PRECARIEDAD
LABORAL: UNA APROXIMACIÓN EMPÍRICA
A
PARTIR DE LA ENCUESTA PERMANENTE DE HOGARES
Universidad
Nacional de La Plata (Argentina)
Resumen
El presente trabajo surge de la
investigación de mi tesis para la obtención de
La precariedad laboral es un fenómeno
social que ha tomado relevancia en las últimas décadas debido a su creciente
presencia en el mercado de trabajo argentino. El proceso de precarización se
manifiesta a través de aspectos económicos, sociales y jurídicos que se
integran conformando un proceso dinámico. Este concepto remite al universo de
los trabajadores asalariados ya que el modo de contratación deriva de la
relación entablada entre los trabajadores y sus empleadores, estableciéndose
así una relación de dependencia.
El período estudiado para analizar
empíricamente dicho fenómeno, de 1997 al 2006, nos muestra una creciente
precarización del trabajo asalariado, si bien el instrumento utilizado para
medirla,
De esta manera, la precariedad laboral
se instala como un fenómeno característico del mercado de trabajo actual en la
Argentina, y resulta, dadas las condiciones estructurales, difícil derribarla.
Palabras
clave: Estado - Reformas Estructurales - Reforma Laboral – Empleadores - Mercado
de Trabajo - Flexibilidad - Asalariados - Inestabilidad - Inseguridad -
Precariedad Laboral.
Introducción
“En la Grecia y Roma
clásicas (...) quien tenía que trabajar no sólo no era libre, sino que tampoco
era miembro de la sociedad. (...) La sociedad se definía como un mundo opuesto
al trabajo y se llenaba de contenido a través del arte del debate público, del
ocio y de la acción política (...).
Si en aquel tiempo el
trabajo excluía al individuo de la sociedad, en las sociedades modernas se ha
convertido en un valor nuclear e integrador, prácticamente sin alternativa
alguna (...).
En este sentido, la
modernidad representa una verdadera revolución. A partir de entonces, el
individuo se define precisamente mediante lo que en la antigüedad significaba exclusión
de la sociedad: mediante el trabajo remunerado (...)” (Beck Ulrich, 2000)
La cuestión del empleo en el mundo capitalista es un hecho particularmente importante ya que le proporciona al hombre
los medios necesarios para poder alimentarse, reproducirse y desarrollar su
vida socialmente. Es decir, un empleo no sólo le permite obtener ingresos para
asegurarse el acceso a los medios de subsistencia y reproducir la fuerza de
trabajo, sino que además los seres humanos adquieren una identidad social
generando relaciones de solidaridad e intercambio con otras personas,
estableciendo entre sí derechos y deberes.
“El trabajo ha sido y es la vía legítima de satisfacción de necesidades, ya
que es a cambio de él que los no propietarios obtienen un ingreso. Fue el
reconocimiento del carácter productivo del trabajo (el hecho de que agregara
valor) lo que lo convirtió en algo apreciado por las sociedades, para las que
no daba lo mismo que la gente trabajara o no, ya que el trabajo de sus miembros
es la fuente de generación de riqueza” (Danani Carlos, 2006).
De este modo, en las sociedades modernas capitalistas uno de los principales
espacios para alcanzar la seguridad socio-económica de las personas se
encuentra en el mercado de trabajo remunerado. En ellas, el empleo remunerado
ha sido el camino para la posibilidad tanto de un ingreso monetario, como de
una red de seguridad social en sentido más amplio (beneficios jubilatorios,
obra social, indemnización por despido, vacaciones pagas, etc.). Robert Castel
(1997) define estas sociedades como asalariadas en el sentido que mediante la
efectivización del derecho al trabajo se garantiza el bienestar de sus
miembros.
La situación del mundo del trabajo a
escala global, pero particularmente en los países periféricos, ha cambiado de
forma considerable en las últimas décadas. Pasó de ser preponderantemente un
universo inclusivo como actor de integración social, a transformarse en una vía
restringida, que condena a amplios sectores de la población a vivir en la
marginación, tanto material como simbólica de la vida en sociedad.
“Pero no sólo se caracteriza ahora el
mundo del trabajo por la exclusión social a la que condena a todos aquellos a
los que priva de su ingreso, sino por la precariedad de las condiciones laborales
que somete a la mayoría de los trabajadores incluidos” (De la Garza Toledo
Enrique, 2002). De esta manera, los trabajadores se encuentran presionados a
aceptar cualquier disminución en la calidad de sus empleos, si quieren seguir
perteneciendo al sector que se hayan integrado.
