TENSIONES BUROCRÁTICAS
DE UNA DIRECCIÓN SINDICAL
EN LA ÉPOCA DE LA
RESISTENCIA: LA CGT PLATENSE ENTRE 1957 Y 1959
Universidad Nacional
de La Plata (Argentina)
Resumen
Muchos de los estudios existentes sobre la acción sindical y
política de la clase trabajadora argentina redujeron su historia al devenir
organizativo y político de la CGT (Confederación General del Trabajo) a nivel
nacional. Sin embargo, hace ya algunas décadas se viene extendiendo la idea de
realizar abordajes más amplios de la clase obrera, y no reducirla a sus
direcciones. Entonces tomar nuevamente a la dirección sindical es un desafío
para pensar de qué hablamos cuando utilizamos conceptos como burocracia sindical.
La propuesta de este trabajo es indagar sobre ciertas
dinámicas de la dirección sindical de la central trabajadora platense. Tanto
mirando a su interior como hacia aspectos de su relación con la dirección
nacional de la CGT, se verá cómo entran en juego lógicas económicas, políticas
y corporativas. Aquí encontraremos estas fuerzas en una tensión constante donde
las tendencias burocráticas, que implican la predominancia del aparato sobre la
expresión de otros intereses, presionan pero no se terminan de asentar, al
menos durante el período tratado.
Palabras
clave: movimiento obrero – lógicas sindicales – burocracia
Muchos de los
estudios existentes sobre la acción sindical y política de la clase trabajadora
argentina redujeron su historia al devenir organizativo y político de la CGT
(Confederación General del Trabajo) a nivel nacional. Sin embargo, hace ya
algunas décadas se viene extendiendo la idea de realizar abordajes más amplios
de la clase obrera, y no reducirla a sus direcciones. Entonces tomar nuevamente
a la dirección sindical es un desafío para pensar de qué hablamos cuando
utilizamos conceptos como burocracia
sindical.
La propuesta de
este trabajo es indagar sobre ciertas dinámicas de la dirección sindical de la
central trabajadora platense. Tanto mirando a su interior como hacia aspectos
de su relación con la dirección nacional de la CGT, se verá cómo entran en
juego lógicas económicas, políticas y corporativas. Aquí encontraremos estas
fuerzas en una tensión constante donde las tendencias burocráticas, que
implican la predominancia del aparato sobre la expresión de otros intereses,
presionan pero no se terminan de asentar, al menos durante el período tratado.
El lugar para un
registro de la manifestación de estos fenómenos será el de los plenarios de la
CGT local, a través de la utilización de fuentes de reciente aparición pública,
que corresponden a los primeros años de la reorganización de la central
trabajadora local luego de la intervención que sufrió por parte de la
Revolución Libertadora de 1955.
En esos plenarios
podremos reconocer que cuando se habla de burocracia sindical, lo que
comúnmente se aprecia como homogéneo no lo es tanto: ya el hecho de tener que
funcionar ‘democratizadamente’ en forma plenaria puede a veces generar
paradojas. Internas entre dirigentes, por ejemplo, pueden viabilizar demandas
de las bases o ir en contra de movimientos de centralización institucional. Dar
crédito a estas cuestiones no tiene por qué conducir nuevamente a un
reduccionismo, donde la clase queda subsumida en el acontecer marcado por las
direcciones sindicales, sino que pueden servir para saber cómo se dan en la
realidad los procesos de luchas de los asalariados.
El devenir de la
CGT local estuvo signado por diversas características de la región de La Plata,
Berisso y Ensenada. Habría que recordar que para este
período las tres localidades, comprendidas en un radio de aproximadamente 15
kilómetros, tenían cada una rasgos propios muy marcados y conformaban el cuarto
conglomerado poblacional del país. Berisso era un
calidoscopio étnico hecho comunidad obrera por la otrora floreciente industria
frigorífica, pero que comienza a despedazarse en los 60. Ensenada es sede en
esos años de un polo petrolero-petroquímico ejemplo de las ‘nuevas’ industrias
y de un astillero pujante. La Plata, una ciudad universitaria y comercial, que
además contaba con la presencia de algunos grandes centros laborales industriales
y de servicios, como de importantes talleres ferroviarios. Esto acompañado de
una dimensión que agregó complejidad a la zona: su condición de sede tanto del
gobierno provincial como de federaciones sindicales bonaerenses, sumaba así un
plus de conflictividad proveniente de la escala regional.
