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Cultura Popular
La
preocupación actual por lo popular se inscribe en
la necesidad de un avance imprescindible en los criterios
de consideración de los diversos fenómenos
socioculturales. Al mismo tiempo, cualquier respuesta que
se intente resulta compleja, dado que hay una profusa y
a veces contradictoria tradición de estudios sobre
el tema.
Muchas son las preguntas que podemos formularnos; frente
a ellas, se generarán diversas respuestas que permitirán
seguramente el reenvío a nuevas cuestiones. Repensar
lo popular implica, pues, la revisión y puesta en
debate de las ideas fundamentales a las que se debe atender:
los alcances del término popular, o cultura popular,
los rasgos mediante los cuales es posible su caracterización,
su grado y su forma de determinación en lo masivo,
el modo de abordaje.
Así, ya desde su definición, lo popular siempre
ha generado discusión.
El propio Stuart Hall, en un trabajo hoy clásico,
exponía ya hace años las dificultades que
entrañaba (y entraña) el propio uso del adjetivo
“popular”, y analizaba tres acepciones:
1) Propio del consumo masivo: esto lo lleva
a plantear el tema de la manipulación de las industrias
culturales capitalistas, pero simultáneamente reconoce
que las clases populares están en permanente contacto,
en el siglo XX, con las instituciones culturales de la producción
cultural dominante y que interactúan con ellas, ya
que las relaciones culturales son siempre dinámicas.
Aun en las formas de la cultura popular comercial, hay formas
de reconocimiento y de identificación.
2) Lo que el pueblo hace. Esta definición excesivamente
extensa y abarcadora, se vincula, además, con la
oposición pueblo/no del pueblo, es decir que refiere
a las tensiones entre la cultura dominante o central y la
periférica. Estas tensiones son relativas en cuanto
los contenidos de los polos opositivos cambian en cada etapa:
lo que hoy es popular puede pertenecer a la cultura culta
mañana o a la inversa . Hay un juego dinámico
de relaciones en la cultura.
Finalmente, aunque con dudas, opta por la
tercera definición:
3) Formas y actividades cuyas raíces están
en las condiciones sociales y materiales de determinadas
clases, que hayan quedado incorporadas a tradiciones y prácticas
populares. Lo cultural, entonces, aparece como una dialéctica
y como un campo en constante movimiento donde se articulan
relaciones de dominación y de subordinación.
Es la lucha de clases en la cultura y por la cultura.
Para Néstor García Canclini, tres son los
rasgos que caracterizan lo popular: la apropiación,
por parte de la subalternidad, de un capital cultural menor
en una sociedad determinada; a ello debe sumarse la elaboración
particular de la cultura que hacen los sujetos en sus prácticas
en dos ámbitos: el capitalista y el propio de la
subalternidad y, por último, el consecuente enfrentamiento
con el sector hegemónico. Así, lo popular
sólo puede definirse relacionalmente, no como una
categoría establecida a priori.
Al mismo tiempo, es un ámbito de estudio cuya complejidad
surge de los diversos cruces e hibridaciones y de la existencia
de un objeto que permanentemente se vuelve esquivo a la
investigación por su permanente evolución
y dinamismo. Dinamismo que surge,de hecho, desde la propia
concepción del ámbito de la cultura popular
como un campo de lucha en el que el capitalismo produce
un cambio al reeducar a las clases populares, al hacerlas
abandonar muchas de sus viejas prácticas y no pocos
de sus modos de vida y, en muchos casos, desdibujar sus
sistemas de creencias y de prácticas hasta el límite
de la despersonalización.. También, en estos
cambios, aparecen reelaboraciones y transformaciones.
Por otra parte, ¿desde dónde, desde qué
saberes y con qué herramientas ingresar en campo
tan complejo? ¿Cómo circunscribirlo? Y sobre
todo, ¿cómo sortear la inevitable confrontación
evaluativa y en algunos casos polarizadora, que aparece
como una traba a la hora de las caracterizaciones? Como
ha planteado Jesús Martín-Barbero, el estudio
de esta problemática consiste en intentar una reapropiación
a partir de la toma de conciencia de la desposesión
que sufren las clases populares.
Implica tener en cuenta sus nuevas condiciones de existencia
en lo masivo, sus nuevos posicionamientos frente a la cultura
culta, a la identidad nacional, su nueva vinculación
con la desterritorialización o su transterritorialización.
Queda claro, pues, que son no sólo los medios masivos,
sino anteriormente los diversos dispositivos de control
creados para disciplinar al ciudadano, para cohesionar a
los sujetos en torno de un central estado-Nación
los que producen un primer borramiento paulatino de lo popular.
En esta problemática, también nos preguntamos
por los actores populares, por sus prácticas de producción
y consumo, por sus formas de resistencia frente a lo hegemónico
y por su sobrevivencia en el propio campo y en el otro,
el oficial.