“La desregulación de las relaciones
laborales se ha vuelto más intensiva, conduciendo a formas de flexibilización
que se sustraen al poder negociador de los sindicatos y lo debilitan estratégicamente”
(Beck Ulrich, 2000). Los empleadores así, tienen cada vez más poder para
presionar por cambios favorables para ellos con respecto al monto salarial, la
estabilidad del empleo, el descuento jubilatorio, etc., sobre el trabajador que
se contrata. “De este modo, el trabajador permanente cede paso al trabajador
contratado, la estabilidad a la temporalidad, la dedicación completa a la
dedicación parcial, la movilidad social generacional e intergeneracional a la
estratificación” (Bialakowsky Alberto y Hermo Javier, 1998). En este sentido,
se observa una ruptura del concepto de empleo ligado al derecho del trabajo,
dando lugar a una mayor inseguridad e incertidumbre debido a las condiciones de
mayor precariedad laboral que se establecen para el trabajador.
Debido a esta ruptura, consideramos de
suma importancia estudiar el tema de la precariedad laboral, ya que es un
fenómeno contemporáneo que en las últimas décadas ha crecido y se ha expandido
en el mercado de trabajo, afectando de manera desfavorable a los trabajadores
tanto en su vida laboral como social.
Evidencias de la precariedad laboral
“El nuevo contexto institucional (dentro del cual la legislación laboral
ocupa un lugar preponderante),
conspiró no sólo contra la mayor creación de empleo en el largo plazo,
sino que promovió la creación de empleo de tipo precario
(inestable, con jornadas de extensión
atípicas, etc.)”
(Battistini Osvaldo, Féliz Mariano y Deledicque Melina, 2002)
Luego del análisis sobre el concepto de precariedad laboral y el contexto
económico y legal que impulsó su desarrollo, en este capítulo queremos observar
empíricamente el comportamiento de este fenómeno en el mercado de trabajo,
realizando una aproximación estimada.
Este análisis empírico se hará a través de la información contenida en las
bases de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Instituto
Nacional de Estadística y Censo (INDEC), a partir del año 1997 hasta el 2006 a
nivel nacional.
El período de estudio elegido desde el cual comenzar nuestro análisis fue
el año 1997 ya que consideramos que es a partir de este año en que los efectos
de las reformas estructurales en el mercado de trabajo terminan por
efectivizarse y profundizarse en el mismo, coincidiendo con los dos últimos
años de gobierno que las llevó a cabo (la presidencia de Carlos Menem). De esta
manera, observaremos si la lógica de estos efectos en el mercado de trabajo se
ha modificado o permanece hasta nuestros días.
La fuente de información
La fuente de información elegida fue la Encuesta Permanente de Hogares
(EPH) ya que tiene por objetivo relevar las características sociodemográficas y
socioeconómicas de la población, identificándola por su participación en la
producción de bienes y servicios y en la distribución del producto social. Esta
es la más importante fuente de información para observar el comportamiento del
mercado de trabajo de nuestro país. Además se aplica periódicamente, lo que
permite tener información actualizada.
En su modalidad original se ha venido aplicando desde 1973 mediante la
medición puntual de dos ondas anuales (mayo y octubre). A partir de 2003, la
EPH pasa a ser un relevamiento continuo que produce datos con frecuencia
trimestral y semestral. (INDEC, Información de Prensa, 2005).
Estos cambios metodológicos realizados por el INDEC se implementaron a
partir de la presencia de distintas condiciones laborales que no podían ser
captadas con mayor profundidad por la encuesta, entre ellas la precariedad
laboral, lo que significó poder percibirla con mayor claridad.
No obstante, sigue sin poder captar algunas de las condiciones consideradas
previamente en el primer capítulo para describir la precariedad (como las condiciones
del ambiente laboral, el respeto por parte de los superiores del horario de la
jornada de trabajo, si tienen la opción de elegir el período de vacaciones, si
reciben capacitación laboral, si pueden sindicalizarse o realizar huelga o si
cada uno tiene asignado una función específica o deben realizar múltiples
tareas, entre otras).
Dadas estas restricciones de la fuente de información, se deduce que el
fenómeno, tal cual buscaremos operacionalizarlo empíricamente, puede estar subestimado
en su incidencia.