Los plenarios de la CGT
El punto de
observación para caracterizar la dinámica de la CGT será la información
policial existente sobre varios de los plenarios realizados entre 1957 y 1959.
Los plenarios estaban conformados por el secretariado local elegido y
secretarios generales de los gremios que formaban parte de la confederación,
aunque en algunas ocasiones también participaban otros delegados gremiales.
La documentación
forma parte del expediente que construyó la SIPBA
(Secretaría de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires) sobre la CGT local a
partir de 1957. Es un legajo –el número 137– que está dividido en tres tomos y
es bastante atípico si se lo compara con otros expedientes gremiales. En estos
últimos, la proporción de material de origen obrero (volantes, panfletos,
boletines, periódicos, boletas electorales, etc.) es mucho mayor, ya que aquí
abundan los informes policiales. Principalmente sobre reuniones plenarias, en
menor medida de otras actividades: actos, charlas, etc. A veces se encuentran
interesantes relatos de la amplia y conflictiva relación de la CGT con la
Iglesia o del sorprendente apoyo a la Revolución Cubana en 1962.
Estas fuentes son
bastante especiales e imponen el desafío de cómo utilizarlas. Aquí se las
trabajará, cuidando de diferenciar lo que es un hecho consumado, es decir las
decisiones efectivamente tomadas, de lo que es la ‘apreciación’ policial sobre
las mismas. A esto es posible sumar el problema de la parcialización
del mismo hecho consumado: en un plenario hablan X cantidad de personas, y no
sabemos si otras lo hacen o no. Y siempre existirá el enigma de si el
informante estuvo presente en el plenario, y si es así, en calidad de qué.
Comenzaremos el
recorrido por el 19 de agosto de 1957, cuando el interventor de la CGT convoca
a un plenario de gremios para normalizarla, que se realiza en el local del
Sindicato de Empleados por Reunión del Hipódromo. Los asistentes discutieron
arduamente acerca de varias acreditaciones, de si seguir o no una agenda
marcada por un funcionario “extra-sindical”, y sobre la composición del nuevo
organismo, y se acordó adoptar la forma de gobierno que se venía ya
implementando en otras zonas. El declararse ‘delegación’, es decir, ser una
filial de la CGT central y no una seccional, resultó una decisión “que fue
estruendosamente aplaudida por la barra y por la mayoría de los asambleístas”
(1). Los delegados del plenario eran 120 y en la barra había unas 100 personas.
Por votación nominal, se eligió la única lista propuesta (completa), que estaba
formada por sindicalistas de los frigoríficos Armour y Swift, SUPE (petroleros del Estado), Construcción
y Panaderos, conformando los
cinco delegados o secretarios de la comisión directiva. Al día siguiente, en la
entrega de la entidad al recién electo delegado local y sus colaboradores, no
sólo fueron ovacionados todos ellos sino también el interventor, por haber
cedido gentilmente a la moción de adelantar una semana el proceso. Al cabo de
un mes, los representantes elegidos hablaron en un acto público realizado en el
local de la flamante CGT, frente a 600 personas.
