 53
|
|
Estrato al que pertenece el entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/ no contestó |
0 |
6 |
4 |
10 |
|
Más de una vez por semana |
9 |
17 |
5 |
31 |
|
|
Una vez por semana |
14 |
26 |
17 |
57 |
|
|
Una vez cada 15 días |
12 |
8 |
11 |
31 |
|
|
Una vez por mes |
23 |
8 |
17 |
48 |
|
|
Menos de una vez por mes |
19 |
12 |
11 |
42 |
|
|
Casi nunca |
138 |
82 |
86 |
306 |
|
|
Nunca |
199 |
78 |
119 |
396 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Tabla 5
Frecuencia con que visita la página de la UANL
|
|
Estrato al que pertenece el entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/ no contestó |
0 |
9 |
6 |
15 |
|
Más de una vez por semana |
36 |
54 |
27 |
117 |
|
|
Una vez por semana |
70 |
60 |
62 |
192 |
|
|
Una vez cada 15 días |
40 |
15 |
28 |
83 |
|
|
Una vez por mes |
89 |
21 |
47 |
157 |
|
|
Menos de una vez por mes |
62 |
15 |
24 |
101 |
|
|
Casi nunca |
73 |
48 |
49 |
170 |
|
|
Nunca |
44 |
15 |
27 |
86 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Tabla 6
Oferta cultural de la que le gustaría recibir información
|
|
Estrato al que pertenece el
entrevistado |
Total |
|||
|
Estudiante |
Docente/investigador |
Personal administrativo Estudiante |
|||
|
|
No aplica/ no contestó |
0 |
0 |
5 |
5 |
|
Presentaciones de libros |
102 |
77 |
72 |
251 |
|
|
Eventos musicales |
118 |
45 |
59 |
222 |
|
|
Exposiciones de arte |
31 |
21 |
22 |
74 |
|
|
Conferencias |
39 |
32 |
32 |
103 |
|
|
Cursos y seminarios |
48 |
32 |
27 |
107 |
|
|
Eventos deportivos |
26 |
5 |
15 |
46 |
|
|
Teatro y danza |
30 |
11 |
18 |
59 |
|
|
Eventos académicos
|
20 |
14 |
20 |
54 |
|
|
Total |
414 |
237 |
270 |
921 |
|
Conclusiones preliminares
De estos resultados se puede
adelantar un análisis preliminar, a reserva de desarrollarlo de manera más
concluyente al terminar la fase de recopilación de datos del total de la
muestra.
El 78.4% de la muestra dijo
conocer el periódico Vida Universitaria.
El 39.7% de la muestra dijo
conocer la oferta cultural universitaria a través del periódico Vida Universitaria.
El 25.4% contestó conocer esta
oferta a través de consultar la página electrónica de la UANL.
Sólo el 5.6% y el 2.3% dijeron conocer
la oferta cultural a través de la estación de radio y de televisión
universitarias, respectivamente.
El 50.7% de la muestra contestó
no escuchar nunca la frecuencia de la radio universitaria, el 29.6% casi nunca
y sólo el 6.2% dijo escucharla al menos una vez por semana.
El 43% de la muestra dijo no ver
nunca el canal de TV universitario, el 33.2% casi nunca y sólo el 6.2% lo ve al
menos una vez por semana.
El 20.8% contestó consultar la
página electrónica de la UANL al menos una vez por semana y el 17% una vez al
mes, en contraste con un 18.4% que dijo que casi nunca la consulta.
Al 27.2% le gustaría recibir
información sobre presentaciones de libros, al 24.1 sobre eventos musicales y
al 22.8% sobre conferencias, cursos y seminarios.
En algunos de estos resultados
se observan ya tendencias interesantes. Por ejemplo, el que más de las tres
cuartas partes hayan dicho que conocen el periódico Vida Universitaria debe llamar a hacer la recomendación para hacer
de este órgano de difusión el canal institucional para la difusión y extensión
de la oferta cultural universitaria.
Por otra parte, también conviene
hacer una revisión a fondo de la operación de las estaciones de radio y TV
universitarias, para detectar las causas de su escasa atención por parte de la
comunidad universitaria. Son dos medios que podrían ser también canales para la
difusión y extensión de las actividades culturales de la Universidad.
Interesante es que al 27.2% de
la muestra le gustaría recibir información sobre presentaciones de libros, la
opción con mayor preferencia. Como quiera, los jóvenes estudiantes
universitarios seleccionaron como primera opción de interés el recibir
información sobre eventos musicales, con un 12.8% sobre el 11% que contestó
preferir sobre presentaciones de libros. Los docentes y personal administrativo
seleccionaron que les gustaría recibir información sobre presentaciones de
libros como primera opción.
De lo anterior se puede
adelantar que los resultados de esta investigación llaman a poner más atención
al papel fundamental que desempeñan los órganos de difusión en la socialización
de la oferta cultural universitaria, y a reforzar y mantener con calidad la
capacidad de convocatoria que tiene algunos y revisar la poca visibilidad que
tienen otros en su importante misión de informar. Observaciones,
recomendaciones y sugerencias más fundamentadas se presentarán al concluir la
fase de diagnóstico de este estudio.
