Tram(p)as
de la Comunicación y la Cultura
nace asumiendo un doble desafio. El primero, es abrir un espacio
que tenga por objeto hablar de la articulación comunicación/cultura
desde distintas disciplinas y reflejar las producciones y
los debates de interés para el Programa de Investigación
en Comunicación y Cultura. El segundo se relaciona
con la crisis que experimentamos: Tram(p)as
nace en un contexto sumamente crítico, donde crecen
la depredación, la injusticia social y las múltiples
pobrezas, pero a la vez emergen nuevos lazos sociales y nuevos
espacios políticos. Y también Tram(p)as
viene a constituirse en un deseo: el de retomar un camino
ya iniciado hace tiempo en la Facultad, el de la producción
colectiva, plural, conjunta de saberes y prácticas
de la comunicación.
¿Cuál
es aquí el sentido de las tram(p)as? Las trampas son
las que se hacen en la oscuridad, clandestinas, como desafío
y resistencia a un orden regular, normalmente impuesto. Las
trampas que a manera de tácticas del débil juegan
en lugares con nombres propios para recrearlos y reasignarlos,
para desnaturalizarlos. Y las tramas –las redes, los
tejidos- de la cultura son, sin duda, las que se hacen y deshacen
en los múltiples juegos de las trampas.
Acaso
hoy la resistencia, definitivamente, no alude sólo
a las prácticas culturales y a los novedosos modos
de politicidad emergentes, calificados como confusos, desordenados
o anárquicos. También la resistencia alude a
modos de pensar y comprender las transformaciones culturales
y políticas que, por un lado, recojan matricess olvidadas
de pensamiento y, por otro alienten articulaciones políticas
entre la producción académica y los intereses,
los sueños y las luchas de los sectores populares.
I
Asumimos
la “herida de la comunicación”: no hay
retorno posible a una supuesta comunicación armoniosa
o natural. Los hombres vivimos una situación de antagonismo
social que no puede ser reducido, abolido o superado. Para
poder estar en “comunicación” con los otros
(tanto en la construcción dialógica como en
la vida cultural y polítca), lo único que podemos
hacer es aceptar plenamente esa fisura, esa hendidura, ese
traumatismo, ese estructural desarraigo, reconociendo la imposibilidad
de su abolición. Todas las demás soluciones
(sea la ilusión de una posible armonía comunicacional,
presente en la comunicación intersubjetiva, o la idea
de una red global de comunicación) son trayectos directos
a diversas formas de “guerra” contra la confusión,
la opacidad, la ineficacia o, en una palabra, el conflicto.
Una “guerra” que suele ser, además guerra
contra la cultura popular y contra los sectores populares
que están inmersos e invierten en ella. Esa “guerra”
ha sido históricamente la “razón”
originaria de distintas formas de totalitarismo, de iluminismo,
de etnocentrismo o de fragmentación particularista.
Nos
situamos en esa zona: la que reconoce a la comunicación/cultura
como un campo donde se libran distintas luchas por el significado
de la experiencia, de la vida y del mundo. Una lucha no sólo
simbólica, sino también concretamente sociopolítica.
Y nos ubicamos allí sin cerrar prematuramente el sentido
de un proyecto que vuelva a conectar los estudios culturales
de la comunicación con los procesos de contestación,
de impugnación y de movilización social y política.
Los lectores, nunca aislados ni inaugurales ni individuales,
evaluarán este proyecto desde lo que se comunica, lo
que se pone en común en la escritura (que tampoco es
aislada ni inaugural ni inidividual). Compartimos, lectores
y escritores, una comunidad de significación que sólo
nos hará sujetos en la medida en que podamos hacer,
juntos, experiencias de transformación o resistencia;
experiencias más colectivas de clandestinidad: de contestación
e impugnación de un “orden de discurso”
que nos arroja hacia zonas de oscuridad, de invisibilidad,
de pánico moral.
II
Tram(p)as
en la comunicación y la cultura pretende ser
un espacio diverso: de publicación de desarrollos de
la investigación, de construcción y reconstrucción
teórica, epistemológica y metodológica.
Pero, a la vez, asumiendo nuestras situaciones materiales
concretas y permitiendonos construir una mirada propia. Es
decir, construyendo desde el nosotros un debate teórico
y epistemológico sobre comunicación/cultura,
profundizándolo y enriqueciéndolo permanentemente.
Cuando
hablamos de una “mirada propia” nos referimos,
en principio, a la voluntad de desenvolver un pensamiento
crítico acerca de comunicación y cultura, haciéndonos
capaces de:
-
Desnaturalizar discursos e imaginarios hegemónicos,
reconociendo la producción de sujetos en ellos, interpelados
por ellos en esa construcción de hegemonía;
-
des-inocentar el lenguaje de los estudios culturales situándolos
en el contexto material-histórico de las culturas populares
latinoamericanas y asumiendo las tradiciones latinoamericanas
en ese sentido;
-
articular los desarrollos teóricos con una perspectiva
crítica y liberadora, lo que implica retomar una perspectiva
sobre el poder, la ideología y la hegemonía;
-
alentar una apropiación desde el nosotros político-social,
de los referentes de la filosofía y la teoría
social, cultural, política, psicoanalítica,
literaria, pedagógica, etc;
-
devolver articulación a aquello que en cirtos estudios
culturales de comunicación ha sido desconectado; es
decir: reconectar las biografías particulares con la
historia, y las pequeñas tácticas del hábitat
con las grandes estrategias geopolíticas.
III
Nuestra
propuesta tiene como uno de sus propositos fundamentales la
construcción de una perspectiva ético-política
de los estudios de comunicación y cultura, capaz de
dar cuenta de las condiciones culturales materiales latinoamericanas,
marcadas por un largo proceso de dominación y de lucha
por la liberación (que va de la conquista como proto-globalización,
a la globalización como tardo-conquista). De este proceso
y de aquella situación material (en especial de los
sectores populares, persistentemente oprimidos, condenados
a viejas y nuevas formas de pobreza, marginalidad y exclusión),
no alcanzan a dar cuenta los nuevos “estudios culturales”,
lo que ha contribuido a construir una mirada ingenua en el
debate sobre públicos, consumos, recepción,
formación de sujetos, comunicación en la ciudad,
culturas de la paz, diferencias culturales, comnicación
educativa, etc.
De
lo que se trata es de profundizar el desplazamiento de ejes
propuesto por el “paradigma de las mediaciones”,
desplazamiento que va de estudiar la comunicación como
proceso de dominación, a investigar la dominación
como proceso de comunicación. Y hacerlo optando por
los sectores populares, por los pobres, por los marginados,
porque reafirmamos como propósito (necesariamente provocado
y evidenciado por la crisis orgánica que vivimos) la
construcció y el logro de políticas sociales
y culturales que contribuyan a la justicia social, a la democratización,
a las nuevas formas de liberación, a la dignidad humana. |