El plenario
siguiente, del 24 de septiembre, muestra ya a las claras una CGT atravesada por
la conflictividad que provocaba la política laboral de la Revolución
Libertadora. Así, expectante de la resolución de un paro general a lanzar por
la CGT de la Capital Federal, encontramos a la delegación regional haciéndose
eco de los conflictos vividos por los gremios de los telefónicos y los
telegrafistas, que ya venían siendo apoyados a nivel local a través de paros
progresivos en solidaridad. Al día siguiente y confirmado el paro nacional para
el día 27, un nuevo plenario de 41 secretarios generales se apresta a su organización
esperando una posible represión posterior: “Debemos ser o no ser en esta
emergencia” (2). Si bien este paro encontraba sus razones inmediatas en la
detención de cientos de trabajadores telefónicos que se habían plegado a la
huelga de su gremio, en varios de los discursos de los asistentes también se
expresó un fuerte rechazo a aceptar mecanismos de aumento salarial vinculado a
un incremento de la productividad. Esta cuestión, comienza a ser una disputa
constante entre los trabajadores y los patrones en el período. En el marco de
la preparación del paro se plantearon dos cuestiones, la de la necesidad de
asegurar la disciplina necesaria para llevar adelante la medida y la creación
de subcomisiones que sirvan como reemplazo a la dirección de la central en el
caso de que los actuales dirigentes sean encarcelados. La disposición a la
lucha fue acompañada de un rechazo a los gremios de bancarios y comercio, que
como parte de la corriente de los “sindicalistas libres” no adherían a las medidas
de fuerza.
La continuidad de
los conflictos, acercándose el final de 1957, sigue repercutiendo en la CGT
local. En el plenario del 25 de noviembre, se trataron los conflictos de los
gremios SUPA (portuarios de Ensenada) que se oponían
a los esquemas de incentivos, y de Lecheros, de FOETRA
(telefónicos de la fábrica Siemens), de los empleados del Jockey Club de la
Provincia y del FONIVA (federación del vestido) que
dieron como resultado decenas de cesanteados. Esta situación, de no ser
revertida en el corto plazo, llevaría a una huelga, nuevamente en solidaridad,
de toda la regional. Paralelamente a la intervención en estos episodios, la
regional dispone la creación de nuevas dependencias, entre ellas la
Subsecretaría de Cultura, Prensa y Difusión que tendrá una profusa actividad de
comunicación pública durante el año 1958. También se designa a un conjunto de
asesores letrados orientados a tomar los casos cada vez más frecuentes de
detenciones y despidos de trabajadores, comenzando por la libertad de un obrero
petrolero preso durante varios meses por participar en una huelga del SUPE
local. Por otra parte, se decide la puesta en marcha una serie de “Cursos de
Capacitación Sindical” sobre sociología del trabajo, legislación, economía,
conducción, organización, e historia sindical. Estos cursos, dictados por
profesores y profesionales, convocan a más de 400 asistentes en su lanzamiento
durante el mes de abril de 1958.
Ya en marcha el
gobierno de Arturo Frondizi, en el plenario del 15 de julio de 1958, además de
un pedido de derogación del Estatuto del Empleado Público, se trataron dos temas de trascendencia. El primero se relacionó
con la designación del Delegado Regional del Departamento de Trabajo
Provincial, que el gobierno optó por dejar en manos de la CGT platense. Este
tema provocó un debate interno no por la propuesta en sí, sino por la forma en
que había sido resuelto, ya que la decisión de que el cargo sea ocupado por un
trabajador del Frigorífico Armour se había realizado
sobre la base de una consulta limitada a algunos gremios. El delegado del
sindicato de Pintores, de filiación comunista, criticó el procedimiento que
creía debía ser realizado en el marco de un plenario. Se le respondió que “debido
al poco tiempo que restaba para efectuar tal nombramiento, era imposible su
convocación” (sic) (3) y puesto el tema a votación, se aprobó la designación
por mayoría. La segunda cuestión se trató de la normalización del movimiento
obrero, cuestión relacionada con la sanción de la Ley de Asociaciones Profesionales
prometida por el gobierno desarrollista. Además de resolver un ‘estado de
alerta’ en toda la regional, se aprobó adherir a la postura tomada por las 62
Organizaciones a nivel nacional de presionar para que el poder legislativo
ponga en vigencia de inmediato la dicha ley. Esto no hizo más que confirmar la
creciente hegemonía que venía desplegando en estos tiempos dicho nucleamiento sindical en la delegación local de la CGT.