Bibliografía
Almanza, V. (2005,
octubre-noviembre). Los estudios sobre consumo cultural: algunas observaciones
metodológicas. Razón y palabra, 47.
Disponible en: http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n47/valamnza.html.
Recuperado el 12 de abril de 2006.
Delgado,
N. “Veinte años no es nada para el estudio del consumo cultural en México”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, XIII,
(025), 41-48.
Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales. México, D. F., México:
CONACULTA, Primera edición, 2004.
García Canclini, N. Culturas
Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México:
Grijalbo, 2004.
García Canclini, N. Consumidores y
Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. México:
Grijalbo, 1995.
García Canclini, N. Los Nuevos
Espectadores. Cine, Televisión y Video en México. México IMCINE/CONACULTA,
1994.
García Canclini, N. “El consumo cultural en México: una propuesta
teórica”. El Consumo Cultural en México. México:
CONACULTA, 1993.
García, N. y C. Juan Moneta. Las Industrias Culturales en la Integración
Latinoamericana. México: Grijalbo, 1999.
Giménez, G. “La Investigación Cultural en México. Una aproximación”. Perfiles Latinoamericanos, 15, 119-138.
Gómez, H. “Figuras del pensar: los estudios sobre el consumo cultural en América
Latina y la organización del campo académico de la comunicación en México”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, XII
(023), 9-43.
Hinojosa, L. El
cine mexicano. La identidad cultural y nacional. México: Trillas, 2007.
Hinojosa,
L. “Una historia local en el horizonte mundial: El cine mexicano en Monterrey”, en
J. C. Lozano (editor), Global
Media Journal en Español, Vol. 4, Núm. 8. Disponible en: http://gmje.mty.itesm.mx/
Hinojosa, L. “El cine mexicano y el Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN): un análisis multidimensional”, en A.
Peimbert y R. Gómez (eds.), Comunicación
para el desarrollo en México. Libro colectivo AMIC 2006, (pp. 307-350).
México: AMIC y Universidad Latina de América.
Hinojosa, L. “El cine mexicano: un caso de recepción
cinematográfica”, en LOGOS CC, Año 3,
No. 2, Vol. 3, 43-52.
Hinojosa, L. El
cine mexicano. De lo global a lo local. México: Trillas, 2003.
Hinojosa, L. “El cine mexicano y su público en
Monterrey: un análisis sobre la exhibición y los espectadores de
Jegó, N. “Universidad y Difusión Cultural”. Reencuentro. Análisis de problemas universitarios, abril 2004, 039,
63-71.
Lozano, J. C. “El consumo y la
apropiación de contenidos extranjeros en México”. En J. C. Lozano (Ed.), La comunicación en México: diagnósticos, balances y retos (167-188).
México, D. F., México: CONEICC/ITESM, 2005.
Lozano, J. C. y Martínez, F. Reporte del audiovisual en México:2005,
Centro de Investigación en Comunicación e Información ITESM Campus Monterrey,
Cátedra de Investigación en Medios Audiovisuales y Globalización en América Del
Norte, Departamento de Comunicación y Periodismo de la División de Humanidades
y Ciencias Sociales, México: ITESM, 2006.
Lozano, J. C. y Martínez, F. Reporte del audiovisual en México: 2006,
Centro de Investigación en Comunicación e Información ITESM Campus Monterrey,
Cátedra de Investigación en Medios Audiovisuales y Globalización en América Del
Norte, Departamento de Comunicación y Periodismo de la División de Humanidades
y Ciencias Sociales, México: ITESM, 2007.
Mattelart, A. y E. Neveu. Introducción
a los Estudios Culturales. Barcelona: Paidós, 2004.
Navarro, B. “Retos de la Difusión Cultural en el actual contexto
universitario”. Reencuentro, 039,
79-84.
Piedras, E. “Industrias culturales en México: una
actualización de los cálculos al 2003”. Este País, 203, 26-27.
Piedras, E. “Crecimiento y desarrollo económicos
basados en la cultura”. En Las industrias culturales y el desarrollo de
México. México, D. F., México: SRE/FLACSO/Siglo XXI Editores, 2006.
Piedras, E. ¿Cuánto
vale la cultura? Contribución económica de las industrias culturales protegidas
por el derecho de autor en México. México: CONACULTA, 2004.
Plan de Desarrollo
Institucional UANL 2007-2012, octubre 2007, Ciudad
Universitaria, Monterrey, N. L.
Programa Nacional de Cultura
2007-2012, México: CONACULTA, Primera edición 2007.
Regil, L. “Difusión Cultural Universitaria: entre el ocaso y el porvenir”.
Reencuentro, abril, 039, 55-62.
Rosas, A. “Los estudios sobre consumo cultural en México”. En D. Mato
(coord.), Estudios y otras prácticas
intelectuales latinoamericanas en cultura y poder. Caracas: CLACSO y CEAP,
FACES, pp. 255-264. Disponible en: http://www.globalcult.org.ve/pdf/RosasMantecón.pdf
Visión 2012 UANL, Primera Actualización, enero 2008, Ciudad Universitaria, Monterrey, N. L.
Zalpa, G. “Cultural Studies: ¿Un
campo para todos los gustos? Estudios
sobre las Culturas Contemporáneas, V (010), 109-126.