Debido a los mencionados cambios metodológicos que realizó el INDEC en la
EPH a partir de 2003 para captar más sensiblemente los cambios producidos en el
mercado de trabajo de nuestro país, se usaron las bases de las ondas mayo de
1997, de 2000 y de 2003 de la encuesta puntual, y la base del primer semestre
de 2006 (1) de la encuesta continua.
Medición de
Para poder realizar un análisis empírico con las dimensiones que releva la
Encuesta Permanente de Hogares (EPH), y sólo a efectos de aproximar
estadísticamente el concepto de precariedad laboral, esta categoría será
operacionalizada tomando en cuenta dos dimensiones: la no realización de los
aportes jubilatorios por parte del empleador y/o poseer un contrato de trabajo
con una duración determinada. Estas variables fueron elegidas ya que a nuestro
parecer reflejan la inestabilidad e incertidumbre que genera la precariedad
laboral de mejor manera que las otras variables que releva la encuesta para
caracterizar la situación del empleo. Además, debido al cambio metodológico que
se produjo en la encuesta en el 2003, tomamos estas dimensiones para poder
realizar una continuidad en la medición de dicho fenómeno en el período
1997-2006.
No obstante, como concluimos en el capítulo primero, la precariedad laboral
se presenta a través de aspectos económicos, aspectos sociales y aspectos
jurídicos que se complementan y confluyen en un proceso dinámico.
Las dos dimensiones tomadas no son excluyentes entre sí ya que el
trabajador puede estar debidamente registrado (poseer aportes jubilatorios) y
poseer un contrato de trabajo por tiempo determinado; o, no estar registrado y
poseer un trabajo por tiempo indeterminado, o tener ambas condiciones laborales
(no poseer aportes jubilatorios y tener un contrato por tiempo determinado). Se
tomarán a los asalariados como universo para observar la precariedad, ya que el
modo del contrato deriva de la relación entablada entre los trabajadores y sus
empleadores, estableciéndose de este modo una relación de dependencia entre
ellos. Esto permite distinguirlos de los trabajadores que no son empleados,
como los trabajadores por cuenta propia, ya que su inestabilidad proviene de
las características de su actividad económica; o los trabajadores en negro, que
remiten a “un conjunto heterogéneo de actividades productivas con un modo
particular de acumulación, donde lo que se busca es caracterizar la unidad productiva,
y no el puesto de trabajo ni las personas que en él se desempeñan” (Labrunée M.
Eugenia, y Gallo Marcos E., 2005).
Comportamiento de
Aquí analizaremos el comportamiento de los empleos precarios en el período
que va de 1997 al 2006, con subperíodos de tres años pasando por los años 2000
y 2003, y tomaremos las variables elegidas para caracterizar la precariedad
laboral estadísticamente, por separado para ver su comportamiento individual.
Luego cruzaremos la precariedad laboral asalariada con distintas dimensiones
sociodemográficas para observar la relación entre ellas y de esta manera
conocer sobre qué grupos de asalariados precarios resultó más intenso el
deterioro de las condiciones laborales.
Empleos precarios
En el Gráfico 1 y Cuadro 1, se observa claramente cómo durante el período
que va de 1997 al 2006 fue aumentando la cantidad de empleos precarios (2) En
1997, los asalariados con empleos precarios de todo el país alcanzaban un
40,8%. En ese momento se comenzaba a percibir los efectos de la reforma
estructural neoliberal implementada a principios de los noventa y mantenida en
la segunda etapa del mismo gobierno, y sus consecuencias en el mercado de
trabajo, comenzando un período de recesión en 1998. Hacia el año 2000, la
cantidad de empleos precarios disminuye muy levemente, llegando a un 40,5%.
En el año 2001 se desencadena una crisis política, social y económica en
nuestro país que produce una serie de distintos gobiernos de corto tiempo, y
prolonga y profundiza el período de recesión, iniciado en 1998, hasta el año
2003, donde asume un nuevo gobierno. Es entre el año 2000 y el 2003 donde se
produce el aumento significativo del número de empleos precarios, que ascienden
a un 46,8% en todo el país en el 2003. Luego de la recesión vinieron los años
de crecimiento económico hasta nuestros días observando que en el primer
semestre de 2006, la precariedad laboral asalariada llega a un 46,5%. Es decir,
que casi la mitad de la población asalariada del país posee un empleo precario.