El proceso de masificación cultural producido en
el siglo XIX da lugar a otro fenómeno con respecto
a la cultura popular. Ya no designará los objetos
culturales creados por los sectores del pueblo, sino la
cultura que consumirá la masa y que implicará
la ampliación y la oficialización de distancias
entre la alta y la baja cultura lo que implica la separación
de dos modos y la consideración evaluativa de ambos.
¿Cómo estudiar hoy la cultura de masa y las
formas populares inscriptas en ella? Para Martín-Barbero
hay tres posibilidades o movimientos investigativos, tres
direcciones:
1) El análisis histórico del
proceso de lo popular a lo masivo que implica no una mera
exterioridad de lo masivo, sino una inscripción progresiva
en lo masivo de ciertos rasgos de la cultura popular.
2) En sentido inverso, investigar desde lo masivo a lo popular,
analizar los dispositivos de control y de masificación
de los cuales se vale lo masivo para desarticular y negar
conflictos a través de los cuales las clases populares
construyen su identidad. Asimismo, las mediaciones de las
que se vale la cultura masiva para recuperar lo popular.
Encontraremos así un nuevo modo de existencia de
lo popular vinculado generalmente con la oralidad: los dispositivos
vinculados con la memoria narrativa, los formas de reconocimiento
que hablan de un modo de comunicación más
directo y simple, más vital.
3) Una tercera línea pasaría por el análisis
de los usos populares de lo masivo, que nunca son homogéneos
ni uniformes, y marcan diferencias en distintos grupos.
Un análisis de lo que consumen, de las gramáticas
de recepción, de decodificación. En suma,
un abordaje desde las “tácticas”,es decir
las formas de resistencia coyunturales de los sectores populares.
Adentrarse en lo popular es pensar en identidades frente
a alteridades, es tratar de comprender, sobre todo en el
caso de la Argentina y de América Latina, cómo
logramos una unidad como nación en cada uno de los
sujetos que la constituimos desde la pluralidad y la diferencia.
Es también contemplar retrospectivamente lo que fuimos
y lo que somos, el porqué de la crisis de identidad,
la desintegración del concepto de pueblo en múltiples
fragmentos. Es repensar el concepto de comunidad e imaginar
nuevas formas que permitan avanzar hacia el conocimiento
de lo que hoy nos constituye, para posibilitar nuevos procesos
sociales que reinventen una sociedad más justa y
equitativa y que nos permita nuevamente recomponer y reconstruir
sólidamente nuestra hoy fragmentaria y desvaída
identidad.
En este número presentamos trabajos vinculados con
cuestiones teóricas generales y también con
aspectos específicos. Así, Ana María
Zubieta propone una guía orientadora y exhaustiva
para transitar la temática. Pablo Alabarces elabora
una serie de propuestas y afirmaciones teóricas sobre
la problemática de lo popular, al tiempo que manifiesta
su preocupación por el borramiento y desplazamiento
de esta problemática en el marco neoliberal actual.
El trabajo de Víctor Vich se centra, a su vez, en
la discusión de los conceptos de cultura, heterogeneidad
y diferencia. Por su parte, José Amícola elabora
una mirada teórica desde una propuesta más
particularizada, en la que analiza la imagen del varón
en las mentes femeninas de la segunda mitad del siglo XX
abordando textos que le permiten cuestionarse las posibilidades
de análisis de los usos populares a partir de una
nueva concepción de las conductas asignadas a los
sexos. Nuestro objetivo con este número es poner
sobre el tapete, una vez más, la temática
de lo popular para continuar así un diálogo
que acerque aportes genuinos a su clarificación.*
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Para la elaboración de la presente editorial se han utilizado
las siguientes fuentes bibliográficas:
- Hall, Stuart. Notas sobre la deconstrucción de “lo
popular”. En: Samuel, Ralph (ed.) Historia popular y teoría
socialista. Barcelona, Crítica, 1984.
- García Canclini, Néstor. Ideología, cultura
y poder. Buenos Aires, UBA, 1997.
- Martín-Barbero, Jesús. Cultura popular y comunicación
de masas. http//catedras.isoc.uba.ar.
--------------------------- De los medios a las mediaciones.
Comunicación, cultura y hegemonía. Santafé
de Bogotá, convenio Andrés Bello, 1985.
--------------------------- Culturas populares. En: Altamirano,
Carlos(director. Términos críticos de sociología
de la cultura. Buenos Aires, Paidós, 2002. |
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Florencia
Saintout
Jorge Huergo
Directores |
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| Indice |
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ANCLAJES
"Al
margen de una cultura marginal"
María Elena Sanucci
"El
varón andrógino y la industria cultural"
José Amícola
"La
leyenda continúa"
Pablo Alabarces
"La
cultura popular"
Ana María Zubieta
"Sobre
cultura, heterogeneidad, diferencia"
Víctor Vich
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