A partir de estos
momentos, se comienza a notar una llamativa merma en la cantidad de gremios que
asisten a los plenarios: durante años su número superó por poco la veintena de
concurrentes. Simultáneamente, empieza a manifestarse una grieta en el clima
homogéneo existente el año anterior. El plenario del 5 de agosto fue el escenario
de un enfrentamiento entre la lógica corporativa (en términos de construcción
de una organización para actuar) y la lógica económica (en términos de
valorizar la fuerza de trabajo). Allí se impone la moción de los gremios
conductores de la regional, que apunta a la reincorporación del secretario de
Empleados del Jockey Club y la secretaria del gremio del Vidrio, sobre la de
Pintores, SOEME (obreros y empleados del Ministerio
de Educación) y UPCN (personal civil del estado) que
bregaban por aumentos salariales y contra los despidos que se estaban
produciendo en el frigorífico Armour. Inclusive, y en
consonancia con la dirección, el mismo “representante de Armour manifestó que el problema de los despidos estaba
abocado a la Federación de la Carne” (sic) (4),
buscando con esto sacar del ámbito de la CGT la problemática de aquel
conflicto.
A fines de
septiembre de 1958, la CGT platense se pone en acción nuevamente y el 1º de
octubre es sede de un encuentro provincial de delegaciones, a la que asisten
los representantes de Avellaneda, San Martín, La Matanza, Trenque Lauquen,
Quilmes y Azul, y un delegado de la 62 Organizaciones, nucleamiento
que en esos momentos estaba organizando un paro general para el día 10. Para la
misma jornada, se había programado un acto público en contra de la “carestía de
la vida” en las calles 7 y 49 del centro de la ciudad, que fue prohibido por el
gobierno provincial. En vista de ello, los dirigentes resolvieron llevarlo a
cabo de todas maneras, pero frente al local de la CGT, sito en 51 entre 3 y 4.
Luego de finalizado, una improvisada marcha de los asistentes –alrededor de
2000 personas– fue reprimida por la caballería policial en la Plaza San Martín.
Los movimientos aquí señalados respondieron básicamente al inicio de las
protestas, luego de agotarse el compás de espera con el que contó el gobierno
nacional para conceder las promesas realizadas, que habían sido la base del
apoyo electoral dado por los sindicatos. Se comienza a percibir también en
estos momentos una articulación de la CGT con otros sectores sociales,
concretamente con el estudiantado universitario. En el marco de la discusión y
movilización contra la reglamentación de la ley 6403, que permitía el
reconocimiento oficial y subsidio a la enseñanza privada, organizaciones estudiantiles
fueron habilitadas a participar de los plenarios locales y lograron el apoyo de
la central en este tema candente. Los estudiantes en la sesión del Consejo
Superior de la Universidad del 1 de octubre, devolvieron el gesto mocionando
que la institución brinde sus jardines para el acto prohibido por el gobierno, “lo
que dio origen a un gran debate que culminó en un serio desorden” (5).
En el plenario de
mediados de octubre de 1958, donde se evaluó el paro del día 10 antes
mencionado, se pueden observar las fricciones que existían en torno al tema de
la disciplina gremial, un tema caro a quienes intentaban reorganizar el
movimiento obrero en esos momentos. El representante de SUPE (flota) solicitó
informes a los gremios sobre la adhesión al mismo –ya que al parecer no fue
totalmente homogénea–, centrándose en lo sucedido en el gremio de tranviarios
automotor, causada por desinteligencias entre el sindicato nacional y el local,
que finalmente se plegó a la medida. Como respuesta a dicho planteo, el representante
del Sindicato de Prensa rebatió: “…cada sindicato
tiene que vivir la realidad de los hechos que ocurre en cada zona de su
jurisdicción, por lo cual refutaba los conceptos expresados poco antes de que
en situaciones como la reciente las organizaciones se debían a las autoridades
Federativas, expresando que su gremio, no obstante que la organización nacional
dispuso adherirse al paro simbólicamente, aquí se cumplió totalmente habiendo
llegado el caso de que el paro afectó por 48 horas…”.