De esta manera, haciendo un análisis de los años transcurridos, se observa que
en los momentos de crisis, recesión o crecimiento económico en nuestro país,
los empleos precarios siguen presentes y en altos valores. Más allá del momento
que esté transitando la economía argentina (sea de recesión o de crecimiento),
la precariedad laboral asalariada se mantiene en el tiempo con altos niveles.
Gráfico 1
Evolución de Asalariados con Empleos Precarios (%)

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 1
Asalariados con Empleos Precarios (%)
|
|
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Empleos Precarios Asalariados |
40,8 % |
40,5 % |
46,8 % |
46,5 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
De esta manera, la precariedad laboral se instala como algo fuertemente
característico del mercado de trabajo actual en nuestro país, coexistiendo con
las demás formas de empleo, considerando tal fenómeno como la forma que asume
en el capitalismo el trabajo asalariado a comienzos del siglo XXI.
Sin aportes jubilatorios y
contrato de trabajo temporario
Con respecto a las dos dimensiones que tomamos para caracterizar la
precariedad laboral en función de medirla estadísticamente, realizamos un
análisis empírico por separado de cada una de ellas para ver su comportamiento
en el tiempo.
Durante el período 1997-2006 (Gráfico 2 y Cuadro 2) se observa un aumento
de los asalariados sin aportes jubilatorios, alcanzando en el 2006 un 44,3%,
creciendo 7 puntos porcentuales en el transcurso de esos años.
Gráfico 2
Porcentaje de Asalariados sin aportes jubilatorios

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 2
Asalariados sin aportes jubilatorios (%)
|
|
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Empleo sin descuento jubilatorio |
37,3 % |
38 % |
44,8 % |
44,3 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de la EPH-INDEC.
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
En relación con la otra dimensión, los asalariados con contrato de trabajo
temporario (inestables) disminuyen en dicho período (Gráfico 3 y Cuadro 3).
Mientras que 1997 presenta un 17,6% de asalariados inestables con un pico en el
2003 de 21,3%, en el 2006 éstos son del 13,4%. Beccaria y Serino (2001)
manifiestan que se debe considerar que la EPH enfrenta dificultades para
identificar tales tipos de contratos. Además, hay que tener en cuenta que
algunos asalariados consideran permanente su empleo por la continuidad que
poseen en su lugar de trabajo, aunque tengan un contrato de trabajo temporario.
Por lo tanto, puede estar subestimada la amplitud de estos contratos
temporarios.
En ambos casos, se produce el salto hacia arriba entre el año 2000 y 2003,
período en que se produjo la crisis económica, política y social del 2001 y la
posterior devaluación en el 2002, lo que prolongó el período de recesión hasta
el 2003, donde comenzó una época de crecimiento económico, lo que podría
explicar la baja que se produce del 2003 al 2006 en las dos dimensiones
analizadas.
De esta manera, durante el período 1997-2006 se observa una mayor cantidad
de asalariados sin aportes jubilatorios que asalariados con contrato de trabajo
de duración determinada.
Gráfico 3
Porcentaje de Asalariados con contrato de trabajo
temporario

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 3
Asalariados con contrato de trabajo temporario (%)
|
|
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Empleo Inestable |
17,6 % |
14,7 % |
21,3 % |
13,4 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de la EPH-INDEC.
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Asalariados con empleos precarios
según características sociodemográficas
A continuación analizamos la incidencia de la precariedad laboral en
distintos grupos sociodemográficos a fin de analizar su incidencia diferencial
entre los mismos.
Asalariados precarios y su
ubicación regional
Durante el período 1997-2006 se observa un
aumento de los empleos precarios en todas las regiones (3) de nuestro país
(Gráfico 4 y Cuadro 4), exceptuando la región Patagónica que disminuyó 2, 2
puntos porcentuales (de 31,8% en 1997 a 29,6% en el 2006).
El período entre el año 2000 y 2003 nos muestra en todas las regiones un
aumento de los empleos precarios. Luego del 2003, aunque comenzara un período
de crecimiento económico, la precariedad laboral aumenta en todas las regiones,
menos en la región Patagónica, como dijimos anteriormente.
La región donde se produjo un mayor aumento de la
precariedad laboral asalariada a lo largo del período fue en la región Nordeste
con unos 8,7 puntos porcentuales (de 42,5% en 1997 a 51,2% en el 2006),
superando el crecimiento de los empleos precarios a nivel nacional del 5,7% en
el mismo período.