(6) También el delegado de los trabajadores gráficos “manifestó que no obstante
que la Central no se había adherido al paro, en el orden local se cumplió
totalmente”. Ambos sindicatos estaban afectados por la cadena de despidos que
estaba llevando adelante la empresa periodística APA, mostrando con esto las
fricciones que solían aparecer entre los niveles de dirección sindical, que
inducen a pensar en un tratamiento más complejo que el habitual cuando se habla en términos genéricos
de ‘burocracia sindical’.
Llegando a fines de
1958, los plenarios no sólo reflejan la situación económica y laboral reinante:
continuidad de las cesantías en varios sectores, la no liberación de
trabajadores detenidos y el debate en torno a los contratos petroleros. En lo
que hace a la trama política y organizativa interna del movimiento obrero, se
pueden identificar dos puntos importantes. Uno, la total aprobación de los
participantes del plenario del 17 de noviembre a las 62 Organizaciones por lo
actuado en referencia a problemas que siguen sin resolverse: los convenios de
trabajo, la ley de asociaciones profesionales y la normalización de la CGT
nacional. Otro, el del rol de intervención que pretende la CGT no ya hacia la
problemática laboral, sino en referencia a su propio gobierno y de los
sindicatos que nuclea. En dicho plenario, la
alocución del delegado de SUPE (flota) va de la preocupación por los
trabajadores aún detenidos en las bases navales, a reclamar “por la
codificación del art. 44 de la Ley de Asociaciones
Profesionales, por cuanto evita la presencia de minorías que por ser repudiadas
sólo cumplen funciones de perturbación en los cuerpos directivo” (7). Opiniones
de este tenor, que por primera vez se registran en los informes policiales de
los plenarios de la central local, pueden ser vinculadas a actos concretos que
han quedado registrados por la prensa y la policía, si bien son negados
públicamente por la dirigencia de la CGT. Un ejemplo: durante diciembre de
1958, y en el marco de las elecciones de la Federación de la Carne, renuncia
sorpresivamente uno de los veedores fiscalizadores; la lista Azul, opositora en
ese gremio, denunció que dicho episodio “se debe a presiones y amenazas de
personajes embozados pertenecientes al secretariado de la CGT local, con el
objetivo de incidir en el ánimo del mismo a favor de la lista oficialista”
(sic) (8).
El año 1959
comienza con un fuerte reclamo de las organizaciones gremiales, que fue
corporizado por las 62 Organizaciones a nivel nacional: fin de las
intervenciones sindicales, de la movilización militar en distintos gremios, de
las órdenes de captura a dirigentes y sanciones a obreros huelguistas, y de las
cesantías y despidos en masa. Durante febrero, también se realizan plenarios
nacionales en que participa la regional local, uno de las CGT del interior en
Córdoba y otro de las 62 Organizaciones en Avellaneda, espacios que aparecen
como plenamente consustanciados y que estarían indicando una vez más, una línea
político sindical de la regional encuadrada en los designios de dicha corriente
gremial. Sin embargo, al mismo tiempo se pueden seguir escuchando ciertos
ruidos en el ámbito local: en el lapso de dos meses renuncian tanto el delegado
regional, como el tesorero y el subsecretario de prensa. Tal vez, este sea un
reflejo de las divisiones que ya se estaban perfilando por estos tiempos en el
seno de las 62 Organizaciones, como señala Senén González, entre “(l)os que cooperan con la autoridad de turno, los que se
sitúan en un término medio y los que combaten abiertamente al poder estatal”
(9). Aunque esta situación no impactará en la dinámica de conflicto laboral
pues, según Carri, 1959 fue “un año de grandes luchas sindicales…
la República Argentina obtuvo el primer puesto en la estadística mundial de
huelgas y conflictos” (10).
Esta combinación de
lucha por la hegemonía, a la par del internismo
gremial que las 62 Organizaciones peronistas proyectan sobre la CGT local (y
nacional), provocaba efectos visibles. En el plenario del 12 de mayo de 1959,
llevado a cabo en plena constitución del Movimiento Obrero Unificado –conocido
como MOU–, se puede ver un clima de alianzas entre el
peronismo y el Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical (MUCS, de orientación comunista), plasmado en un acuerdo
sobre la adhesión al paro del 15 de agosto a través del delegado de Pintores.
Pero a continuación, también es cierto que éste resultó increpado por el
delegado del Frigorífico Swift. Otro delegado que sufrió una embestida fue el
de Panaderos, pero esta vez desde la barra. Es posible que esta particular
situación, hiciera que se relajara el esquema disciplinario ensayado en otros
momentos, ya que no se puso en discusión las particularidades y excepciones que
habrá en la adhesión al paro por parte de algunos gremios: “…Gas
del Estado ha de efectuar un paro de adhesión de 15 minutos. Personal Civil de
la Nación ha manifestado que está en todo de acuerdo con las ’62
Organizaciones’, pero decretó un paro simbólico de 1 hora por turno… Petroleros y Flota, por estar movilizados no han de
efectuar paros” (11).
Luego de los
grandes conflictos de bancarios y frigoríficos de mitad de año y en medio del
paro general del 24 de septiembre –el segundo de los dos dispuestos por el MOU desde su lanzamiento–, se realiza un plenario de
secretarios generales para analizar la continuidad de la medida de fuerza en
vista de las detenciones sufridas por trabajadores gráficos y telefónicos. En
tanto se buscaba resolver la libertad de los presos, en el plenario se
pronunciaron varios de los 26 asistentes sobre los gremios que se sumaron o no
a la medida de fuerza. Hubo felicitaciones y aplausos para la UTA (tranviarios)
local –por adherirse, a diferencia de la tibia postura tomada por el sindicato
nacional–, y también para los trabajadores estatales. En cambio, fueron
fustigados severamente la Unión Ferroviaria y La Fraternidad por haber
levantado la protesta, pidiendo el representante del sindicato de Farmacia un
repudio a sus dirigentes, “no así a la masa Ferroviaria, por tener la certeza
de que la misma no comparte tales procedimientos” (12). Dicha posición se
entiende en virtud de la pertenencia de estos gremios al sector de los ‘Independientes’,
en formación en esos momentos. Pero resulta más llamativo el pedido de
aclaración sobre la postura pública tomada por el SUPE de Ensenada, un
sindicato perteneciente a la 62 Organizaciones. Esto provocó un debate acerca
de cómo debería hacerse, ya que el delegado de SOEME propuso
que no se realice públicamente sino de manera ‘reservada’. El representante del
Swift señaló a aquellos “‘que se golpean el pecho’ pero que en las asambleas
cuidan sus posiciones personales”, y propuso que se haga un plenario de
carácter público invitando a los integrantes del SUPE, cuestión que fue
aprobada. Cerró el embate el delegado de Prensa que remarcó que “como marcamos
a fuego a los dirigentes de La Fraternidad, Unión Ferroviaria y la
Confederación General de Empleados de Comercio por su actitud desleal hacia al movimiento
obrero, debemos hacerlo con aquellos que están en esas filas” (13). Podemos ver
así como, los reacomodamientos –que advierten tanto Senén González como Cavarozzi– al interior de las 62 Organizaciones en esta
etapa durante el frondicismo, comienzan a tener cada
vez más eco en la esfera sindical local. Finalmente, el agitado plenario se cierra
con el levantamiento del paro al calor de la libertad de los trabajadores
detenidos en la jornada, un “anuncio que fue recibido por nutridos aplausos”
(14).