En cuanto a la zona más afectada con esta
problemática se encuentra la región Noroeste ya que en 1997 tenía un 47,4% de
empleos precarios, llegando al 2006 con un 54,2% de ellos, siendo la región con
más asalariados precarios del país.
Estos datos nos demuestran que el sector norte de
nuestro país es la zona más perjudicada en cuanto al aumento de empleos
precarios.
Gráfico 4
Porcentaje de Asalariados precarios por región

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 4
Asalariados precarios por región (%)
|
|
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Región Nordeste |
42,5 % |
44,8 % |
54,3 % |
51,2 % |
|
Región Noroeste |
47,4 % |
47,5 % |
53,2 % |
54,2 % |
|
Región Pampeana |
38,8 % |
38,2 % |
45,3 % |
45,6 % |
|
Región Patagónica |
31,8 % |
31,3 % |
37,2 % |
29,6 % |
|
Región Cuyo |
42,4 % |
44,6 % |
46,4 % |
47,9 % |
|
Región GBA |
40,7 % |
40 % |
44,5 % |
46,1 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de la EPH-INDEC.
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Asalariados con
empleos precarios según el sexo
En relación con la distribución de los
asalariados precarios según el género (Gráfico 5 y Cuadro 5), observamos que en
el transcurso del período 1997-2006 disminuyen los empleos precarios para los
varones y aumentan los empleos precarios para las mujeres, produciendo una
paridad entre ambos al final del período con un 50, 1% para los primeros y un
49,9% para las segundas. Este crecimiento en los empleos precarios para las
mujeres, puede deberse a su incorporación progresiva al mercado de trabajo en
dicho período, lo que implicaría que la mujer tiende a insertarse al mercado
laboral de una forma precaria.
Gráfico 5
Porcentaje de
Asalariados con empleos precarios según sexo

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 5
Asalariados con
empleos precarios según sexo (%)
|
Sexo |
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Varón |
60,5 % |
54 % |
49,3 % |
50,1 % |
|
Mujer |
39,5 % |
46 % |
51,7 % |
49,9 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de la EPH-INDEC.
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Asalariados con
empleos precarios según la posición del hogar
Por su parte, respecto a la estructura del empleo
según la posición que ocupan los individuos en el hogar (Gráfico 6 y Cuadro 6),
se observa que el 38,5% de los asalariados jefes de hogar tenía un empleo
precario en 1997. La proporción de precarios entre los jefes de hogar fue
aumentando a lo largo del período hasta alcanzar el 39,2% en el 2006,
implicando un crecimiento de la prevalencia de la precariedad mayor que entre
los no jefes. Estos últimos a lo largo del período 1997-2006 disminuyeron un
0,7 puntos porcentuales, pasando de un 61,5% a un 60,8% al final del período,
no obstante siguen siendo los asalariados no jefes de hogar aquellos que tienen
mayor precariedad en sus empleos. Lo que significa que al incorporarse al
mercado de trabajo para sumar aportes al hogar, su inserción se realiza de una
forma precaria.
Gráfico 6
Porcentaje de
Asalariados con empleos precarios según posición en el hogar

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 6
Asalariados con
empleos precarios según posición en el hogar (%)
|
Condición del
Hogar |
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Jefe |
38,5 % |
39,2 % |
41,1 % |
39,2 % |
|
No Jefe |
61,5 % |
60,8 % |
58,9 % |
60,8 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Nivel educativo alcanzado por los asalariados con empleos
precarios
En relación con el nivel de educación alcanzado de los asalariados con empleos
precarios en el período 1997-2006 (Gráfico 7 y Cuadro 7), podemos observar que
en el año 1997 la precariedad afectaba a un 37,7% y a un 40,5% de los
asalariados que finalizaron la educación primaria y la secundaria
respectivamente, incidencia que sólo alcanzaba al 21,8% de aquellos que habían
terminado el nivel superior o universitario. Al final del período, se evidencia
un aumento de la precariedad en los asalariados con niveles primario (37,9%) y
secundario (43,6%) completos y una leve disminución de aquellos que terminaron
la educación superior o universitaria de 1,4 puntos porcentuales (20,4%).
De esta manera, se podría expresar que el mercado de trabajo a lo largo de
dicho período, se hizo más exigente en relación con el nivel educativo alcanzado
por los trabajadores como medio para conseguir un empleo más estable, ya que
los trabajadores precarios con nivel primario y secundario presentan un aumento
entre 1997 y 2006.
Así, la precariedad afectó en mayor medida a lo largo del período a los asalariados
con menor instrucción recibida. Mientras que los asalariados con mayor
instrucción se vieron menos afectados por la precariedad en sus empleos.
Gráfico 7
Porcentaje de Asalariados con empleos precarios según
nivel educativo terminado

Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 7
Asalariados con empleos precarios según nivel educativo
completo (%)
|
Nivel Educativo alcanzado |
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
Primario Completa |
37,7 % |
39,7 % |
38,5 % |
37,9 % |
|
Secundario Completo |
40,5 % |
39,1 % |
40,7 % |
43,6 % |
|
Superior y
Universitario completo |
21,8 % |
20,3 % |
20 % |
20,4 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Asalariados precarios según su
edad
Al analizar la precariedad laboral con la edad de los trabajadores
asalariados a lo largo del período 1997-2006 (Gráfico 8 y Cuadro 8), podemos observar
que el aumento de la incidencia de la precariedad laboral fue generalizado
entre los diferentes grupos etarios, aunque sólo en los más jóvenes disminuyó
(29,1 % en 1997 a 23,7% en 2006). El mayor crecimiento fue entre los jóvenes de
A partir del 2003, año en que comienza una etapa de crecimiento económico,
previo período de recesión, la precariedad laboral hacia el 2006 disminuye una
mínima proporción en los más jóvenes hasta el grupo de 45 años, mientras que en
las franjas etarias restantes se produce un aumento, siendo en el grupo de más
de 55 años muy significativo, de 2,5 puntos porcentuales.
No obstante, la presencia de precariedad laboral resulta más elevada en el
2006 entre los trabajadores asalariados más jóvenes, de 18 a 24 años (23,7%),
los jóvenes de
Gráfico 8
Porcentaje de Asalariados precarios según franja etaria

Fuente: Elaboración propia sobre bases de la EPH-INDEC.
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
Cuadro 8
Asalariados precarios según franja etaria (%)
|
Edad |
1997 |
2000 |
2003 |
2006 |
|
|
29,1 % |
27,3 % |
24,4 % |
23,7 % |
|
|
29,5 % |
30 % |
32,3 % |
31,5 % |
|
36 a 45 |
18 % |
19,3 % |
20,2 % |
19,1 % |
|
|
14,3 % |
14,3 % |
14,7 % |
14,9 % |
|
Más de 55 |
9,1 % |
9,1 % |
8,4 % |
10,9 % |
Fuente: Elaboración
propia sobre bases de
(Ondas mayo 1997,
2000, 2003 y primer semestre 2006)
En síntesis, esta descripción de la precariedad laboral relacionada con
distintas características sociodemográficas nos muestra que los trabajadores
más afectados por este fenómeno a lo largo del período analizado (1997 al 2006) son los de menor instrucción, los no jefes de
hogar, los jóvenes de
Reflexiones Finales
De las páginas precedentes se desprende, al
realizar el análisis empírico a través de la Encuesta Permanente de Hogares del
INDEC en el período 1997-2006 en el ámbito nacional, una evolución creciente en
la incidencia de la precariedad, llegando en el 2006 a 46,5%, lo que significa
que casi la mitad de la población asalariada posee un empleo precario.
Esta evolución creciente nos demuestra que más
allá del momento que esté transitando la economía argentina, sea de recesión o
crecimiento, la precariedad laboral asalariada se mantiene en transcurso de los
años. La implementación a principios de los noventa de la reforma estructural
neoliberal para cambiar el régimen de acumulación en nuestro país, produjo
efectos negativos a largo plazo en el mercado de trabajo, a través de la
reforma laboral.
De esta forma, a pesar de los cambios políticos y
económicos, la precariedad laboral sigue presente con altos valores,
estableciendo así una continuidad en cuanto al comportamiento que se venía
produciendo en el mercado de trabajo en los noventa.
Así, la precariedad laboral se ha instalado como
un fenómeno fuertemente característico del mercado de trabajo actual de nuestro
país, generando inestabilidad e incertidumbre en el presente y el futuro de la
vida cotidiana de muchos trabajadores asalariados.
Notas
(1) El primer relevamiento de la EPH continua se realizó a partir del
segundo semestre de 2003.
(2) Los empleos precarios (asalariados sin descuentos jubilatorios y/o con
contrato de trabajo temporario) antes de este período llegaban en
(3) Región Cuyo: San Luis, San Juan, Mendoza; región Nordeste: Jujuy,
Salta, Tucumán,
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