En este recorrido
por la historia de la CGT platense, el plenario del 17 de noviembre de 1959
representa claramente cómo llega el sindicalismo platense (al menos el
peronista y comunista) a un momento que muchos señalan como clave para la
historia contemporánea del movimiento obrero. Los años 1959 y 1960 son
considerados o de derrota, o al menos de ofensiva limitada y sostenida
conflictividad (15).
En dicho plenario –y
en torno a dos conflictos locales– se puede apreciar las prácticas
político-sindicales presentes en el seno de la central local. Si bien existen
más conflictos, los que afectan al gremio textil más bien dan un respiro de
aire fresco a los líderes de la central, ya que están encaminados a una
solución. El más complejo, y por ello en el que entran en juego las distintas
estrategias sindicales en pugna, es el de los tranviarios locales.
Su tratamiento en
el marco del plenario, poco tuvo que ver con el apoyo a la seccional local de
UTA. No estaba en duda el respaldo a los 400 cesantes, sino que la disputa fue
sobre qué le cabía a la UTA central: “Como SOYEMEP,
censurara, los 15 minutos de paro de UTA Central, los que consideró de
insuficientes para arribar a soluciones a el pleito local (…) Construcción, al
apoyar a UTA, mocionó en el sentido de que el plenario brinde todo su apoyo a
las resoluciones que por el problema adopten la UTA central y la filial local.
Taller Naval (SUPE) sugirió que se faculte al Secretariado para que se ponga en
contacto con la UTA central, a fin de hallar una solución rápida a este
espinoso problema. XXXX dijo que el Secretariado iba
abocar a esas gestiones. Pintores, dijo que, independientemente de UTA central,
la CGT local debía adoptar posiciones en defensa a esos trabajadores,
sugiriendo la realización dentro de 10 días o más de un Plenario para encontrar
medidas de lucha. Posteriormente se aprobó la moción de Construcción con relación
a este problema” (16). Se puede deducir la tensión presente entre la tendencia
a fortalecer la estructuración del movimiento obrero –hay que recordar que UTA
central estaba alineada en el bando de los Independientes que integraban el MOU– y los gremios que si bien acordaban con esta línea
organizativa, no ponían como moneda de cambio los conflictos existentes a nivel
local.
Esta permeabilidad
de los plenarios a las luchas locales, era posible por cierto clima pluralista
que aún se sostenía en el cuerpo. Un indicador de esta situación, aparte de la
posibilidad de debate tratada, se observa en la permanencia un mecanismo
participativo que hemos citado más arriba. Cuando en el plenario se trató el
punto de las cesantías que se estaban produciendo en el ámbito de Arquitectura
de la provincia, el informe policial resalta: “Se hace constar que
cuando hacía uso de la palabra el representante de Arquitectura, se encontraba
en la “BARRA” unas 30 personas
del gremio que en su mayoría eran personas conocidas por ideologías Trokistas” (sic) (17). La barra funcionaba aún como
medio de expresión de las bases (18), o al menos de activistas sindicales,
incluso politizados (por la policía).
Las tensiones
Con todo lo
registrado hasta aquí se puede afirmar la existencia de varios conflictos
cruzados que se dan tanto hacia dentro como hacia fuera de la dirección de la
central obrera local. En los años tratados, funcionan en ella un conjunto de
prácticas sindicales: a) las que se alinean con alguna fuerza política; b) las
que en la ecuación lucha económica frente a corporación ponen el peso en la
primera; c) las que subordinan lo económico y lo político al fortalecimiento
del aparato sindical; d) las que priorizan la organización nacional y central; e)
las que buscan un grado de autonomía local (19).
Entonces,
reconocida esta complejidad, el problema no sólo está en hablar de una heterogenidad de grupos, alianzas o fuerzas en punga, ya
que esto en general es una cosa evidente en instituciones de este tipo y otras.
Lo que aquí se busca rescatar es una dinámica a escala local, que corta el
resto de los conflictos. Esto aparece más claro en los años sucesivos, donde se
acumularon fallidos intentos de normalización hasta por lo menos los 70, e
incluso un cierre del local sindical por acefalía. Y una nota periodística –aparecida a
mediados de los años 60, donde aparentemente la disputa entre Vandor y Perón por el liderazgo del peronismo argentino
cortaba el escenario sindical nacional– deja rastros para continuar
explorando en esta línea: “Pese a que la crisis de la CGT local se ha
producido cuando en el ámbito del peronismo se delinea ya la posibilidad de un
enfrentamiento interno entre dos posiciones al parecer irreconciliables, la
situación plateada en los gremios de nuestra ciudad nada tendría que ver con
esa cuestión partidaria (…) Sin embargo, en el intrincado campo de la vida
interna del partido, otros parecen ser en definitiva los polos de atracción,
sin que ello signifique negar la existencia de encontrados criterios entre
Alonso y Vandor” (sic) (20).
La conflictividad
propia de la zona, es cada vez reflejada menos fielmente por la CGT (21). En los años aquí tocados, pareciera ser
que ese mismo equilibrio en tensión de fuerzas entre escalas burocráticas,
servía a la expresión de la conflictividad obrera de área platense. Sin
embargo, esto debería ser contrastado con un análisis de la situación en los
años 71-72, en los que la central normalizada y conducida por un metalúrgico,
simultáneamente no interviene de forma activa en grandes conflictos como el de
Petroquímica Sudamericana, pero sí lo hace para dinamizar la protesta social a
nivel local.
Notas
(1) Folio 22, agosto 20 de 1957.
(2) Folio 39, septiembre 25 de 1957.
(3) Folio 75, julio 15 de 1958.
(4) Folio 77, agosto 5 de 1958.
(5) Folio 90,
octubre 2 de 1958. El apoyo encontrado por los estudiantes en el plenario de la
CGT local fue la contracara de la expresión pública
que se dio en el acto del 1 de octubre. Allí, el orador final que pertenecía a la
mesa de las 62 Organizaciones planteó otra posición: “Al referirse a la
situación de la Universidad laica o libre, dijo que ello no interesaba a los
trabajadores, pero sí que querían que les dieran una Universidad justicialista
con profesores que sepan captar el sentimiento obrero” (en Folio 107, fecha
aparente 1 de octubre de 1958). Esto de
alguna manera hace ver los matices no lineales de las relaciones que se
establecían entre el ámbito local y la corriente sindical mayoritaria.
(6) Folio 102, octubre 16 de 1958.
(7) Folio 114, noviembre 17 de 1958.
(8) Folio 118, diciembre 12 de 1958.
(9) Pág. 23.
(10) Pág. 90.
([1]1)
Folio 136, mayo 12 de 1959.
([1]2)
Folio 150, septiembre 24 de 1959.
([1]3)
Folio 151, septiembre 24 de 1959.
([1]4)
Folio 152, septiembre 24 de 1959.
([1]5)
Básicamente, James y Torre sostienen lo primero y, Schneider, lo que sigue.
([1]6)
Folio 155, noviembre 17 de 1959.
([1]7)
Folio 156, noviembre 17 de 1959.
([1]8)
Schnedeir señala incluso episodios en los plenarios
de las 62 Organizaciones a nivel nacional. En el caso de la CGT platense, el
archivo de la SIPBA registra la presencia de barra
hasta entrada ya la década del 70.
([1]9)
Una idea presente en el voluminoso trabajo de Rotondaro,
pág. 365.
(20) Folio 555, junio 5 de 1965.
(21) Por ejemplo, el 65 es un año de muchos
conflictos en el marco de una CGT despedazándose.
Bibliografía
Carri, Roberto. Sindicatos y poder en la Argentina,
Buenos Aires, Editorial Sudestada, 1967.
Cavarozzi, Marcelo. Sindicatos y política en Argentina,
Cedes, Buenos Aires, 1984.
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